Hace 97 millones de años un bicho marino ya llevaba GPS (y sin cobertura)
Unos fósiles magnéticos diminutos del fondo del Atlántico Norte podrían ser la prueba más antigua de un animal que se orientaba con el campo magnético de la Tierra.

Tú te pierdes en un centro comercial con el móvil al 100 % de batería. Hace unos 97 millones de años, una criatura marina de la que no sabemos ni el nombre cruzaba el océano sin mapa, sin satélites y sin que nadie le dijera «gire a la derecha en la próxima rotonda». Y probablemente lo hacía con bastante precisión. Duele, pero es lo que sugiere un estudio de la Universidad de Cambridge sobre unos fósiles minúsculos rescatados de los sedimentos del fondo del Atlántico Norte.
La idea es que esos restos son piezas de un sistema de navegación biológico: un GPS de serie, de los de fábrica, que funcionaba leyendo el campo magnético de la Tierra.
Fósiles con forma de punta de lanza (y de bala, y de aguja)
Los protagonistas son magnetofósiles, es decir, partículas de mineral magnético que fabricó un ser vivo y que se han conservado en las rocas. Hasta aquí, nada raro: hay bacterias que fabrican pequeños imanes internos para orientarse, y sus restos son relativamente conocidos.

Lo curioso es que estos son entre 10 y 20 veces más grandes que las partículas magnéticas de esas bacterias. Aun así, ninguno supera el tamaño de una célula bacteriana, así que no esperes encontrarte uno en la playa. Y tienen formas que parecen sacadas de una armería en miniatura: puntas de lanza, husos, balas y agujas. Por eso a este tipo de restos se les suele llamar «magnetofósiles gigantes», que es un nombre estupendo para algo que no se ve sin microscopio.
Durante tiempo la gran pregunta ha sido: ¿quién los fabricaba y para qué? Porque un imán con forma de bala no aparece por casualidad.
Una tomografía magnética y un tornado dentro del fósil
Para averiguarlo, el equipo que lidera el profesor Rich Harrison, del Departamento de Ciencias de la Tierra de Cambridge, en colaboración con Claire Donnelly (Instituto Max Planck, Alemania) y Sergio Valencia (Helmholtz-Zentrum Berlin), usó una técnica nueva llamada tomografía vectorial magnética. Las mediciones se hicieron con rayos X en la instalación Diamond, cerca de Oxford.

Dicho en cristiano: en lugar de limitarse a fotografiar la forma del fósil, la técnica permite reconstruir en 3D cómo se organiza el magnetismo dentro de él. Es como pasar de mirar una brújula por fuera a ver cómo está montada por dentro.
Lo que apareció fue una estructura magnética en forma de vórtice, como un pequeño tornado. Y ese diseño no es decorativo: según los investigadores, está optimizado para detectar tanto la dirección del campo magnético terrestre como su intensidad. Esa segunda parte es clave, porque la intensidad del campo cambia de un sitio a otro del planeta y puede servir como una especie de coordenada. Con dirección más intensidad, un animal no solo sabe hacia dónde mira, sino que puede hacerse una idea de dónde está.
«Whatever creature made these magnetofossils, we now know it was most likely capable of accurate navigation» — Rich Harrison, Universidad de Cambridge
Traducido: fuera quien fuera el fabricante, lo más probable es que supiera navegar con precisión.
¿Y quién era el conductor? Sospechosos habituales
Aquí viene el giro de guion: no se sabe qué animal los produjo. El estudio deja abierto el misterio, aunque los autores apuntan a un candidato con buen currículum: las anguilas.

Las razones no son caprichosas:
- Las anguilas aparecieron hace unos 100 millones de años, así que las fechas encajan con estos fósiles.
- Se sabe que usan la magnetorrecepción, el sentido que detecta el campo magnético.
- Hacen migraciones larguísimas por el océano, justo el tipo de viaje en el que un GPS interno vale oro.
Eso sí, es una hipótesis, no una identificación. Puede que el autor de estos imanes fuera otro animal marino que todavía no hemos sabido señalar. De momento tenemos el GPS, pero no el coche.
Por qué importa
Muchísimos animales actuales, de aves a tortugas marinas, se orientan con el campo magnético, pero averiguar cuándo apareció esa capacidad es complicado porque los sentidos no fosilizan. Estos restos ofrecen una pista física de que la navegación magnética precisa podría tener al menos 97 millones de años, y la tomografía vectorial magnética abre una vía nueva para leer el «hardware» de otros fósiles parecidos. Y de paso nos deja una lección de humildad: una criatura sin nombre del Cretácico se orientaba mejor en mar abierto que muchos de nosotros buscando la salida de un aparcamiento.
Fuente: Universidad de Cambridge vía ScienceDaily. Estudio: «Magnetic vector tomography reveals giant magnetofossils are optimised for magnetointensity reception», Harrison et al., Communications Earth & Environment (2025), DOI: 10.1038/s43247-025-02721-3.
- 97-million-year-old fossils reveal the earliest known animal “GPS” — ScienceDaily (nota de la Universidad de Cambridge)
- Magnetic vector tomography reveals giant magnetofossils are optimised for magnetointensity reception — Communications Earth & Environment
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