Pesaba 2 kilos, nadaba como una nutria y ya tragaba como nosotros hace 165 millones de años
Megacauda sungei, un pariente jurásico de los mamíferos del tamaño de un ornitorrinco, cazaba en el agua y ya tenía una garganta preparada para algo muy nuestro: mamar sin ahogarse.

Si piensas en el Jurásico, seguramente te vienen a la cabeza dinosaurios del tamaño de un autobús. Pues mientras ellos acaparaban titulares, en los ríos y lagos de lo que hoy es Mongolia Interior (China) nadaba un bicho peludo de medio metro con cara de nutria, cola de castor y una garganta sorprendentemente moderna. Se llama Megacauda sungei, vivió hace unos 165 millones de años y acaba de presentarse en sociedad en la revista Nature.
Que nadie se ría de su tamaño. Unos 50 centímetros del hocico a la punta de la cola y alrededor de 2 kilos pueden parecer poca cosa, pero en una época en la que la mayoría de los parientes de los mamíferos pesaban apenas unos gramos, esto era jugar en la liga de los pesos pesados. Es, de hecho, el docodonte más grande conocido. Los docodontes son un grupo extinto de mamaliaformes: no eran mamíferos en sentido estricto, sino primos muy cercanos de la familia.
Una cola con nombre propio
El nombre no tiene misterio: Megacauda significa algo así como «cola grande». Y no es postureo. El fósil, encontrado cerca de Ningcheng y conservado en el Museo Paleontológico de Liaoning, es tan bueno que mantiene impresiones de la piel y del pelo, de modo que se ve el contorno del cuerpo. Entre lo que se aprecia destaca una cola ancha y aplanada, ideal para propulsarse en el agua.

Según el equipo, el animal remaba con las patas delanteras y ondulaba la cola, mientras que las traseras, cortas y con pies relativamente largos, le ayudaban a cambiar de dirección. Vamos, que tenía su propio timón de serie. Los investigadores lo consideran la prueba más antigua de un estilo de vida acuático en el linaje de los mamíferos.
- Tamaño: unos 50 cm, más o menos lo que mide un ornitorrinco.
- Peso: en torno a 2 kg, un gigante para su grupo.
- Aspecto: pelo corto y cola plana, a medio camino entre nutria, castor y ornitorrinco.
- Hábitat: aguas dulces del Jurásico Medio, en el norte de China.
Dientes para presas resbaladizas
No era un herbívoro tranquilo. Sus dientes tenían cúspides curvadas hacia atrás, perfectas para sujetar presas escurridizas, y unos caninos con tres raíces, algo muy raro en los mamíferos actuales. Sus muelas cortantes trabajaban la carne de una forma distinta a como lo hacen los carnívoros modernos. Y por si quedaban dudas sobre el menú, en la zona del estómago aparecieron restos de huesos de pequeños vertebrados. El equipo cree que se alimentaba de peces, salamandras e invertebrados, y que quizá se refugiaba en madrigueras. Una nutria jurásica en toda regla, pero con dinosaurios de vecinos.

La garganta que nos acerca a la leche
Aquí viene lo verdaderamente gordo, y no tiene que ver con la cola. El fósil conserva de forma excepcional los huesos de la garganta: el aparato hioideo, ese conjunto de piezas que sostiene la lengua y participa en la deglución. Su disposición se parece mucho a la de los mamíferos vivos del grupo de los terios, el que incluye a los marsupiales y a los placentarios. Es decir, a canguros, perros, ballenas y a ti mismo.

Además, los investigadores interpretan que tenía un paladar blando que separaba la boca de la faringe. Esto suena a detalle de libro de anatomía, pero es una ventaja enorme: permite tragar y respirar sin que la comida (o la leche) se vaya por el camino equivocado. Es justo lo que necesita una cría para mamar con seguridad durante un buen rato. Eso no significa que Megacauda amamantara a sus crías como un mamífero actual, sino que su garganta ya mostraba un paso temprano hacia esa capacidad.
El hallazgo procede de un equipo internacional con investigadores de la Universidad de Shandong (China), la Universidad de Chicago (Estados Unidos) y la Universidad de Bonn (Alemania), entre ellos Chang-Fu Zhou, Zhe-Xi Luo y Thomas Martin. El estudio se titula «A Jurassic mammaliaform swimmer and transformation of the mammalian pharynx».
Por qué importa
Mamar es una de las grandes jugadas de la evolución de los mamíferos: permite a las crías crecer protegidas y bien alimentadas. Megacauda sungei demuestra que algunas piezas clave de esa maquinaria, como una garganta capaz de tragar sin atragantarse, ya estaban apareciendo hace unos 165 millones de años en un nadador peludo del tamaño de un ornitorrinco. La próxima vez que bebas de un tirón sin toser, acuérdate de este tatarabuelo lejano y anfibio de la familia: él empezó a ensayar el truco cuando los dinosaurios todavía mandaban.
- This tiny jurassic predator helped pave the way for the human brain — ScienceDaily
- Jurassic Fossil Shows Mammal-Like Throat Evolved Far Earlier Than Thought — Sci.News
- Otter-like critter swam lakes and rivers in the age of dinosaurs — TimesLIVE (Reuters)
- A Jurassic mammaliaform swimmer and transformation of the mammalian pharynx (Nature, 2026, DOI: 10.1038/s41586-026-11107-0) — Nature
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios