EDICIÓN Nº 024 · Jueves 8 oct 2026
Curiosidades

El rey, el criado y el mueble-bar: el trabalenguas que acabó con un reino

Un poema del estadounidense David McCord cuenta cómo un rey se quedó sin su vino favorito por culpa de un manojo de llaves. Es un drama de palacio y, a la vez, un trabalenguas de primera.

Redacción2026-10-08poesía · trabalenguas · David McCord · humor · literatura
Antique Chinese lacquered cabinet (26432463292)
Foto: Thomas Quine · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada

Hay tragedias que empiezan con una profecía, un anillo maldito o una traición en el banquete. Esta empieza con algo mucho más cotidiano: un mueble-bar cerrado con llave y un criado que no sabe cuál de todas abre la puerta. Si alguna vez has plantado cara a un llavero de comunidad de vecinos con catorce llaves iguales, ya sabes por dónde van los tiros.

El culpable es «The Lacquer Liquor Locker», un poema humorístico de David McCord (1897-1997), autor estadounidense que nació en Nueva York, se crio en Portland (Oregón) y firmó más de cincuenta libros de poesía y prosa, sobre todo para público infantil. La web de curiosidades Futility Closet lo ha rescatado esta semana, y no sorprende: es de esos textos que nadie puede leer en voz alta sin trabarse a la tercera línea.

Un rey, un armario y demasiadas llaves

El argumento cabe en una servilleta. El rey de Astracán (sí, la ciudad a orillas del Volga, aunque aquí es puro decorado de cuento) pasa los días sentado en su trono, básicamente porque el trono es donde se sienta. A su lado tiene un armario lacado y bien surtido de licores, el famoso lacquer liquor locker, que su lacayo se encarga de mantener bajo llave.

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Foto: Thomas Quine · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Cada vez que a su majestad le apetece un trago, pide el de la añada 1640, que según él es «particularmente selecto». Y cada vez empieza el mismo ritual: el chaval va probando llave tras llave hasta que alguna entra. El rey, harto de esperar, le da una orden muy razonable en apariencia: tira las llaves que sobran.

Y aquí llega el giro que cualquier jefe de proyecto habría visto venir. El criado, con muchas ganas de agradar y poco instinto de supervivencia, tira todas las llaves. Incluida la buena.

Del despiste a la catástrofe nacional

A partir de ahí, McCord sube el drama con la seriedad de una ópera y la lógica de un dibujo animado. El armario no se abre, la llave no aparece y no hay forma de sustituirla. El rey, privado de su reserva preferida, se va apagando hasta morir. El lacayo tampoco sale bien parado, y la desgracia se extiende por todo el reino. Al final, lo único que queda en pie es el mueble, cerrado a cal y canto, con los vinos echándose a perder dentro.

Antique cabinet with Chinese motif
Foto: Thomas Quine · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Moraleja posible: no despidas a la llave buena junto con las malas. Moraleja alternativa: si tu felicidad depende de un solo cerrojo, quizá tengas un problema más gordo que el cerrojo.

Por qué se lee con la lengua hecha un nudo

La gracia del poema no está tanto en la historia como en el sonido. McCord encadena palabras casi idénticas en inglés —lacquer (laca), liquor (licor), locker (armario con cerradura), lackey (lacayo), locked (cerrado)— hasta formar versos como este:

A complete copper alloy 'ring key', from a rotary lock, dating to the late Roman period (AD 200 to AD 400). (FindID 6434
Foto: The Portable Antiquities Scheme, Stuart Noon, 2014-10-20 14: · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
«a lacquer liquor locker which a liquor lackey locked» (David McCord)

Es, literalmente, un trabalenguas con argumento. Para hacerse una idea en español, imagina algo como «el lacado armario de licores que el lacayo licorero tenía bajo llave», pero recitado a toda velocidad y con rima. Hay lectores que cuentan que se lo saben de memoria desde niños, y no es raro: las aliteraciones funcionan como un pegamento para la memoria.

Algunos ingredientes que hacen que funcione tan bien:

  • Repetición de sonidos: las consonantes «l» y «k» se repiten sin piedad, verso tras verso.
  • Rima pareada: cada pareja de versos cierra como un chiste con su redoble.
  • Seriedad fingida: se narra una nimiedad con tono de crónica real, y ese contraste es el chiste.
  • Escalada absurda: de una llave perdida a un reino arruinado en pocas estrofas.

McCord era muy de esto. Buena parte de su obra está pensada para leerse en voz alta, jugar con el idioma y demostrar que la poesía no tiene por qué ir siempre con el ceño fruncido.

Por qué importa

Detrás de la broma hay una lección muy seria sobre el lenguaje: el sonido de las palabras también cuenta historias, y un buen juego fonético puede convertir una anécdota mínima en algo que la gente recuerda durante décadas. Los trabalenguas y la poesía humorística entrenan la pronunciación, la memoria y el oído, y por eso siguen tan presentes en las aulas y en los juegos de sobremesa. Además, el poema de McCord deja una enseñanza práctica que no caduca: antes de hacer limpieza de llaves, cables o contraseñas, comprueba cuál es la que abre la puerta. El rey de Astracán no lo hizo, y ahí sigue su mueble-bar, cerrado para siempre.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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