EDICIÓN Nº 036 · Martes 20 oct 2026
Curiosidades

Descartes, cuatro versos y el chiste filosófico que ganó un concurso en 1983

En 1983, la revista Games premió un poema de cuatro versos que despide a Descartes con su propia frase al revés. Es un clerihew, un género absurdo con más de un siglo de historia.

Redacción2026-10-20Descartes · poesía · humor · filosofía · clerihew
Frans Hals, Portrait of René Descartes (cleaned up)
Foto: Frans Hals · Public domain · Wikimedia Commons · realzada
Children of the spiral by Billy Juste
Foto: Billy Juste · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Hay frases que te persiguen hasta la tumba. La de René Descartes, además, le siguió hasta después. En 1983, la revista estadounidense de pasatiempos Games convocó un concurso de clerihews, unos poemillas de cuatro versos con muy mala idea. El ganador, que ha recuperado el blog de curiosidades Futility Closet, cabe en un posavasos y deja al padre del racionalismo bastante mal parado:

«Did Descartes / Depart / With the thought / “Therefore I'm not”?»

Traducido a lo bruto: «¿Descartes se marchó de este mundo pensando “luego no existo”?». Cuatro versos, dos rimas y una de las frases más famosas de la filosofía dada la vuelta como un calcetín. Ya puestos, el muerto pagó también la ronda de la lógica.

Qué demonios es un clerihew

El clerihew es una forma poética inglesa que parece un limerick que ha suspendido educación física. Sus reglas son pocas y bastante relajadas:

Portret van René Descartes René Descartes (titel op object), RP-P-1910-4588
Foto: Rijksmuseum · CC0 · Wikimedia Commons
  • Cuatro versos con rima pareada: AABB.
  • El primer verso suele ser, o terminar en, el nombre de un personaje famoso.
  • La métrica da igual. Cuanto más cojo vaya el ritmo, mejor.
  • El contenido es biográfico solo de lejos: un dato absurdo, una ocurrencia o una calumnia simpática.

Lo inventó Edmund Clerihew Bentley (1875-1956), que le dio su segundo nombre. Según la tradición, el primero lo escribió de adolescente, aburrido en clase, y hablaba de un químico ilustre, Sir Humphry Davy, y de su supuesto odio a la salsa gravy. Era tan absurdo que funcionó. En 1905 Bentley publicó una colección titulada Biography for Beginners («Biografía para principiantes»), firmada como E. Clerihew e ilustrada por su amigo G. K. Chesterton. No se puede pedir mejor padrino para un género tan gamberro.

Bentley no vivió solo de los versos tontos. En 1913 publicó Trent's Last Case, una novela policiaca muy influyente en la época dorada del género. Es decir, se ganó el respeto con el misterio y la inmortalidad con la tontería. No es mal reparto.

El chiste tiene más filosofía de la que parece

El clerihew ganador funciona porque todo el mundo conoce el original. El famoso «pienso, luego existo» aparece en francés («je pense, donc je suis») en el Discurso del método, de 1637. La versión latina, «cogito, ergo sum», se popularizó después, sobre todo con los Principios de la filosofía (1644). La idea de fondo es seria: se puede dudar de casi todo, pero no de que hay alguien dudando.

René Descartes; portrait. Drawing, c. 1794. Wellcome V0009222ETR
Foto: autor no indicado · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

El poemilla tira del hilo hacia el lado contrario. Si pensar demuestra que existes, dejar de existir debería venir con su propio pensamiento de despedida: «luego no existo». Es una paradoja de bolsillo y tiene su miga. En ese último segundo, ¿quién está pensando que ya no está? Los filósofos podrían discutirlo durante tres congresos. Los aficionados a Games lo resolvieron con cuatro versos y una rima.

Tampoco es el único chiste que juega con esta idea. Hay uno de bar casi tan veterano: el camarero le pregunta a Descartes si quiere otra copa, el filósofo contesta «creo que no» y desaparece al instante. Es la versión en prosa de la misma broma, y demuestra que el cogito es probablemente la frase filosófica más maltratada del humor.

Por cierto, Descartes murió de verdad en 1650 en Estocolmo, adonde había viajado invitado por la reina Cristina de Suecia. Lo que pensó en su último momento no consta en ninguna fuente. La teoría del clerihew sigue, por tanto, sin pruebas, aunque es difícil de refutar.

Por qué este formato sigue enganchando

Más de cien años después, el clerihew sigue apareciendo en concursos, columnas de humor y clases de literatura. Su secreto es que no pide talento poético, sino cultura general y ganas de liarla. Necesitas un nombre conocido, algo que rime con él y una idea lo bastante absurda para que el lector sonría antes de llegar al cuarto verso. Viene a ser un meme con rima, inventado mucho antes que los memes.

The philosophy of melancholy, a poem in four parts - Upper cover (c155e8)
Foto: Unspecified · CC0 · Wikimedia Commons

Además, con él se aprende a escondidas. Para entender el chiste de Descartes hay que saber quién era y qué dijo. Para el de Davy, que fue un químico famoso. El humor hace de anzuelo y el dato histórico se queda pegado.

¿Te animas a probarlo en español? La plantilla es sencilla: personaje en el primer verso, rima pareada y un final que no venga a cuento. Si la métrica cojea, mejor: lo dice la tradición.

Por qué importa

Esta pieza muestra que la filosofía y la literatura también se pueden contar con humor sin perder rigor. Un poemilla de cuatro versos premiado en una revista de pasatiempos resume una de las ideas centrales del pensamiento moderno y, de paso, rescata un género con nombre y apellido. A veces la mejor puerta de entrada a Descartes no es un manual, sino una rima mala bien puesta.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

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