EDICIÓN Nº 035 · Lunes 19 oct 2026
Curiosidades

Un alga verde que nada hacia la luz acaba de ganar un Nobel (con ayuda de tres humanos)

El Nobel de Medicina 2026 premia la optogenética: una proteína de alga que permite encender y apagar neuronas con luz. Sirvió hasta para despertar recuerdos en ratones.

Redacción2026-10-19Nobel 2026 · optogenética · neurociencia · algas · cerebro
Biohybrid Chlamydomonas reinhardtii microswimmers
Foto: Mukrime Birgul Akolpoglu, Nihal Olcay Dogan, Ugur Bozuyuk, H · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada
Chlamydomanas reinhardtii Flagella 9 - TEM
Foto: Elizabeth Smith, Louisa Howard, Erin Dymek · Public domain · Wikimedia Commons

Hay quien se pasa la vida buscando la luz al final del túnel. Chlamydomonas, un alga verde de una sola célula, la encuentra a diario sin despeinarse: nada hacia ella porque necesita hacer la fotosíntesis. Esa costumbre tan sencilla, que a simple vista no impresiona a nadie, ha terminado en Estocolmo. El 5 de octubre de 2026 el Nobel de Fisiología o Medicina fue para Karl Deisseroth (Universidad de Stanford), Peter Hegemann (Universidad Humboldt de Berlín) y Georg Nagel (Universidad de Wurzburgo), según el comité, «por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética».

Dicho de otra forma: aprendieron a usar un interruptor de alga para encender y apagar neuronas con un rayo de luz. Sí, igual que el interruptor del pasillo, pero dentro de un cerebro y con precisión de milisegundos.

Del charco al laboratorio

La historia empieza con una pregunta aparentemente modesta: ¿cómo sabe un alga diminuta hacia dónde está la luz? Hegemann y Nagel encontraron la respuesta en una proteína de su membrana, la canalrodopsina. Cuando le llega luz, este canal se abre casi al instante y deja pasar iones, que son partículas con carga eléctrica. Esa pequeña corriente es la que le indica al alga hacia dónde tiene que nadar.

Chlamydomonas6-1
Foto: Dartmouth Electron Microscope Facility, Dartmouth College · Public domain · Wikimedia Commons

Aquí viene el detalle que lo cambia todo: las neuronas también funcionan a base de corrientes de iones. Si consigues que una neurona fabrique la proteína del alga, esa neurona pasa a responder a la luz. Es como ponerle a cada célula del cerebro un mando a distancia, y además elegir a cuáles se lo pones.

En 2005, el equipo de Deisseroth en Stanford publicó el trabajo que demostró que se podía hacer en neuronas de mamífero. Más tarde desarrollaron herramientas para activarlas y también para silenciarlas, y llegaron a controlar con luz la actividad de neuronas concretas en ratones vivos. El propio Deisseroth lo resumió así: la optogenética es «lo contrario» de usar la luz para observar, porque aquí la luz sirve para «hacer que pasen cosas».

Ratones que recuerdan a la orden

Si alguna vez has pensado que lo de manipular recuerdos era cosa de películas de ciencia ficción con mucho cromado, malas noticias para tus guiones: en 2012, investigadores del MIT marcaron las neuronas que se activaban en unos ratones al vivir una experiencia desagradable (una pequeña descarga). Después, en otro sitio y sin descarga alguna, encendieron esas mismas neuronas con luz. Los ratones se quedaron paralizados de miedo, como si estuvieran reviviendo el mal trago.

Differentiation of Human-Induced Pluripotent Stem Cells to GABAergic Neurons
Foto: Morozless · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

No es leer la mente ni grabar sueños en un USB, pero sí una prueba muy elegante de que un recuerdo tiene una dirección física en el cerebro y de que se puede «pulsar». Desde entonces, la optogenética se ha convertido en una herramienta habitual en los laboratorios de neurociencia para averiguar qué grupo de neuronas hace qué: desde el movimiento hasta las emociones.

  • Qué es: introducir en neuronas una proteína sensible a la luz procedente de un alga.
  • Qué permite: encenderlas o apagarlas con pulsos de luz, de forma muy rápida y selectiva.
  • Premio: 11 millones de coronas suecas, a repartir a partes iguales entre los tres galardonados.

Del ratón a la retina humana

De momento, casi todo esto ocurre en animales de laboratorio, y conviene no venirse arriba. Pero hay una aplicación que ya ha llegado a personas: según explica el neurocientífico Robert Lucas (Universidad de Manchester) en el texto recogido por ScienceDaily, la optogenética está ya en ensayos clínicos en fase inicial con pacientes que tienen degeneración de la retina. La idea es dar sensibilidad a la luz a células del ojo que, en condiciones normales, no la tienen, para sustituir a los fotorreceptores que se han perdido.

Neuron Heart
Foto: Piku4chemia · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

También se investiga su posible uso para enfermedades como el párkinson o la epilepsia. Son líneas de trabajo abiertas, no tratamientos disponibles, y habrá que esperar a ver qué dan de sí los ensayos.

Mientras tanto, el alga sigue a lo suyo, nadando hacia el sol sin saber que tiene medalla. Probablemente sea el único premio Nobel de la historia que no ha concedido ninguna entrevista.

Por qué importa

La optogenética es un ejemplo de manual de cómo la ciencia básica más «inútil» en apariencia (preguntarse cómo se orienta un alga) acaba abriendo puertas enormes. Ha dado a la neurociencia un interruptor fino para entender el cerebro neurona a neurona y empieza a asomarse a la clínica, sobre todo en la recuperación de la visión. La próxima vez que alguien pregunte para qué sirve estudiar el moho del estanque, ya tienes respuesta: para ganar un Nobel.

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