Pelear mucho no lleva a matar: lo que revelan 100 especies de primates
Un estudio con 100 especies de primates indica que las peleas cotidianas y la violencia letal no son grados de un mismo rasgo. Cada una ha evolucionado por su lado, y eso cambia cómo entendemos la agresividad humana.

Se suele imaginar la agresividad como un termostato. Si sube un poco, hay empujones y amenazas. Si sube mucho, alguien acaba muerto. Según esa idea, las especies más peleonas deberían ser también las que más matan. Un trabajo publicado en la revista Evolution Letters ha puesto a prueba esa intuición con datos de 100 especies de primates, y no sale bien parada.
El estudio lo firman Bonaventura Majolo, Samantha J. Wakes y Marcello Ruta, de la Universidad de Lincoln (Reino Unido). Su conclusión principal es que la agresión leve y la violencia letal no forman un único espectro de comportamiento. Una especie puede pelearse a diario sin que eso la haga más propensa a matar a otros de su especie. Este texto es un resumen propio del artículo y de la cobertura de varios medios, no una traducción.
Qué han medido y cómo
Los autores reunieron información sobre primates en libertad a partir de la literatura científica publicada entre 1950 y 2022. La completaron con encuestas a investigadores que tenían datos de campo sin publicar. Distinguieron cinco tipos de agresión dirigida a individuos de la misma especie:

- Agresión leve dentro del propio grupo.
- Agresión leve entre grupos distintos.
- Matar a un adulto del propio grupo.
- Matar a un adulto de otro grupo.
- Infanticidio, es decir, matar a crías.
Con esos datos aplicaron métodos filogenéticos comparativos bayesianos. Estas técnicas sitúan a cada especie en su árbol evolutivo, de modo que el parentesco no se confunde con una relación de causa y efecto. Dos especies emparentadas pueden parecerse solo porque descienden de un antepasado común, y el modelo tiene eso en cuenta. Además, controlaron variables socioecológicas que podrían influir en la violencia: la diferencia de tamaño entre machos y hembras, el tamaño del grupo, la dieta, la territorialidad y la proporción de sexos.
Lo que han encontrado
La violencia letal no es rara en el orden de los primates, pero tampoco es la norma, salvo en un caso. Según el artículo, el 22 % de las especies estudiadas registra muertes de adultos causadas por individuos de otros grupos y el 19 %, muertes de adultos a manos de miembros del propio grupo. El infanticidio está mucho más extendido: aparece en el 65 % de las especies.

El resultado clave está en las correlaciones evolutivas. Los tres tipos de violencia letal muestran una asociación moderada y positiva entre sí, sobre todo cuando los agresores son machos. En cambio, las dos formas de agresión leve apenas se relacionan con las letales. Saber cuánto se pelea una especie en el día a día dice muy poco sobre si sus miembros llegan a matarse.
«Es biológicamente inexacto clasificar a las especies según su propensión general a la agresión», Bonaventura Majolo, citado por Earth.com.
Los autores interpretan que la violencia extrema sigue su propio camino evolutivo. Probablemente responde a presiones y desencadenantes distintos de los que regulan los conflictos cotidianos, como la competencia por la reproducción o por el territorio.
Límites del estudio
Conviene leer estos resultados con cautela. Las muertes violentas son sucesos raros y difíciles de presenciar. Que no aparezcan en la bibliografía no garantiza que no ocurran, y las especies más observadas tienen más opciones de tener casos documentados. Los datos abarcan más de siete décadas de trabajo de campo con métodos y criterios distintos, lo que puede introducir ruido. Además, un análisis comparativo detecta patrones evolutivos, pero no explica por sí solo qué mecanismo concreto (hormonal, social o ecológico) hay detrás de cada tipo de agresión.

También hay que tener cuidado al trasladar las conclusiones a nuestra especie. El estudio habla de primates en libertad y de tendencias evolutivas, no de individuos ni de sociedades humanas concretas. Lo que sí ofrece es un marco: si en los primates la violencia letal y la agresión cotidiana van por separado, no hay motivos para dar por hecho que en los humanos formen un único continuo.
El trabajo se suma a otras investigaciones que buscan las raíces evolutivas de la violencia. Entre ellas destaca un estudio de 2016 publicado en Nature y liderado por investigadores españoles, que rastreó la violencia letal en más de mil especies de mamíferos. La novedad ahora es separar con detalle los distintos tipos de agresión, en lugar de tratarlos como una sola cosa.
Por qué importa
La idea de que el ser humano está «programado» para la violencia aparece a menudo en debates, libros y documentales. Este estudio no la desmiente del todo, pero la matiza mucho. La agresividad no es un único botón que se gira más o menos, sino un conjunto de comportamientos con historias evolutivas distintas. Que una especie sea conflictiva en el día a día no la condena a matar. Para la biología del comportamiento, esto obliga a estudiar cada forma de violencia por separado, con sus propios desencadenantes. Para el resto de nosotros, es un buen recordatorio de que las explicaciones simples sobre la «naturaleza humana» suelen quedarse cortas.
- Origins of violence: evolutionary decoupling between mild and lethal conspecific aggression in primates (Majolo, Wakes y Ruta, Evolution Letters, 2026; DOI: 10.1093/evlett/qrag002) — Evolution Letters
- Humans may not be as hardwired for violence as we thought — ScienceDaily
- Are humans violent by nature? New study challenges the answer — Earth.com
- Origins of violence (versión en PubMed Central) — PubMed Central
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