EDICIÓN Nº 021 · Lunes 5 oct 2026
Ciencia

Cráneos de Abidos apuntan a sacrificios humanos en las tumbas de los primeros faraones

Una nueva revisión forense de 46 cráneos excavados hace un siglo en Abidos encuentra en 18 de ellos golpes probablemente mortales. Refuerza la idea de que los servidores de los reyes de la I Dinastía morían con ellos.

Redacción2026-10-05arqueología · antiguo Egipto · Abidos · antropología forense · primera dinastía
Vessel with "Dancing" Women. Predynastic Vessel. Late Naqada I, from the tomb U-502 at Umm el-Qaab, Abydos. JE 99583 Cai
Foto: Heidi Kontkanen · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Djer’s Royal Bracelet 2018
Foto: vivafox/Francois Galuccio · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Más de cinco siglos antes de que se levantara la Gran Pirámide de Guiza, los primeros reyes del Egipto unificado se enterraban en Abidos rodeados de decenas o cientos de tumbas más pequeñas. En ellas descansaban funcionarios, artesanos y miembros de la casa real. Desde hace tiempo llamaba la atención un detalle incómodo: muchas de esas personas parecían haber sido enterradas a la vez, y eso son demasiadas muertes simultáneas para ser casualidad. Un estudio publicado hoy, 5 de octubre de 2026, en Frontiers in Environmental Archaeology aporta pruebas forenses que apuntan a la explicación más inquietante: el sacrificio humano.

Este texto es un resumen propio del artículo científico y de la nota publicada en Phys.org, no una traducción.

Huesos viejos, ojos nuevos

La autora del trabajo, la bioarqueóloga Roselyn A. Campbell, del Departamento de Antropología de la Universidad Purdue (Estados Unidos), no ha excavado nada nuevo. Ha vuelto a mirar material que lleva un siglo guardado. Se trata de 46 cráneos recuperados en los años veinte por el egiptólogo británico Flinders Petrie en Umm el-Qaab, la necrópolis real de Abidos. Hoy se conservan en la colección Duckworth de la Universidad de Cambridge.

Two C ware vessels from Tomb U-415, Abydos
Foto: Richard Mortel · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Los cráneos proceden de los recintos funerarios asociados a tres gobernantes de la I Dinastía (hacia 3078-2900 a. C.): Djer, Djet y Merneith. Alrededor de esas construcciones se disponían las llamadas tumbas subsidiarias, donde reposaban los «servidores» que acompañaban al soberano en la otra vida.

Campbell aplicó técnicas actuales de bioarqueología y antropología forense:

  • Estimación de sexo y edad a partir de la morfología craneal.
  • Búsqueda y clasificación de lesiones perimortem, es decir, las producidas en torno al momento de la muerte, cuando el hueso aún estaba «fresco».
  • Análisis tafonómico para distinguir esas heridas de los daños causados después, por el paso del tiempo, el saqueo o la propia excavación.
  • Comparación con la literatura forense sobre distintos tipos de lesiones.

La investigadora explica que le atrajeron estas personas porque, pese a estar enterradas junto a la realeza, la historia las ha dejado

«en su mayoría relegadas a notas a pie de página»

Lo que revelan los cráneos

El resultado principal es contundente: 18 de los 46 cráneos (un 39 %) presentan traumatismos perimortem potencialmente letales. Dominan las fracturas lineales, sobre todo en los huesos parietales, a los lados y en la parte superior de la cabeza. Según el estudio, lesiones así habrían provocado una pérdida rápida de consciencia, hemorragias internas y la muerte.

AbydosSatMap
Foto: PLstrom · CC0 · Wikimedia Commons

No es lo único. Varios cráneos muestran heridas de fuerza cortante, entre ellas una lesión penetrante en un lateral de la cabeza y un golpe tajante a la altura de un ojo.

Hay también una revisión histórica de fondo. Campbell sostiene que Petrie probablemente vio estas fracturas, pero las interpretó como daños posteriores a la muerte. Con los criterios forenses de hoy, la lectura cambia. En cuanto a quiénes eran, la muestra incluye hombres y mujeres adultos y encaja mejor con administradores y funcionarios que con la vieja idea de un «harén» real enterrado junto al rey. La estimación del sexo, eso sí, coincide en general con la que hizo Petrie hace un siglo.

Todo ello refuerza la hipótesis del sacrificio de servidores: la muerte deliberada de personas del entorno del rey para que lo acompañaran tras su fallecimiento. Una práctica que, por lo que se sabe, Egipto abandonó pronto, ya que no se mantuvo en las dinastías posteriores.

Las limitaciones de trabajar con colecciones antiguas

La propia autora subraya que el material tiene problemas serios, y conviene tenerlos presentes antes de dar el caso por cerrado:

All Four Bracelets from King Djer’s Tomb
Foto: Hyspaosines · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons
  • Muestra pequeña: los cráneos conservados representan solo entre un 5 % y un 15 % de las personas enterradas en cada recinto. La mayoría de los restos se volvieron a enterrar.
  • Sin esqueleto: no se conservan los huesos del resto del cuerpo, que son clave para estimar el sexo con fiabilidad y para detectar otras lesiones.
  • Conservación antigua: algunos cráneos se trataron con cera de parafina, que tapa detalles de la superficie del hueso.
  • Contexto alterado: las tumbas ya estaban removidas antes de que llegara Petrie, y aquella excavación no contaba con especialistas en anatomía.
  • Causa incierta: las fracturas lineales podrían deberse a un arma plana, pero también a caídas. Además, en los 28 cráneos restantes no se puede saber cómo murieron esas personas.

En resumen, el estudio no demuestra que todos los servidores fueran sacrificados ni aclara del todo el método. Lo que sí hace es aportar indicios físicos de muerte violenta en una proporción muy alta de los individuos que se han podido examinar.

Por qué importa

Este trabajo demuestra el valor de las colecciones de museo. Huesos excavados hace cien años, con métodos que hoy consideraríamos toscos, siguen guardando información que entonces nadie supo leer. La antropología forense moderna permite reabrir viejos expedientes y matizar o corregir interpretaciones heredadas. Además, pone el foco en personas que la historia había dejado en segundo plano: los funcionarios y artesanos que sostenían la corte de los primeros faraones y que, según todo indica, pagaron con su vida la idea de que el poder del rey continuaba más allá de la muerte. Entender cómo y por qué se abandonó esta práctica ayuda a comprender cómo nació el Estado egipcio.

Fuente: Roselyn A. Campbell, «New Data from Old Bones: Using Bioarchaeology and Forensics to Reassess Legacy Data from Ancient Abydos, Egypt», Frontiers in Environmental Archaeology (2026). DOI: 10.3389/fearc.2026.1858940. Acceso abierto. Nota divulgativa en Phys.org.

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