EDICIÓN Nº 013 · Domingo 27 sep 2026
Tecnología

Radar y gravedad: cómo se mira detrás de un muro sin tocarlo

Dos técnicas geofísicas apuntan a un corredor oculto junto a la cámara de Tutankamón. Explicamos cómo funcionan por dentro y por qué sus datos se interpretan con tanta cautela.

Redacción2026-09-27radar · geofísica · arqueología · sensores
Automatic ground penetrating Radar (upGPR) near Swiss Camp (Greenland) 1
Foto: Capricorn4049 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Theban region, Valley of the Kings, 19th century pictures, 1870-1888, photo 2 of 8 - Archivio fotografico Museo Egizio,
Foto: Antonio Beato · CC0 · Wikimedia Commons

Hay paredes que no se pueden perforar. La cámara funeraria de Tutankamón —la tumba KV62 del Valle de los Reyes, que Howard Carter sacó a la luz en 1922— es una de ellas: sus muros están decorados, es un bien patrimonial irrepetible y cualquier agujero es irreversible. Así que la única forma de saber qué hay al otro lado es preguntárselo a la física. Un trabajo reciente, recogido por Nature, ha vuelto a hacerlo combinando dos instrumentos muy distintos: un radar de penetración terrestre operado desde el interior de la tumba y una campaña de medición de la gravedad en el terreno de alrededor.

El contexto es una vieja obsesión. La tumba de Tutankamón siempre resultó extraña: dimensiones sorprendentemente pequeñas para un faraón, una disposición poco habitual y un ajuar funerario inusualmente rico para tan poco espacio. A eso se suma que la momia de Nefertiti nunca se ha identificado con seguridad. En 2015, el egiptólogo Nicholas Reeves unió los dos cabos: propuso que unas grietas en el muro norte de la cámara ocultaban un espacio mayor, quizá el de Nefertiti. Desde entonces se han encadenado estudios con conclusiones contradictorias, y de ahí el interés de volver con más de un sensor.

Dos formas de mirar a través de la roca

El radar de penetración terrestre (GPR, por sus siglas en inglés) funciona parecido a un sonar, pero con ondas electromagnéticas. Una antena emite pulsos muy breves contra el muro o el suelo y otra escucha lo que vuelve. Cada vez que el pulso cruza una frontera entre materiales con propiedades eléctricas distintas —piedra compacta y aire, relleno de escombros y roca madre— parte de la energía rebota. Midiendo el tiempo que tarda en regresar y con qué intensidad, se reconstruye un perfil de lo que hay bajo la superficie.

Automatic ground penetrating Radar (upGPR) near Swiss Camp (Greenland) 2
Foto: Capricorn4049 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La trampa está en un compromiso incómodo: cuanto más alta es la frecuencia de la antena, más detalle se obtiene, pero menos profundidad alcanza; cuanto más baja, llega más lejos y distingue menos. Y hay enemigos añadidos: las sales, la humedad y los materiales arcillosos absorben la señal y la apagan antes de tiempo. Por eso dos equipos pueden pasar el radar por el mismo muro con antenas y ajustes distintos y salir con lecturas que no encajan. No es mala fe: es que están escuchando cosas diferentes.

La gravimetría juega en otra liga. Un gravímetro mide variaciones minúsculas en la aceleración de la gravedad de un punto a otro. Un hueco subterráneo es, en términos de masa, un agujero en el balance: falta material, así que la gravedad local es un pelín más débil. Esas diferencias son ínfimas, del orden de millonésimas de la gravedad terrestre, y obligan a corregir por todo lo que también influye: la topografía del terreno, la altura de cada estación, las mareas o la deriva del propio instrumento. La ventaja es que no necesita entrar en la tumba y no le importa lo que haya en medio. La desventaja es que ofrece formas difusas, no fotografías.

Qué se ha detectado y qué no

Con esa combinación, los datos apuntan a la existencia de un corredor de unos dos metros de ancho, relleno de escombros, que se aleja de la cámara funeraria, y a formas con ángulos rectos bajo tierra. El detalle de los ángulos rectos es el que llama la atención, porque la geología rara vez produce esquinas limpias; la ingeniería humana, sí.

Ground-penetrating radar (GPR)
Foto: Arc Geodesy Pvt Ltd · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Conviene leer la letra pequeña:

  • Un corredor con escombros no es una cámara, y desde luego no es un enterramiento identificado.
  • Las dos técnicas detectan contrastes, no objetos. Interpretar qué los causa sigue siendo trabajo humano.
  • Nada de esto vincula el hallazgo con Nefertiti: es una hipótesis previa de 2015 que estos datos no descartan, no una identificación.
  • La historia de este muro está llena de resultados que otro equipo no logró reproducir. Una sola campaña, por buena que sea, no cierra el debate.

Lo interesante como usuario de tecnología es el patrón: cuando una medición aislada se vuelve poco fiable, la salida no es un aparato mejor, sino dos aparatos que fallen de forma distinta. Si el radar y la gravimetría, que se equivocan por motivos independientes, señalan el mismo sitio, la coincidencia vale mucho más que cualquiera de las dos por separado.

Por qué importa

Esta misma caja de herramientas se usa muy lejos de Egipto: para localizar tuberías antes de abrir una calle, detectar huecos bajo una carretera, revisar el hormigón de un puente o buscar cavidades en una obra. Entender cómo funciona —y sobre todo dónde falla— es lo que separa un titular de una decisión razonable. Aquí el resultado honesto no es "encontrada la tumba de Nefertiti", sino algo más sobrio y más útil: hay una anomalía que merece seguir estudiándose, y la hemos visto sin romper nada. En patrimonio, no tocar también es un logro técnico.

Luxor Valley of the Kings R01
Foto: Marc Ryckaert · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios