EDICIÓN Nº 018 · Viernes 2 oct 2026
Curiosidades

La bandera pirata de verdad casi no existe, y una se guarda en Portsmouth

Las banderas piratas eran baratas y se tiraban sin pena, así que casi ninguna ha llegado a nuestros días. Un museo inglés conserva una auténtica, capturada en 1790 y con quemaduras de pólvora.

Redacción2026-10-02piratas · historia · Jolly Roger · museos · Portsmouth
Jolly Roger at Portsmouth Historic Dockyard
Foto: Barry Skeates · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Boathouse 4, Portsmouth Historic Dockyard 2023-05-05
Foto: Andy Li · CC0 · Wikimedia Commons

Piensa en una bandera pirata. Seguro que te sale la de siempre: fondo negro, calavera blanca y dos huesos cruzados. La has visto en películas, en disfraces de carnaval y en la toalla de playa de algún cuñado. Lo curioso es que las banderas piratas auténticas que se conservan en todo el mundo caben en una mano, y aún sobran dedos. Una de ellas está colgada en Portsmouth, en el sur de Inglaterra, y tiene más de dos siglos.

Se expone en el National Museum of the Royal Navy, el museo nacional de la Marina Real británica, dentro del astillero histórico de la ciudad. Según el propio museo y la web Atlas Obscura, perteneció al almirante Richard Curry, que se la quitó a unos piratas frente a la costa del norte de África en 1790. Desde entonces ha pasado de ondear en el mástil a descansar en una vitrina, que viene a ser la jubilación soñada de cualquier trapo.

Un trapo de usar y tirar

¿Por qué hay tan pocas? Pues porque nadie pensaba guardarlas. Una bandera pirata era un objeto barato, cosido sin mucho mimo y pensado para aguantar como mucho lo que durase la travesía. Entre el viento, la sal, el sol y algún que otro cañonazo, acababa hecha jirones y se cambiaba por otra. A nadie se le ocurría doblarla con cuidado «para los nietos».

Jolly Roger at Portsmouth Historic Dockyard (cropped)
Foto: Barry Skeates · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

El resultado es que, según Atlas Obscura, solo se conocen dos o tres banderas piratas históricamente auténticas que se conserven hoy en el mundo, y la de Portsmouth es una de ellas. Casi todo lo que los historiadores saben sobre cómo eran estas banderas les llega de segunda mano: de actas de juicios a piratas y de libros como A General History of the Pyrates, publicado en 1724 por un tal capitán Charles Johnson. Por eso una bandera real, que se puede ver y tocar (bueno, tocar no, que el vigilante tiene buena vista), es una de las pocas pruebas directas de cómo se comunicaban y metían miedo los piratas en alta mar.

Y la de Portsmouth trae pruebas de que tuvo una vida movidita. Los trabajos de conservación apuntan a que las manchas negras y los agujeritos que tiene son quemaduras de pólvora. Vamos, que no la jubilaron por vieja: la jubilaron en pleno combate.

Antes de negra, fue roja

Aquí viene el giro de guion. La bandera negra con calavera no era la única opción, ni siquiera la primera. Las primeras banderas piratas solían teñirse de rojo sangre, y no era una elección estética. El rojo tenía un mensaje muy claro para el barco que se encontraba de frente: si no os rendís ya, no habrá cuartel. Es decir, nada de prisioneros.

Submarine Porpoise Took Petrol To Malta. 20 January 1943, Portsmouth, Hm Submarine Porpoise Returned To a British Base R
Foto: Ware, C J (Lt) · Public domain · Wikimedia Commons

Visto así, la negra era casi la versión amable: una advertencia para que la tripulación rival se rindiera sin pelear. El rojo era lo que salía cuando la negociación ya no estaba sobre la mesa. Hay incluso una hipótesis, bastante repetida aunque no demostrada, que relaciona el nombre «Jolly Roger» con el francés joli rouge, «rojo bonito». Si es cierto, el nombre más famoso del terror marino sería un piropo mal pronunciado.

Y la calavera, que parece lo más pirata del mundo, tiene un origen bastante más gris. Atlas Obscura habla de un origen burocrático, y la explicación más difundida es que los capitanes usaban ese símbolo en los cuadernos de bitácora para anotar las muertes a bordo. O sea, que el emblema que hacía temblar a los mercantes empezó siendo, más o menos, una casilla de un formulario.

De enemigo público a emblema de la Marina

Lo más irónico de esta historia es dónde ha acabado la bandera: en el museo de la misma Marina que perseguía a sus dueños. Y la cosa no se queda ahí. La bandera pirata se coló después en las propias tradiciones navales británicas. Los submarinos de la Royal Navy adoptaron la costumbre de izar un Jolly Roger al volver a puerto tras una misión con éxito. En 2019 el museo dedicó una exposición entera a esta doble vida del símbolo, titulada Jolly Roger: A Symbol of Terror and Pride, «símbolo de terror y de orgullo», donde la bandera de 1790 compartía espacio con las que ondearon submarinos como el HMS Safari.

Action Stations, Portsmouth Historic Dockyard 2023-05-05
Foto: Andy Li · CC0 · Wikimedia Commons

Del barco pirata a la vitrina, y de la vitrina al orgullo de quienes la perseguían. Si las banderas tuvieran currículum, esta tendría uno de los cambios de carrera más raros de la historia.

Por qué importa

Esta bandera nos recuerda que buena parte de lo que creemos saber sobre los piratas viene del cine y de libros escritos con mucha imaginación. Un objeto auténtico, con sus quemaduras de pólvora y todo, permite comprobar qué había de verdad detrás del mito. Y de paso enseña algo que vale para cualquier época: lo que hoy parece de usar y tirar puede acabar siendo la única prueba que quede mañana. Así que, antes de tirar esa camiseta vieja, piénsalo dos veces. O no, que tampoco hace falta pasarse.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

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