EDICIÓN Nº 050 · Martes 3 nov 2026
Curiosidades

En Florida hay un barco pirata de 16 metros donde los niños pueden pasear por la plancha

En la isla de Amelia, Florida, un barco llamado The Flying Dutchman lleva a familias por la costa con tripulación pirata, parches, monedas de oro, delfines y caballos salvajes a lo lejos.

Redacción2026-11-03piratas · Florida · viajes curiosos · turismo familiar · naturaleza
Fort Clinch State Park, Florida, US
Foto: bubba73 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
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Foto: NPS staff · Public domain · Wikimedia Commons

Hay quien sueña con ser pirata y hay quien, de mayor, decide dedicarse a ello con contrato y horario. En el puerto deportivo de Fernandina Harbor Marina, en la isla de Amelia (Florida, Estados Unidos), conviven las dos cosas. Detrás de una caseta gris que no llama nada la atención se embarca en un barco de unos 16 metros (53 pies) bautizado como The Flying Dutchman. Sí, como el buque fantasma de la leyenda. Por lo que cuenta Atlas Obscura, este sí vuelve a puerto.

La travesía dura entre hora y media y dos horas. Está pensada para ir en familia y combina dos cosas que rara vez van juntas: una lección de historia naval y una tripulación de piratas escandalosos que no paran de hablar. Viene a ser una excursión del colegio, pero con más calaveras.

Un barco decorado por alguien que se tomó el tema muy en serio

Nada más subir, nadie duda de qué va la cosa. El barco está decorado de proa a popa con temática pirata: carteles de «Se busca» colgados por todas partes, banderas desgarradas en lo alto del mástil y algún que otro esqueleto. Se supone que son de atrezo. Nadie ha preguntado en voz alta.

Fort Clinch State Park, Florida, US (02)
Foto: bubba73 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

La tripulación es, según la descripción del lugar, un grupo de piratas variopinto y ruidoso. Su trabajo es doble: contar historias sobre el pasado de la isla de Amelia y asegurarse de que nadie se pierda ninguna vista por el camino. Vamos, que son guías turísticos con mucha más pinta de patibulario y bastante menos reparo en levantar la voz.

Y si tienes suerte, puede que te toque como capitán un pirata con un parecido sospechoso a cierto Jack Sparrow. Tranquilidad: según Atlas Obscura, todos los capitanes de la casa tienen salero, así que cualquiera que te toque pondrá de su parte.

Lo que se ve desde la cubierta (aparte de esqueletos)

Bajo tanto disfraz hay una ruta con paisajes que merecen la pena de verdad. El barco pasa junto a varios lugares emblemáticos de la zona:

Fort Clinch State Park, Florida, US (10)
Foto: bubba73 · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
  • Fort Clinch, una conocida fortificación costera del siglo XIX que vigila la entrada de la bahía desde hace mucho más tiempo que cualquier pirata de alquiler.
  • Cumberland Island, una isla donde viven caballos salvajes. Sí, caballos sueltos junto al mar, como si alguien hubiera mezclado una película del Oeste con un documental de costas.
  • Little Tiger Island, con unas 229 hectáreas (565 acres) de marisma salada y bosque costero. Ni tigres, ni pequeña, ni tampoco un mal sitio para mirar.

En el camino de vuelta al puerto es posible ver delfines nadando en la estela del barco y aves costeras dando vueltas por encima. «Posible» es la palabra clave. Los delfines no firman contrato con la tripulación y aparecen cuando les apetece, que es justo lo que haría un pirata de verdad.

Grumetes con parche y monedas de oro

La parte infantil está muy cuidada. A los piratas más jóvenes les dan parches para el ojo, sombreros y monedas de oro. Lo de que sean de oro es más una cuestión de actitud que de quilates. Encima pueden «pasear por la plancha», con comillas incluidas, si se atreven. Hay que aclararlo para tranquilidad de los padres: es una versión teatral. Ningún niño acaba en el agua, que esto es un paseo familiar y no un juicio en alta mar.

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Foto: Department of the Interior. U.S. Fish and Wildlife Service. · Public domain · Wikimedia Commons

Es probable que el castigo pirata más famoso de la ficción sea aquí la atracción estrella para los menores de diez años. Hay algo profundamente satisfactorio en ver cómo un símbolo del terror marítimo se convierte en la parte favorita de la merienda.

La gracia del invento está en esa mezcla. Durante un par de horas, los adultos aprenden algo sobre la historia náutica de la isla y su naturaleza, los niños se sienten protagonistas de una película de aventuras y todo el mundo vuelve a tierra con alguna foto de un esqueleto haciendo de tripulante. Si encima aparece un delfín, el día está completo.

Por qué importa

Detrás del disfraz hay una idea muy sencilla y muy eficaz: explicar historia y naturaleza a través del juego. Fortificaciones del siglo XIX, marismas o caballos salvajes pueden sonar a temario aburrido, pero contados por un pirata con parche desde la cubierta de un barco se recuerdan mucho mejor. El turismo divulgativo funciona cuando engancha primero y enseña después, y este barco lo hace a cañonazo limpio. Eso sí, conviene no tomárselo al pie de la letra: los únicos tesoros que se reparten aquí son monedas de juguete y la vista de una costa salvaje que, esa sí, es de verdad.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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