EDICIÓN Nº 049 · Lunes 2 nov 2026
Curiosidades

Schopenhauer explicó en 1851 por qué de mayor ya nada te sorprende

El filósofo más gruñón del siglo XIX comparó la vida con ver el mismo truco de magia tres veces seguidas. Más de siglo y medio después, la idea sigue siendo incómodamente acertada.

Redacción2026-11-02Schopenhauer · filosofía · frases célebres · novedad · psicología cotidiana
Arthur Schopenhauer colorized (cropped) portrait framed
Foto: Artistosteles · CC0 · Wikimedia Commons · realzada con IA

Seguro que te ha pasado. Sale la enésima versión de la serie de tu infancia, otra canción de verano con el mismo estribillo de siempre o tu cuñado vuelve a contar la anécdota de la boda de 2014. Y tú pones cara de póker. No es que te hayas vuelto un amargado. Según Arthur Schopenhauer, es que ya te has sentado demasiadas veces en la misma función.

La frase la ha rescatado estos días Futility Closet, una web dedicada a curiosidades y rarezas. Procede de los ensayos del filósofo alemán, publicados en su obra tardía Parerga y Paralipómena (1851) y traducidos al inglés por T. Bailey Saunders en el volumen Studies in Pessimism, que hoy se puede leer gratis en el Proyecto Gutenberg. Ojo, que el título del volumen ya avisa de que no es un libro de autoayuda.

La caseta del mago de feria

La idea es sencilla y, precisamente por eso, escuece. Schopenhauer dice que quien vive lo bastante para ver dos o tres generaciones se parece a un espectador que se queda un rato en la caseta del prestidigitador de una feria y ve el espectáculo dos o tres veces seguidas. El problema no es que el mago sea malo, sino algo más profundo. En traducción libre:

Portret van Arthur Schopenhauer. Borstbeeld van voren. Gemerkt op den achtergrond links met een monogram. Gedateerd 1900
Foto: Rijksmuseum · CC0 · Wikimedia Commons
«Los trucos estaban pensados para verse una sola vez» (Arthur Schopenhauer)

Cuando dejan de ser una novedad y ya no engañan, remata el filósofo, su efecto desaparece. La moneda que sale de detrás de la oreja deja de ser magia y se queda en un señor con mucha práctica moviendo los dedos. Y la vida, según esta lectura, funciona igual: las modas, los grandes anuncios y los dramas de cada temporada son trucos que el mundo vuelve a representar delante de cada nueva hornada de público.

Para quien acaba de entrar en la caseta, todo es asombroso. Para quien lleva tres funciones, se ven los hilos, el doble fondo de la chistera y hasta el conejo un poco harto de su trabajo.

El pesimista oficial de la filosofía

Que esta reflexión venga de Schopenhauer no sorprende a nadie que haya pasado por la asignatura de Filosofía. Arthur Schopenhauer (1788-1860) es conocido como el gran pesimista de la filosofía occidental. Para él, la vida consistía básicamente en desear cosas, sufrir mientras no las tienes y aburrirte en cuanto las consigues. Un plan redondo.

Arthur Schopenhauer by J Schäfer, 1859
Foto: Schäfer, J. · Public domain · Wikimedia Commons

Aun así, tiene su gracia que el hombre que veía la existencia como una sucesión de decepciones acabara escribiendo algunas de las frases más citadas de su siglo. Sus ensayos de madurez, más breves y directos que sus tratados, fueron los que le dieron por fin la fama que llevaba décadas esperando. El público, por lo visto, sí se dejó sorprender por el truco.

Lo interesante es que la metáfora de la feria no se queda en una queja de señor mayor. Sirve para explicar varias cosas que todos hemos notado alguna vez:

  • Por qué los veranos de la infancia parecían eternos y los de ahora pasan en un parpadeo: cuando todo es nuevo, todo deja huella.
  • Por qué los adolescentes se apasionan tanto con cosas que a sus padres les parecen «lo mismo de siempre»: unos ven la primera función y los otros, la tercera.
  • Por qué los reinicios, remakes y secuelas funcionan con unos y aburren a otros: depende de cuántas veces hayas pagado la entrada.

¿Hay forma de salir de la caseta?

Schopenhauer no era precisamente un vendedor de esperanza, así que en el fragmento no ofrece soluciones. Pero quien lo lea con buen humor puede sacar alguna conclusión práctica sin traicionar la idea original.

La primera es cambiar de caseta. Si el truco de siempre ya no te engaña, la feria es grande: otro idioma, otra afición, un libro de un tema del que no sabes nada o un videojuego de un género que nunca has tocado. La novedad no se agota en el mundo, solo en el rincón donde llevamos años sentados.

La segunda es ver la función desde otro sitio. El mago que ya no te sorprende puede seguir siendo fascinante si te fijas en cómo lo hace. Es lo que les ocurre a los aficionados veteranos de cualquier cosa: dejan de buscar el «¡oh!» y empiezan a disfrutar del oficio.

Y la tercera, la más sencilla, es mirar a quien está viendo el truco por primera vez. Hay pocas cosas que devuelvan tanto la magia como la cara de alguien a quien todavía le sale la moneda de detrás de la oreja.

Por qué importa

La frase de Schopenhauer pone nombre a algo que casi todo el mundo siente y pocos saben explicar: la sensación de que el mundo se repite y nos sorprende cada vez menos con la edad. Entenderlo como un efecto de la costumbre, y no como un defecto del mundo ni de uno mismo, ayuda a tomárselo con más calma y a buscar casetas nuevas. Y además demuestra algo que al propio Schopenhauer le habría hecho poca gracia: hay trucos que siguen funcionando aunque los veas por segunda vez, como una buena frase escrita hace 175 años.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios