El pueblo petrolero de EE. UU. que esconde una iglesia entera de vidrieras Tiffany
En Franklin (Pensilvania), una iglesia discreta guarda todas sus vidrieras firmadas por los estudios de Louis Comfort Tiffany. Solo un puñado de templos en EE. UU. pueden presumir de lo mismo.

Si te dicen «Tiffany», lo normal es pensar en anillos de compromiso, cajitas azules y Audrey Hepburn desayunando delante de un escaparate. Pues en una calle tranquila de Franklin, un pueblo de Pensilvania que vivió su época dorada gracias al petróleo, hay un edificio donde lo valioso no cabe en ningún estuche: pesa bastante más y lleva más de un siglo atornillado a la pared. Hablamos de la iglesia episcopaliana de St. John's, que según Atlas Obscura tiene todas sus vidrieras hechas por los estudios de Louis Comfort Tiffany.
Por fuera, nada que llame demasiado la atención: una fachada cuidada y agradable, de esas que ves y sigues andando. El truco está en cruzar las grandes puertas de madera y hierro. Dentro, la luz entra filtrada por cristal firmado por uno de los nombres más cotizados de las artes decorativas de Estados Unidos.
Un club muy exclusivo
Tener una vidriera Tiffany ya es motivo de presumir. Tenerlas todas, sin excepción, es entrar en un club minúsculo. Atlas Obscura sitúa a St. John's entre las siete únicas iglesias que conservan una colección completa de ventanas Tiffany. La oficina de turismo de Pensilvania, VisitPA, habla de ocho. Sea cual sea la cifra exacta, se cuentan con los dedos de las manos, y sobran dedos.

Entre las piezas destacan:
- Un rosetón, la gran ventana circular del templo, que según Atlas Obscura es el tercero más grande que llegaron a fabricar los estudios Tiffany.
- Una serie de trípticos, ventanas en tres paneles con escenas narrativas.
- Bancos de palisandro, una madera poco habitual para este tipo de mobiliario.
- Dos mosaicos detallados del estudio artístico Gorham, otro nombre con solera en la artesanía estadounidense.
La ficha de arquitectura de la Society of Architectural Historians, SAH Archipedia, sitúa la instalación de las vidrieras entre 1901 y 1917. Es decir: no se encargó el lote completo de golpe, sino que el conjunto se fue completando a lo largo de casi dos décadas. Coleccionismo a cámara lenta, versión vidrio.
Petróleo, dinero y cristal de colores
¿Qué hace un tesoro así en un pueblo pequeño? La respuesta huele a crudo. Franklin está en la llamada Oil Region de Pensilvania, la zona donde arrancó la fiebre del petróleo en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, a raíz del pozo de Edwin Drake en la cercana Titusville en 1859. Aquel bum llenó la comarca de dinero nuevo, y el dinero nuevo, ya se sabe, tiene la manía de querer dejar huella. Unos se compraban mansiones; otros financiaban vidrieras que siguen ahí más de cien años después. Por durabilidad, ganan los segundos.

Louis Comfort Tiffany (1848-1933) era hijo del fundador de la joyería Tiffany & Co., pero se hizo un nombre propio en el vidrio. Su taller desarrolló el llamado vidrio favrile, opalescente e irisado, con el color dentro del propio cristal en lugar de pintado encima. Eso permitía degradados, texturas y brillos que parecían imposibles en una ventana. Y, como en tantos talleres, no trabajaba solo: investigaciones publicadas a partir de 2007 sacaron a la luz el papel de Clara Driscoll y de un equipo de mujeres artesanas en muchos diseños del estudio, especialmente en las famosas lámparas.
Cómo verlas (y cuánto cuesta)
Lo mejor de todo es que no hace falta ser heredero de un magnate del petróleo para disfrutarlas. Según Atlas Obscura, las vidrieras se pueden ver de martes a viernes de 8:00 a 14:00. Si prefieres que alguien te explique qué estás mirando, la propia parroquia ofrece visitas guiadas a 5 dólares por persona, para grupos de hasta 50, que conviene reservar llamando a la oficina con al menos una semana de antelación. Como los horarios pueden cambiar, mejor confirmarlos antes de plantarse allí.

Cinco dólares por ver de cerca un Tiffany. En la joyería de la Quinta Avenida, con eso no te llega ni para la cinta del lazo.
Por qué importa
Las vidrieras Tiffany son una de las grandes aportaciones de Estados Unidos a las artes decorativas, y muchas acabaron dispersas, vendidas o destruidas con el paso del tiempo. Un conjunto completo, en el sitio para el que se diseñó y con la luz para la que se pensó, permite entender la obra como lo que era: una pieza de arquitectura y no un objeto de subasta. Además, recuerda que una parte del patrimonio artístico más llamativo no está en los museos de las grandes ciudades, sino escondida en pueblos que un día fueron ricos y que, cuando se acabó el dinero, conservaron la belleza. El petróleo se agotó; el cristal sigue brillando.
- St. John's Episcopal Church in Franklin, Pennsylvania — Atlas Obscura
- Stunning Stained Glass: Follow the Tiffany Glass Trail in PA — VisitPA
- St. John's Episcopal Church, Franklin — SAH Archipedia
- Tiffany Window Tours — St. John's Episcopal Church
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