EDICIÓN Nº 009 · Miércoles 23 sep 2026
Curiosidades

Abrió en 1812 y sigue casi sin pantallas: el museo natural más viejo de América

La Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia lleva más de dos siglos abierta, apuesta por dioramas pintados a mano y guarda un mini zoo de serpientes, tortugas y cucarachas.

Redacción2026-09-17museos · historia natural · Filadelfia · dinosaurios · taxidermia
Academy of Natural Sciences, Philadelphia. Coloured engravin Wellcome V0014369FB
Foto: autor no indicado · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Andros Coral Reef Diorama at American Museum of Natural History - detail
Foto: Dreamyshade · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Imagina un sitio que ya estaba abierto cuando tus tatarabuelos ni existían, que ha visto pasar dos siglos enteros de modas expositivas y que, en 2026, sigue pensando que lo mejor que puede ofrecerte no es una pantalla táctil, sino un bicho disecado y un fondo pintado a mano. Eso es la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, el museo de historia natural más antiguo de Estados Unidos y de todo el continente americano.

Abierto desde 1812, o sea: prácticamente siempre

La Academia abrió sus puertas en 1812. Para que te hagas una idea del tipo de veteranía de la que hablamos: muchas de las piezas que hoy puedes ver llevan allí más de un siglo, y siguen en buen estado de conservación. No es un museo que se haya reinventado quince veces para parecer moderno; es un museo que lleva doscientos años haciendo lo mismo razonablemente bien, que es una forma muy digna de envejecer.

Academy of Natural Sciences, Philadelphia - IMG 7454
Foto: Daderot · Public domain · Wikimedia Commons

Dentro hay dinosaurios, peces y aves antiguas, y un discurso que insiste una y otra vez en la conservación de la naturaleza. Son tres plantas de edificio con personal repartido estratégicamente por los pasillos, dispuesto a responder preguntas. Sí: humanos. Que te explican cosas. Con la boca.

Dioramas pintados a mano y cero scroll infinito

Aquí está el detalle que convierte la visita en algo distinto. En una época en la que cualquier museo que se precie te mete tres proyecciones, dos tabletas y un código QR antes de llegar al guardarropa, la Academia ha decidido reducir las pantallas a unas pocas, muy contadas.

Academy of Natural Sciences, Philadelphia - IMG 7477
Foto: Daderot · Public domain · Wikimedia Commons

¿Y qué pone en su lugar? Vitrinas cuidadosamente montadas con escenarios pintados a mano al fondo. Paisajes de pincel, no de píxel. El resultado es que el visitante acaba pensando en cosas en las que normalmente no piensa: la historia de la taxidermia, el oficio de montar una exposición, hasta qué punto lo que ve reproduce fielmente la naturaleza real. Es divulgación sin autoplay, y se agradece.

Para los que van con niños (o para los adultos que fingen ir con niños), hay una excavación arqueológica simulada donde se pueden desenterrar réplicas de huesos. El sueño de cualquiera que a los ocho años quiso ser paleontólogo y acabó en una oficina.

El zoo diminuto de la última planta

Y luego está la planta de arriba, que es donde la cosa se pone entrañable. Allí vive un mini zoo con animales de verdad, vivos, cuidados con mimo: serpientes, tortugas y, atención, cucarachas.

Andros Coral Reef Diorama at American Museum of Natural History
Foto: Vicpeters · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Sí, cucarachas. Con su vitrina, sus cuidados y su cartel. La idea es obligarte a preguntarte qué pinta cada criatura pequeña dentro del ecosistema, incluida esa que en tu cocina provocaría un grito y una zapatilla voladora. Pocas instituciones tienen el valor de dedicar espacio expositivo a un animal que el 99 % de los visitantes considera un problema doméstico.

Los amantes de las aves, por cierto, tienen su premio aparte: la colección expuesta de pájaros es uno de los platos fuertes de la casa.

Por qué importa

Un museo que lleva 214 años abierto y que en plena era de la pantalla decide apostar por vitrinas, pinceles y bichos vivos no está siendo nostálgico: está haciendo una apuesta sobre cómo se aprende. Mirar despacio un animal montado frente a un paisaje pintado a mano exige algo que la pantalla nunca pide, que es tiempo. Y el mensaje final —conservar lo que queda ahí fuera— entra mucho mejor cuando antes te han presentado, una por una, a las criaturas de las que hablan. Incluidas las cucarachas.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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