EDICIÓN Nº 054 · Sábado 7 nov 2026
Curiosidades

Un chaval de 17 años escribió en 1739 una oda a la ciencia y le salió con talento

Mark Akenside, hijo de un carnicero de Newcastle, publicó con 17 años un «himno a la ciencia» en una revista de Londres. Con los años sería médico y poeta de éxito.

Redacción2026-11-07historia de la ciencia · poesía · siglo XVIII · Mark Akenside · curiosidades
Portrait of Mark Akenside, Physician to the Queen and poet. Wellcome L0004886
Foto: autor no indicado · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Exhibition of the 'Emperoral University ' in the Academic Historical Museum of Leiden University, in the Academy Buildin
Foto: Hoogstraten, A. van (1883-?) · Public domain · Wikimedia Commons

Hoy, si un chaval de 17 años quiere declarar su amor a la ciencia, pone un vídeo de un volcán de bicarbonato y escribe «la química me tiene loco 🔥». En 1739, Mark Akenside lo hizo a lo grande: escribió una oda de quince estrofas, rimada y con signos de exclamación, y la publicó en una de las revistas más leídas de Inglaterra. Es como si hoy un estudiante de bachillerato le pusiera letra de himno nacional a la tabla periódica.

La historia la ha recuperado Futility Closet, una web dedicada a curiosidades históricas, y no tiene truco: el poema existe, se puede leer y es de dominio público desde hace bastante más de dos siglos.

Una oda con exclamación incluida

El poema se titula Hymn to Science (himno a la ciencia) y salió en 1739 en la Gentleman's Magazine, una revista londinense de las que marcaban el ritmo cultural de la época. El arranque no tiene nada de tímido:

Portrait of Mark Akenside Wellcome M0016655
Foto: autor no indicado · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons
«Science! thou fair effusive ray / From the great source of mental day» (Mark Akenside, 1739)

Traducido a lo bruto: «¡Ciencia! Tú, rayo hermoso que todo lo ilumina, desde la gran fuente del día de la mente». Vamos, que el chico no se andaba con medias tintas. A lo largo de las estrofas le pide a la ciencia que baje cargada de tesoros, que ponga orden en sus «pensamientos desconcertados» y que bendiga su «mente trabajadora». Luego le pide algo que muchos estudiantes habrían firmado en época de exámenes: una cabeza paciente y un corazón sincero que no se dejen llevar por las pasiones flojas. En resumen, fuerza de voluntad en verso.

Según los catálogos de libros antiguos, Akenside tenía entonces poco menos de 18 años. Y no era su estreno: un par de años antes, con unos 16, la misma revista ya le había publicado otro poema, The Virtuoso. O sea, que en un tiempo en que lo de los «jóvenes talentos» no tenía ni nombre, él ya colaboraba con una revista de Londres.

Del taller del carnicero a la Royal Society

La gracia es que el muchacho no se quedó en el poema. Akenside nació en 1721 en Newcastle upon Tyne, hijo de un carnicero, y acabó estudiando Medicina, primero en Edimburgo y después en la Universidad de Leiden, en Países Bajos, uno de los grandes centros médicos de la época. Es decir, que a la ciencia no solo le escribió versos: se casó con ella, por así decirlo.

Mark Akenside portrait
Foto: Unknown authorUnknown author · Public domain · Wikimedia Commons

Su currículum posterior parece el de alguien que se tomó al pie de la letra su propio himno:

  • En 1744 publicó The Pleasures of Imagination (los placeres de la imaginación), un largo poema filosófico que se convirtió en su obra más conocida.
  • En 1753 lo eligieron miembro de la Royal Society, la sociedad científica más prestigiosa de Gran Bretaña.
  • En 1759 lo nombraron médico del Christ's Hospital de Londres.
  • Murió en 1770, con 48 años, después de haber combinado toda su vida la consulta médica con la poesía.

Curiosamente, el himno juvenil no entró en la recopilación de sus Poems que se publicó en 1772, después de su muerte. Quizá sus editores pensaron que eso de llamar a la ciencia «rayo hermoso» era demasiado de adolescente con carpeta forrada. Hoy, en cambio, se puede leer gracias a ediciones como la de sus obras poéticas que ofrece el Proyecto Gutenberg.

Ciencia y poesía, la pareja que nadie esperaba

Hoy tendemos a ver «ciencias» y «letras» como dos institutos rivales que se miran mal en la parada del autobús. En el siglo XVIII esa separación era mucho menos estricta. La revolución científica de Newton estaba recién horneada, y para mucha gente culta la ciencia era una aventura emocionante, algo digno de cantarse en verso igual que una batalla o un amor no correspondido.

Corridor in the Academic Historical Museum of Leiden University with a fire extinguisher and an axe, in the Academy Buil
Foto: Hoogstraten, A. van (1883-?) · Public domain · Wikimedia Commons

El himno de Akenside es un buen ejemplo de esa mezcla: un texto que hoy suena algo recargado, pero que transmite un entusiasmo muy reconocible. Cambia el vocabulario antiguo por el de ahora y tienes al mismo tipo de persona que se emociona con las fotos del James Webb o que se queda hasta las tantas viendo documentales sobre agujeros negros. Las formas han cambiado; el flechazo, no tanto.

Y, siendo justos, Akenside cumplió el programa que se marcó en el poema mejor que la mayoría de nosotros cumplimos los propósitos de Año Nuevo. Pidió una mente paciente y entregada a la ciencia, y acabó de médico en Londres y miembro de la Royal Society. Aquí, con suerte, llegamos al tercer día de gimnasio.

Por qué importa

La oda de Akenside nos recuerda que el entusiasmo por la ciencia no es cosa de ahora ni de los divulgadores de internet: hace casi 300 años un adolescente ya la trataba como a una musa. También desmonta el tópico de que ciencias y letras no se entienden. El mismo chaval que escribía versos acabó ejerciendo la medicina y entrando en la institución científica más prestigiosa de su país. Moraleja para quien tenga 17 años y dude entre poeta y médico: hay gente que se quedó con las dos cosas. Eso sí, antes de llamar «rayo hermoso» a las matemáticas, mejor terminar los deberes.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios