Japón pierde habitantes y sigue construyendo: la arquitectura que apuesta por reutilizar
Tres investigadores de la Universidad de Melbourne defienden que Asia oriental necesita edificios que rehabiliten, reutilicen y cuenten con los vecinos, en lugar de construir sin parar.

Japón alcanzó su máximo de población hacia 2008 y desde entonces no ha dejado de perder habitantes. Las grúas, sin embargo, siguen trabajando. El resultado es una paradoja que se ve a simple vista: el país acumula más de nueve millones de viviendas vacías mientras se siguen levantando edificios nuevos. De ese choque entre una población que mengua y un modelo de construcción pensado para crecer parte un artículo de análisis firmado por Nancy Yao Ji, Alex Seo y Dijia Chen, de la Universidad de Melbourne, publicado primero en Pursuit, la plataforma divulgativa de esa universidad, y recogido después por Phys.org.
Conviene aclararlo desde el principio: no es un estudio con datos nuevos ni un experimento, sino un ensayo de investigadores en arquitectura que reúne ejemplos reales y propone otra forma de entender la construcción. Lo que sigue es un resumen propio, no una traducción.
Una vieja advertencia que vuelve
Los autores recuperan una referencia clásica: Los límites del crecimiento, el informe que el Club de Roma publicó en 1972 y que planteaba que un crecimiento material indefinido choca tarde o temprano con los recursos finitos del planeta. Su tesis es que la arquitectura de Asia oriental se ha apoyado durante décadas en ese modelo de expansión continua: más metros cuadrados, más obra nueva, más materiales. Y que ese esquema encaja mal con sociedades que envejecen y con un planeta que ya no admite gastar sin medida.

La alternativa que describen no es dejar de construir, sino construir de otra manera. En los proyectos que analizan aparecen cuatro ideas que se repiten:
- Rehabilitar antes que derribar: dar una segunda vida a lo que ya existe.
- Reutilizar materiales recuperados o sobrantes del entorno cercano.
- Implicar a la comunidad en el propio proceso de obra, no solo como usuaria final.
- Diseñar de forma flexible, para que los espacios puedan adaptarse a usos que cambian.
Casas fermentadas, cobertizos de invernadero y aldeas que se levantan solas
El ejemplo más llamativo está en Kioto. El arquitecto Kanji Wada rehabilitó una casa de unos 90 años de forma gradual, a lo largo de tres años y con la participación de más de cien personas. Entre otras intervenciones, excavaron un hueco en el salón para ganar volumen y aprovecharon la tierra extraída, que dejaron fermentar en la propia parcela, para levantar muros nuevos. Nada salió de la obra como residuo: el suelo de la casa se convirtió en sus paredes.

Otro caso es el de Tamotsu Ito, que proyectó una pequeña tienda para un agricultor de fresas con lo que tenía a mano: plástico de invernaderos reutilizado para la cubierta, bloques de hormigón en desuso y recortes de madera de un aserradero cercano. Los autores lo describen como una arquitectura de «bricolaje», que aprovecha lo disponible en lugar de encargar material nuevo.
El artículo mira también a China, a la reconstrucción tras el terremoto de Sichuan de 2008. Allí el arquitecto taiwanés Hsieh Ying-chun reconstruyó la aldea de Yang Liu con un sistema de estructura ligera de acero que los propios vecinos, de la etnia qiang, podían montar sin depender de constructoras, y que permitía casas de hasta tres plantas. En la aldea de Ma'anqiao, el equipo OnEarth Studio perfeccionó la técnica tradicional de la tierra apisonada para que los residentes pudieran permitirse construir sus viviendas.
Barrios que no olvidan cómo se construye
El último ejemplo es urbano. En Seúl, el estudio UDTT impulsa los llamados Neighborhood Architect Projects, que tratan la ciudad como una red de espacios infrautilizados a los que se puede sacar partido. Su lema es «DIT», siglas en inglés de «hazlo juntos»: estudiantes, residentes, oficios y propietarios colaboran en las intervenciones. La idea de fondo es que el barrio conserve la capacidad de mantener y transformar sus propios edificios, en lugar de depender siempre de grandes promotoras.

Todos estos proyectos comparten una actitud que los autores resumen como hacer lo posible con lo que hay, bajar el ritmo y cuidar lo existente.
Las limitaciones del planteamiento
El texto tiene alcance acotado. Es un ensayo de opinión experta, no una evaluación cuantitativa: no compara costes, emisiones ni durabilidad de estas soluciones frente a la obra convencional. Los ejemplos son casos concretos, a menudo pequeños o rurales, y no está claro cómo se trasladarían a la escala de una gran ciudad. Además, la construcción participativa exige tiempo y organización vecinal, algo que no todas las comunidades pueden aportar. Son preguntas abiertas que el propio enfoque deja sobre la mesa.
Por qué importa
El envejecimiento y la caída de la natalidad no son exclusivos de Japón: afectan a buena parte de Asia oriental y también a Europa, incluida España. Si la población deja de crecer, seguir construyendo como si lo hiciera llena el territorio de edificios vacíos y consume materiales y energía que el planeta no regala. Los ejemplos que recogen estos investigadores no son una receta cerrada, pero sí muestran que rehabilitar, reaprovechar y construir en comunidad es técnicamente viable y puede producir arquitectura de calidad. Es una conversación que tarde o temprano llegará a cualquier país con casas vacías y pueblos que se despueblan.
- Building Asia's future must embrace the limitations of people and planet — Phys.org (publicado originalmente en Pursuit, Universidad de Melbourne)
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios