EDICIÓN Nº 015 · Martes 29 sep 2026
Ciencia

Por qué el día no dura exactamente 24 horas: la pista está en el núcleo interno

Un estudio en Nature propone que pequeños cambios en el núcleo interno de la Tierra tiran por gravedad del manto y alargan o acortan el día unos milisegundos a lo largo de décadas.

Redacción2026-09-29núcleo terrestre · duración del día · geofísica · rotación de la Tierra · Nature
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Foto: Merikanto · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
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Foto: National Institute of Standards and Technology · Public domain · Wikimedia Commons

Solemos pensar que el día dura 24 horas justas, pero no es así. La duración del día cambia un poco: unos pocos milisegundos arriba o abajo, en ciclos que duran décadas. Nadie lo nota al mirar el reloj, pero los relojes atómicos y las redes de observación astronómica sí lo registran. Una parte de esas variaciones tiene causas conocidas, como la atmósfera, los océanos o las mareas. Las oscilaciones más lentas, las que tardan varias décadas, llevaban tiempo sin una explicación del todo satisfactoria. Un trabajo publicado en Nature propone ahora que el origen está a miles de kilómetros bajo nuestros pies, en el núcleo interno del planeta.

Este texto es un resumen propio, no una traducción, a partir de la nota de prensa difundida por ScienceDaily y de los datos del artículo científico.

Qué han descubierto

El estudio lo firman Huifeng Zhang, doctorando en Física, y Mathieu Dumberry, catedrático, ambos de la Universidad de Alberta (Canadá). Se titula Gravitational torque drives multidecadal variations in length of day y apareció en Nature el 23 de septiembre de 2026 (DOI: 10.1038/s41586-026-10999-2).

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Foto: Merikanto · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La Tierra tiene capas: una corteza fina, un manto rocoso muy grueso, un núcleo externo de metal líquido y, en el centro, un núcleo interno sólido. Estas capas no giran como un único bloque rígido. Pueden intercambiar un poco de «impulso de giro» (lo que los físicos llaman momento angular). Si el manto gana giro, el día se acorta un poco; si lo pierde, se alarga.

Según los autores, la clave está en la gravedad. El núcleo interno no es una esfera perfecta, y el manto tampoco reparte su masa de forma uniforme. Cuando la rotación del núcleo interno cambia ligeramente, cambia también la forma en que esas dos distribuciones de masa se atraen. Así aparece un par gravitatorio, una especie de tirón que el núcleo interno ejerce sobre el manto y que modifica su velocidad de giro, y con ella la duración del día.

Cómo lo han hecho

El equipo estudió el intercambio de momento angular entre el núcleo líquido, el núcleo interno y el manto. Para ello se apoyó en observaciones de los cambios del campo magnético terrestre durante unas tres décadas. El campo magnético nace de los movimientos del metal fundido del núcleo externo, así que su evolución sirve como ventana indirecta a lo que ocurre allí abajo, donde nadie puede ir a medir.

The layers of the Earth model
Foto: Rajneesh kumar Thakur · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Con esos datos, los investigadores estimaron cómo se reparte el giro entre las capas y compararon el resultado con las variaciones medidas en la duración del día. Encontraron un equilibrio entre dos fuerzas opuestas:

  • El tirón gravitatorio entre el núcleo interno y el manto, que tiende a transmitir cambios de giro.
  • El par en el límite entre núcleo y manto, formado por la fricción y el arrastre electromagnético, que se opone a ese tirón y limita cuánto puede variar el día.

El resultado de ese pulso entre fuerzas coincidiría con las variaciones de varios milisegundos que se observan a lo largo de décadas.

Hay además un detalle llamativo. Para que el modelo encaje, el núcleo interno tendría que deformarse de manera viscosa en escalas de unos diez años. Es decir, aunque sea sólido, se comportaría a esas escalas de tiempo como un material que cede y cambia de forma poco a poco. ScienceDaily lo resume diciendo que el interior más profundo del planeta respondería a las fuerzas de manera mucho más dinámica de lo que su composición sólida haría pensar.

Limitaciones y cautelas

La nota de prensa no detalla las limitaciones del trabajo, pero conviene tenerlas en cuenta. El núcleo interno no se puede observar directamente. Todo lo que sabemos de él viene de mediciones indirectas, como las ondas sísmicas o el campo magnético, y de modelos físicos que las interpretan. La serie de datos magnéticos que usa el estudio abarca unas tres décadas, poco tiempo para fenómenos que se repiten a lo largo de varias. Por eso la explicación es sólida como hipótesis, pero tendrá que contrastarse con más años de observación y con otros equipos. La rotación del núcleo interno, de hecho, lleva años siendo un tema debatido en geofísica.

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Foto: Drdan14 at English Wikipedia · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Tampoco hay que sacar conclusiones exageradas. Hablamos de milisegundos: nada que afecte a la vida diaria ni que tenga relación con catástrofes. Es un efecto diminuto que solo detectan los instrumentos más precisos.

Por qué importa

Medir con precisión cuánto dura el día es fundamental para la navegación por satélite, la astronomía y el ajuste de los relojes que sincronizan internet y las telecomunicaciones. Entender de dónde salen las variaciones lentas ayuda a predecirlas mejor. Además, el estudio abre una ventana al corazón del planeta: si el núcleo interno cambia de forma y empuja al manto por gravedad, la duración del día se convierte en un sensor natural de lo que ocurre a más de cinco mil kilómetros de profundidad. Es un buen ejemplo de cómo un dato aparentemente trivial, unos milisegundos de más o de menos, puede contar mucho sobre cómo funciona la Tierra por dentro.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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