En Ferrara hay un Coliseo de hormigón que nació para destilar alcohol
La Torre Óculo de Ferrara parece un estadio futurista, pero era el corazón de una destilería de melaza de remolacha. Cerró la fábrica, la derribaron casi entera y ella sigue en pie.

Imagina que vas paseando por Ferrara, una ciudad italiana conocida por su casco histórico renacentista, y de repente te encuentras con algo que parece el Coliseo de Roma después de pasar por un estudio de arquitectura de los años sesenta. Redondo, de hormigón, con siete plantas de ventanas en fila y un agujero enorme en el centro. Tu cerebro piensa en un estadio o en un plató de ciencia ficción. Pues no: era una destilería. Concretamente, el corazón de una fábrica de alcohol.
Se llama Torre Óculo (Oculus Tower) y, según recoge Atlas Obscura, es lo más reconocible que queda del antiguo complejo industrial de Eridania en Ferrara. Un edificio que se construyó para algo tan prosaico como fabricar alcohol y que ha acabado pareciendo un anfiteatro.
Un Coliseo donde los gladiadores eran alambiques
La gracia de la torre está en lo que no tiene: el centro. Las siete plantas forman galerías circulares alrededor de un gran vacío interior, como los graderíos de un estadio que alguien hubiera apilado en vertical. Ese hueco no era un capricho estético. Ahí dentro estaban los equipos de destilación, la maquinaria que convertía materia prima en alcohol.

Y para que los operarios no trabajaran a oscuras, arriba del todo había una gran claraboya de cristal, el famoso óculo que da nombre al edificio. La luz natural bajaba por el vacío central e iluminaba todo el interior. Es decir, que mientras el Panteón de Roma usaba su óculo para dejar entrar la luz sobre los dioses, en Ferrara lo usaban para alumbrar alambiques. Cada época tiene sus prioridades.
Por fuera, la estructura es de hormigón armado salpicado de hileras de ventanas. Ese ritmo repetido de huecos es justo lo que le da ese aire inesperado de Coliseo moderno. Si los romanos hubieran tenido hormigón armado y una obsesión por la eficiencia industrial, probablemente les habría salido algo parecido.
De la remolacha al pintalabios
Lo que se cocía (o mejor dicho, se destilaba) dentro de esta torre tenía un origen muy humilde: la melaza de remolacha, el jarabe espeso que queda como subproducto cuando se extrae azúcar de la remolacha. Lo que para otros era un resto, aquí era materia prima.

A partir de esa melaza, la destilería producía tres tipos de alcohol:
- Alcohol bruto, el producto básico, sin refinar.
- Alcohol refinado, más puro, apto para usos más delicados.
- Alcohol desnaturalizado, el que se trata para que no sea bebible y se destina a la industria.
Y el destino de todo eso era sorprendentemente variado: desde licores hasta cosméticos y productos farmacéuticos. Así que una misma remolacha podía acabar, con un poco de suerte y mucha química, en una copa de sobremesa, en un frasco de perfume o en el botiquín. Pocas hortalizas pueden presumir de un currículum tan versátil.
El último superviviente del complejo
Como tantas fábricas europeas, el complejo de Eridania cerró en la década de los 2000. Después llegó lo habitual: las piquetas. Buena parte del recinto se fue demoliendo poco a poco, nave a nave, hasta que el paisaje industrial se quedó casi vacío.
Casi. Porque la torre circular siguió en pie y hoy es el elemento más reconocible de lo que fue aquel conjunto. Sin la maquinaria que llenaba su enorme interior, el edificio ha cambiado de personalidad: ya no parece una fábrica, sino un escenario. Monumental, geométrico y, como lo describe la propia Atlas Obscura, "extrañamente teatral". Es la paradoja de la arqueología industrial: cuando a un edificio le quitas la función, a veces le aparece el alma.
Si alguna vez te cuentan que el hormigón no tiene gracia, ya tienes un contraejemplo de siete plantas. Y si alguien te pregunta qué hace un Coliseo en mitad de Ferrara, la respuesta corta es: "Fabricar alcohol". La larga es todo este artículo.
Por qué importa
La Torre Óculo es un buen ejemplo de por qué merece la pena mirar con otros ojos los edificios industriales. Detrás de una estructura que hoy parece pura escultura hay una historia de cómo se aprovechaban los subproductos agrícolas para abastecer sectores tan distintos como la alimentación, la cosmética o la farmacia. Conservar piezas así ayuda a entender cómo se trabajaba y se producía en el siglo XX, y demuestra que el patrimonio no son solo catedrales y palacios: a veces también es una destilería con complejo de anfiteatro romano.
- Oculus Tower in Ferrara, Italy — Atlas Obscura
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