Tiene las 16 piezas intactas y aun así está a una jugada de perder
Un problema rescatado por Futility Closet sienta a las blancas con su ejército entero y a las negras con rey y alfil. Y son las negras las que amenazan mate.

Hay una forma muy específica de sentirse ridículo delante de un tablero de ajedrez: mirar tu bando, comprobar que no te falta ni un peón, que los dos alfiles siguen en pie, que las torres no se han despeinado, que la dama está fresca como una lechuga… y descubrir que estás a una sola jugada de comer mate. No es una pesadilla: es un problema de ajedrez que Futility Closet desempolvó el 24 de septiembre de 2026, y que da un gusto especial precisamente por lo humillante del planteamiento.
El reparto de fuerzas es de chiste. Las blancas conservan sus dieciséis hombres, es decir, la posición de salida completa sin una sola baja. Las negras tienen dos trastos: el rey y un alfil. Si hacemos la cuenta clásica de valores (peón 1, caballo y alfil 3, torre 5, dama 9), las blancas suman 39 puntos de material y las negras, 3. Trece a uno. En una partida normal, a esas alturas el rival ya se habría rendido, habría pedido la revancha y habría pagado los cafés.
Dieciséis contra dos
Y sin embargo la amenaza no va en la dirección que esperas. Son las negras las que están a punto de rematar: si su alfil se lleva un caballo blanco, el mate es inmediato. No hay una combinación larga ni un sacrificio barroco; hay una captura, y se acabó la partida. Ese es el chascarrillo que sostiene todo el problema: el bando que no ha perdido absolutamente nada es el que está contra las cuerdas.

El enunciado, además, no se conforma con pedir la salvación. Pregunta algo más elegante: si cada bando emplea todos los recursos legales a su alcance, ¿cómo termina esto? Es decir, no basta con esquivar el mate una vez. Hay que ver hasta dónde llega el estirón.
El problema es el propio ejército
¿Cómo se llega a semejante ridículo? Por la misma razón por la que no puedes salir corriendo de un ascensor lleno: no te bloquean los enemigos, te bloquean los tuyos. En ajedrez esto tiene nombre propio y una tradición larguísima entre compositores: se llama autobloqueo. Un rey rodeado por sus propias piezas no tiene casillas de huida, así que cualquier jaque que no se pueda tapar ni capturar es mate directo. La versión más famosa de la idea es el mate de la coz, en el que un caballo ejecuta a un rey encerrado por su propia gente; aquí el verdugo es un alfil, pero el mecanismo moral es idéntico.

Por eso el material sobrante, en esta posición concreta, no es un colchón: es un tapón. Cada torre inmóvil y cada peón en su casilla de origen contribuyen alegremente a la asfixia de su propio rey. Las blancas no tienen un problema de recursos, tienen un problema de espacio.
La pista que da la fuente es una sola jugada, y es de alfil. En el original se resume así:
«White can stave off mate with 1. Bh2!» (Futility Closet)
Traducido a lo llano: con 1.Ah2 las blancas aplazan la ejecución. Aplazan, no resuelven. A partir de ahí empieza la parte divertida, la de rascar el reglamento a ver qué queda. Porque el ajedrez ofrece varias maneras de no perder que no consisten en ganar: el rey ahogado (si un bando no está en jaque pero no tiene ninguna jugada legal, la partida es tablas), la repetición de posición o la regla de las cincuenta jugadas. Un bando con 39 puntos de material aspirando al ahogado es, en sí mismo, un buen chiste visual.
La procedencia del problema tiene también su punto entrañable. Futility Closet reconoce que no sabe quién lo ideó y explica que lo encontró en The Batsford Chess Puzzle Book (2002). Es decir: una de las posiciones más gamberras que vas a ver este mes circula por los libros huérfana, sin autor que reclame la paternidad. Cosas del gremio de la composición ajedrecística, donde las ideas viajan de antología en antología como chistes de patio de colegio.
Conviene recordar que un problema compuesto no pretende parecerse a una partida real. No busca ser probable, busca ser bonito. Es más cercano a un truco de magia o a un acertijo de lógica que a un torneo: alguien coloca las piezas a mano para que ocurra una única cosa preciosa y absurda, y luego te reta a encontrarla.
Por qué importa
Más allá del tablero, el problema funciona como una metáfora incómoda y muy reutilizable: acumular recursos no es lo mismo que tener margen de maniobra. Se puede estar lleno de medios y completamente atascado; se puede tener el ejército entero y ni un hueco por donde respirar. Por eso este tipo de composiciones aguantan décadas circulando: no enseñan una apertura ni un final de manual, enseñan a desconfiar del marcador. La próxima vez que mires un tablero (o una hoja de cálculo) y pienses «voy sobradísimo», acuérdate de las blancas con sus dieciséis piezas rezando por un ahogado.

- Black and White — Futility Closet
- The Batsford Chess Puzzle Book (2002) — Batsford
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios