EDICIÓN Nº 018 · Viernes 2 oct 2026
Ciencia

La dieta MIND se asocia a un cerebro que envejece hasta 2,5 años más despacio

Un seguimiento de 12 años a 1.647 adultos del estudio Framingham relaciona seguir mejor la dieta MIND con menos pérdida de materia gris. Los frutos rojos y el pollo salen bien parados; los dulces y la fritura rápida, no.

Redacción2026-10-02dieta MIND · cerebro · envejecimiento · nutrición · neurociencia
Sagittal MRI scan of brain of patient with Chiari malformation
Foto: Raymond F Sekula Jr, Peter J Jannetta, Kenneth F Casey, Edwa · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Starr-170721-0254-Carica papaya-homegrown fruit bowl also with Anna and Dorsett Golden apples Olinda Gold pineapples blu
Foto: Forest and Kim Starr · CC BY 3.0 us · Wikimedia Commons

Que lo que comemos influye en el cerebro no es ninguna novedad. Lo interesante es medirlo: cuánto tejido cerebral se pierde con los años y si esa pérdida cambia según la dieta. Eso es lo que ha intentado un equipo encabezado por Hui Chen, con un estudio publicado en Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry (BMJ). Según sus resultados, quienes seguían más de cerca la llamada dieta MIND perdían materia gris más despacio, y la diferencia más clara equivale a unos 2,5 años de envejecimiento cerebral retrasado.

Este texto es un resumen propio a partir de la nota de prensa difundida por ScienceDaily y de los datos del artículo. No es una traducción.

Qué es la dieta MIND y cómo se ha medido

MIND es una dieta que mezcla la mediterránea y la DASH (pensada en origen para la tensión arterial) y prioriza alimentos que se han vinculado con la salud del cerebro. Para medir cuánto se ajusta alguien a ella se usa una puntuación de 0 a 15: suman puntos alimentos como las verduras de hoja, los frutos rojos, los frutos secos o las aves, y los restan los dulces, la fritura o la comida rápida.

MRI brain tumor
Foto: Bobjgalindo · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Los investigadores trabajaron con 1.647 personas de la cohorte de descendientes del Framingham Heart Study, uno de los estudios de salud más largos de Estados Unidos. Al empezar tenían una media de 60 años. Así se recogieron los datos:

  • Dieta: cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos rellenados entre 1991 y 2001.
  • Cerebro: resonancias magnéticas cada 2 a 6 años entre 1999 y 2019, con un seguimiento medio de unos 12 años.
  • Medidas: volumen cerebral total, materia gris y blanca, hipocampo, ventrículos, líquido cefalorraquídeo y lesiones de la sustancia blanca.

La puntuación media de los participantes se quedó en algo menos de 7 sobre 15, así que la mayoría estaba lejos del ideal.

Los resultados: materia gris, ventrículos y alimentos concretos

El dato principal es este: cada 3 puntos más en la escala MIND se asociaban a perder 0,279 cm³ menos de materia gris al año. Según los autores, eso supone un 20 % menos de declive ligado a la edad, lo que equivale a unos 2,5 años de envejecimiento cerebral retrasado.

Blueberries bowl
Foto: Nikowsk · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

También se fijaron en los ventrículos, unas cavidades del cerebro que se agrandan a medida que el tejido de alrededor se encoge. Por cada 3 puntos más, crecían algo menos: un 8 % menos de pérdida de tejido, o alrededor de un año de envejecimiento ahorrado.

Si se miran los alimentos uno a uno:

  • Frutos rojos: los ventrículos crecían más despacio.
  • Aves: los ventrículos crecían más despacio y se perdía menos materia gris.
  • Dulces: los ventrículos crecían más deprisa y el hipocampo se atrofiaba más. El hipocampo es una estructura clave para la memoria.
  • Fritos y comida rápida: el hipocampo perdía más volumen.

Hubo dos sorpresas. El queso, que la dieta MIND recomienda limitar, apareció ligado a un declive menor. Los cereales integrales, que sí recomienda, se asociaron a más pérdida de tejido. Son resultados que conviene leer con cautela y que habrá que comprobar en otros estudios.

Para explicar el efecto, los autores apuntan a que los antioxidantes de los frutos rojos y la proteína de calidad de las aves podrían «reducir el estrés oxidativo y mitigar el daño neuronal». En cambio, las grasas y los compuestos que se forman al freír favorecerían la inflamación y el daño en los vasos sanguíneos. La relación también fue más fuerte en las personas mayores, en las más activas físicamente y en quienes no tenían sobrepeso.

Lo que este estudio no puede decir

Es un estudio observacional: encuentra asociaciones, pero no demuestra que la dieta sea la causa. Y hay que tener en cuenta varias limitaciones que los propios autores reconocen:

Honeydew melon and blueberries and strawberries in bowl
Foto: Tomwsulcer · CC0 · Wikimedia Commons
  • Quienes seguían mejor la dieta eran con más frecuencia mujeres, tenían más estudios universitarios, fumaban menos y padecían menos obesidad, diabetes, hipertensión o enfermedad cardiovascular. Los análisis intentan corregir esas diferencias, pero es difícil separar del todo la dieta del estilo de vida en general.
  • Los cuestionarios dependen de la memoria de cada participante, que a veces falla.
  • La dieta se midió en los años noventa y no se tuvieron en cuenta los cambios posteriores ni los factores genéticos.
  • No se pudo descartar que algunas personas tuvieran ya un deterioro cognitivo leve al principio.
  • Casi todos los participantes eran blancos, así que no se sabe si los resultados valen igual para otras poblaciones.

Además, el estudio mide volúmenes cerebrales, no memoria ni demencia. Encoger menos es una buena señal, pero no garantiza por sí solo que la mente funcione mejor.

Por qué importa

Con poblaciones cada vez más envejecidas, cualquier hábito sencillo que ayude a frenar la neurodegeneración tiene un interés enorme. Este trabajo no ofrece una receta milagrosa, pero sí aporta medidas objetivas del cerebro, tomadas durante más de una década, que encajan con lo que ya se sospechaba: más frutos rojos y verduras, menos dulces y menos fritura. Además, cuantifica el efecto, algo que hasta ahora faltaba. Los próximos pasos deberían ser ensayos controlados y poblaciones más diversas, para saber si cambiar de dieta protege de verdad el cerebro o si solo acompaña a una vida más sana en general.

Fuente: Hui Chen, Gulisiya Hailili, Lu-sha Tong, Leqi Fei, Yaying Cao, Xin Xu, Xue Li, Debora Melo van Lent y Changzheng Yuan. Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry, 2026; 97(6): 505. DOI: 10.1136/jnnp-2025-336957. Nota de prensa vía ScienceDaily.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios