El mar como termómetro: los modelos fallan más de un 10 % en algunas cuencas
Un equipo de la Universidad de Bonn mide cuánto se calientan los océanos a partir de lo que se dilata el agua. En el total cuadra con los modelos, pero cuenca a cuenca las diferencias superan a veces el 10 %.

Cuando hablamos de calentamiento global solemos pensar en el aire: olas de calor, veranos más largos, récords en el termómetro. Pero la mayor parte de la energía extra que retiene la Tierra no se queda en la atmósfera. Según el equipo que firma este trabajo,
«Alrededor del 90 % de este calor adicional lo absorben los océanos»y eso influye en el nivel del mar, en las olas de calor marinas y en fenómenos como El Niño. Por eso saber con precisión cuánto calor almacena el mar, y dónde, es una de las cuentas más importantes de la ciencia del clima.
Un grupo de geodestas de la Universidad de Bonn (Alemania) acaba de publicar un método que usa el propio océano como termómetro. Su conclusión: a escala planetaria los números cuadran con los modelos climáticos, pero cuando se baja al detalle de cada cuenca oceánica aparecen diferencias que, según los autores, llegan a veces a superar el 10 %.
Cómo se mide el calor del mar desde el espacio
La idea de fondo es sencilla: el agua se dilata al calentarse. Si el océano gana calor, ocupa más volumen y el nivel del mar sube. El problema es que el nivel del mar también sube por otro motivo: el agua que llega del deshielo de glaciares y casquetes polares. Para quedarse solo con la parte debida al calor hay que separar ambos efectos, y eso exige combinar varias fuentes de datos:

- Altímetros radar en satélites, que miden la altura de la superficie del mar con gran precisión.
- Los satélites GRACE, que detectan cambios minúsculos en el campo gravitatorio terrestre y permiten calcular cuánta masa de agua (por ejemplo, la procedente del hielo fundido) se ha añadido al océano.
- Las boyas Argo, una red de flotadores que miden la temperatura y la salinidad de las capas superiores del océano.
La novedad del método, bautizado GAAMR, está en cómo junta todo esto. En lugar de suponer que el agua se dilata igual en todas partes, el equipo calcula coeficientes de expansión térmica regionales, porque la dilatación depende de la temperatura y la salinidad de cada zona. Las tres observaciones se integran en un único marco matemático (una «inversión conjunta») que busca la solución más coherente con todos los datos a la vez.
Qué han encontrado
Para el periodo 2005-2015, el estudio estima que el océano absorbió de media unos 0,62 vatios por metro cuadrado de superficie terrestre, con una tendencia al alza de 0,20 ± 0,24 W/m² por década (un margen de incertidumbre todavía amplio). El reparto por cuencas en ese periodo fue de aproximadamente 0,23 W/m² para el Pacífico, 0,20 para el Índico y 0,13 para el Atlántico.

Ese dato del Índico llama la atención: es un océano bastante más pequeño que el Pacífico y, aun así, entre 2005 y 2015 acumuló una cantidad de calor inusualmente alta. Al ampliar el análisis a casi dos décadas, el reparto se equilibra y cada uno de los tres grandes océanos acaba absorbiendo en torno a un tercio del calor adicional.
La comparación con los modelos es el punto clave. Sumando todos los océanos, las cifras de Bonn coinciden con las simulaciones climáticas. Pero en cuencas concretas las desviaciones alcanzan porcentajes de dos cifras. Dicho de otro modo: los modelos aciertan con el total del calor, pero no siempre con dónde se guarda.
Limitaciones del estudio
Los propios autores señalan varios puntos débiles que conviene tener presentes:

- Las zonas polares (Ártico y océano Austral) apenas tienen cobertura de boyas Argo, así que allí el método se apoya más en modelos que en observaciones.
- El océano profundo reacciona mucho más despacio y sus estimaciones son más inciertas que las de las capas superficiales.
- El relevo entre misiones GRACE dejó un hueco de datos entre 2016 y 2018 que afecta a la serie larga.
- Las discrepancias en el Índico entre distintos conjuntos de datos siguen sin una explicación completa.
Además, la serie arranca en 2005 porque antes la red Argo no cubría todo el planeta, lo que limita la comparación con épocas anteriores.
Por qué importa
El calor del océano no se queda quieto: alimenta tormentas, desplaza ecosistemas marinos, eleva el nivel del mar y condiciona el clima de las costas. Si los modelos reparten mal ese calor entre cuencas, las proyecciones regionales (qué costas sufrirán más subida del mar u olas de calor marinas) pueden desviarse aunque la cifra global sea correcta. Disponer de una medición independiente, basada en satélites y boyas, sirve para comprobar y afinar esos modelos justo donde más se necesitan: a escala regional, que es donde se toman las decisiones de adaptación. Esta pieza es un resumen propio del estudio y de la nota de la Universidad de Bonn, no una traducción. El artículo original es: Uebbing, B., Vielberg, K., Rietbroek, R., Aschenneller, B., Köhl, A. y Kusche, J., «Improving global and regional ocean heat content by consistently combining GRACE gravity, satellite altimetry and Argo profile observations in a joint inversion framework», Earth System Science Data (2026), DOI: 10.5194/essd-18-6945-2026, con licencia CC BY 4.0.
- How much are the world's oceans warming? New method reveals double-digit percentage gaps from climate models — Phys.org
- Improving global and regional ocean heat content by consistently combining GRACE gravity, satellite altimetry and Argo profile observations in a joint inversion framework — Earth System Science Data
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