Seis especies de rapaces usan una planta solar de Sevilla para posarse y cazar
Un equipo de la Universidad de Málaga siguió durante dos años y medio a las aves rapaces de una planta fotovoltaica sevillana de 299 hectáreas. Encontró seis especies que la usan con regularidad y no registró ninguna colisión.

Cuando se habla del impacto de las renovables en la fauna, la conversación suele girar hacia los aerogeneradores y sus palas. Las plantas fotovoltaicas, con sus filas de paneles inmóviles, reciben menos atención. Sin embargo, ocupan mucho terreno y cada vez hay más. Ese terreno no desaparece para los animales: cambia. Un estudio de la Universidad de Málaga (UMA) se ha propuesto medir ese cambio con datos de campo, y lo que ha encontrado en Sevilla es bastante curioso.
Los investigadores vigilaron una planta solar de 150 megavatios y 299 hectáreas en la provincia de Sevilla durante sus primeros dos años y medio de funcionamiento. En ese tiempo comprobaron que seis especies de aves rapaces la visitan con regularidad. El trabajo se ha publicado en la revista científica Journal of Raptor Research con el título «Raptors Using a Solar Photovoltaic Facility in Southern Spain».
Quién vive entre los paneles
Estas son las seis especies que el equipo detectó en la instalación:

- Milano negro, la más abundante de todas.
- Ratonero común, en segundo lugar.
- Cernícalo vulgar, en tercer lugar.
- Milano real.
- Águila calzada.
- Mochuelo, la única rapaz nocturna de la lista.
Su comportamiento no tiene mucho misterio: se posan en las estructuras, vuelan entre las hileras de paneles y aprovechan la zona para buscar comida. De ahí viene la idea de «coto de caza» que recogen los medios que han contado la noticia. Para un depredador que caza al acecho, como el ratonero o el cernícalo, una estructura metálica elevada en mitad de un campo llano funciona como un buen mirador.
El dato más importante para quien se preocupa por la fauna es otro. Durante todo el periodo de estudio, el equipo no registró colisiones ni muertes relacionadas con los módulos, las estructuras de soporte o el vallado perimetral.
Cómo es por dentro una planta fotovoltaica
Para entender por qué una rapaz puede encontrarse a gusto en un sitio así, conviene saber cómo es una planta solar de este tamaño. No es una superficie continua de cristal. Son filas de paneles montadas sobre estructuras de acero, normalmente a uno o dos metros del suelo, separadas por pasillos que permiten el mantenimiento y evitan que unas filas den sombra a otras. Todo el recinto está vallado, y debajo y entre los paneles sigue habiendo suelo, a menudo con vegetación.

Muchas instalaciones modernas usan seguidores, unos mecanismos que giran los paneles a lo largo del día para que miren siempre hacia el sol. Para un ave, el resultado es un paisaje con muchos posaderos, zonas de sombra y terreno abierto, dentro de un recinto donde hay poca actividad humana. El material disponible no detalla qué presas cazan las rapaces en la planta. Lo razonable es pensar que el terreno vallado y poco transitado resulta atractivo para pequeños animales, pero esa hipótesis tendrá que comprobarse con más estudios.
El entorno también influye. La planta está en un paisaje llano o ligeramente ondulado, dominado por cultivos de cereal y salpicado de olivares y manchas de vegetación natural, como pinos piñoneros. En una zona así escasean los árboles y los puntos elevados, de modo que cualquier estructura que permita otear el terreno tiene valor para un ave cazadora.
La letra pequeña
Conviene no sacar conclusiones demasiado amplias. Estos resultados tienen límites claros:

- Una sola instalación. Lo observado en una planta sevillana rodeada de cereal no tiene por qué repetirse en otro paisaje, con otro diseño o con otras especies.
- Dos años y medio. Es un seguimiento serio, pero cubre solo los primeros años de una infraestructura que funcionará durante décadas.
- Que haya rapaces no lo resuelve todo. Que unas especies se adapten no garantiza que les vaya bien a otras. Las aves esteparias, que dependen de grandes espacios abiertos, podrían reaccionar de forma muy distinta a la llegada de miles de paneles.
Los propios autores son conscientes de esto último. Su siguiente paso es ampliar el trabajo a toda Andalucía para estudiar cómo afecta la expansión fotovoltaica a las aves esteparias de los paisajes agrícolas abiertos. La investigación forma parte del Plan Complementario de I+D+i en Biodiversidad.
El estudio se suma a otros trabajos que señalan efectos positivos inesperados de las plantas solares, como su uso combinado con el pastoreo de ovejas, que aprovechan la sombra de los paneles. Esto no convierte cada instalación en una reserva natural. Lo que sí demuestra es que el diseño y la gestión de estas plantas importan, y mucho.
Por qué importa
España está instalando fotovoltaica a gran escala, y el debate sobre su impacto ambiental suele basarse más en suposiciones que en mediciones. Estudios de campo como este aportan datos concretos: qué especies usan las plantas, para qué las usan y si sufren daños. Con información así se pueden diseñar instalaciones que, además de producir electricidad, convivan mejor con la fauna. También permite detectar a tiempo qué especies salen perdiendo, que es justo lo que el equipo de Málaga quiere averiguar ahora con las aves esteparias.
Fuentes: Xataka; Portal de la Investigación de la Universidad de Málaga; pv magazine. Estudio: «Raptors Using a Solar Photovoltaic Facility in Southern Spain», Journal of Raptor Research (2026).
- Las aves rapaces en Sevilla han encontrado un refugio y coto de caza insólito: entre paneles solares — Xataka
- Raptors Using a Solar Photovoltaic Facility in Southern Spain — Universidad de Málaga – Portal de la Investigación
- Solar parks provide refuge and hunting grounds for birds of prey — pv magazine (vía now.solar)
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