EDICIÓN Nº 055 · Domingo 8 nov 2026
Ciencia

Una tumba escita de Siberia guarda la prueba más antigua del cannabis psicoactivo

Unas 1.000 semillas y restos químicos en cabellos humanos revelan que, hace unos 2.800 años, los escitas de Tuvá ya usaban el cannabis por sus efectos.

Redacción2026-11-08arqueología · escitas · Siberia · cannabis · radiocarbono
004 Cannabis seed shop in Amsterdam, Netherlands
Foto: Marek Ślusarczyk (Tupungato) Photo portfolio · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
A Scythian (reconstruction by Dimitri Pozdniakov)
Foto: Dimitri Pozdniakov · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

En el sur de Siberia, en la República de Tuvá, un equipo internacional de arqueólogos ha estudiado una tumba escita que tiene unos 2.800 años. Allí ha encontrado la prueba arqueológica fechada directamente más antigua del consumo de cannabis por sus efectos psicoactivos. El estudio, dirigido por Gino Caspari, de la Universidad de Berna y del Instituto Max Planck de Geoantropología de Jena, se ha publicado en la revista Science. Este artículo es un resumen propio a partir de la nota de prensa de la Universidad de Berna y de la información publicada por ScienceDaily. No es una traducción del trabajo original.

Que los pueblos nómadas de las estepas conocían el cannabis no es nuevo. Ya en el siglo V a. C., el historiador griego Heródoto describió a los escitas purificándose con el humo de unas semillas echadas sobre piedras calientes. Lo novedoso es la combinación de pruebas: restos vegetales abundantes, una datación precisa y huellas químicas en los propios cuerpos de los enterrados.

Qué han encontrado en la tumba

Los investigadores describen el enterramiento como una tumba principesca, construida para miembros destacados de la sociedad escita. El contexto ritual es impresionante. Trabajos anteriores ya habían identificado 18 caballos colocados a propósito sobre el túmulo, y las nuevas excavaciones han encontrado indicios de varias decenas más de caballos sacrificados. También hay huesos humanos dispersos que, según el equipo, apuntan muy probablemente a sacrificios humanos.

Hemp Seeds protein1
Foto: MPart4 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

En ese escenario aparecieron alrededor de 1.000 semillas de cannabis, sorprendentemente bien conservadas. Según Caspari,

«Las semillas muestran que el cannabis tuvo un papel importante en los rituales que rodearon el enterramiento»
Aun así, las semillas por sí solas no demuestran que alguien consumiera la planta para alterar la conciencia. Para eso hacía falta otra prueba.

Cómo lo han demostrado

El equipo usó dos métodos complementarios:

Hemp bunch-dried out -seeds close up PNr°0063
Foto: D-Kuru · CC BY-SA 3.0 at · Wikimedia Commons
  • Datación por radiocarbono: se fecharon seis semillas por separado. Junto con otros indicios cronológicos, los resultados sitúan su depósito en la tumba a principios del siglo VIII a. C., hace casi 2.800 años.
  • Química en el cabello: se analizó pelo humano de la cámara funeraria central con espectrometría de masas de alta resolución, entre otras técnicas. Varias muestras dieron señales claras compatibles con cannabinol (CBN), un compuesto que puede formarse cuando se oxida el THC, el principal componente psicoactivo del cannabis. También aparecieron señales más débiles que coinciden con la masa del propio THC.

Lo valioso es unir ambas líneas de evidencia. Las semillas indican que la planta estaba presente en el ritual. Los compuestos del cabello indican que sus principios activos llegaron al organismo de las personas enterradas. Hasta ahora, la mayoría de las pruebas sobre el uso psicoactivo del cannabis en Asia Central venían de yacimientos posteriores, con piedras calentadas o recipientes con residuos de cannabinoides, pero sin ese vínculo directo con el cuerpo humano.

Lo que el estudio no puede decir

Los propios autores marcan varios límites a sus conclusiones:

Scythian gold comb with the image of a battle scene, from the Solokha kurgan, 430-390 BC (47362587962)
Foto: Levan Ramishvili from Tbilisi, Georgia · Public domain · Wikimedia Commons
  • No se sabe cuánto se consumía ni cómo. La química confirma la exposición, pero no aclara si fue por inhalación de humo o por otra vía, ni en qué cantidad.
  • No se conoce la potencia de la planta. No es posible saber cuánto THC tenían aquellas plantas ni si eran especialmente fuertes.
  • Probablemente era cannabis silvestre. Las semillas parecen venir de plantas salvajes, y el estudio no puede confirmar que los escitas las cultivaran o seleccionaran variedades más potentes de forma deliberada.

Para responder a estas preguntas, el equipo ya ha empezado a secuenciar el ADN de los restos vegetales, que se han conservado en un estado excelente. Con esos datos esperan entender mejor cómo se domesticó el cannabis y cómo se extendió por Eurasia.

Por qué importa

El hallazgo convierte en dato fechado y medido lo que hasta ahora se apoyaba sobre todo en textos antiguos y en restos de épocas posteriores. Muestra que, hace casi tres milenios, el cannabis ya formaba parte de los grandes rituales funerarios de las élites de la estepa y que sus compuestos activos llegaron a los cuerpos de los enterrados. Además, el método de cruzar restos de plantas con trazas moleculares en el cabello sirve como modelo para estudiar el uso antiguo de otras sustancias. Y el ADN de estas semillas, tan bien conservadas, puede ayudar a reconstruir la historia de una de las plantas más ligadas a la humanidad.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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