EDICIÓN Nº 055 · Domingo 8 nov 2026
Ciencia

La Europa salvaje no era un bosque cerrado: 20 millones de años de praderas y pastos

Un estudio de la Universidad de Aarhus reúne polen, fósiles y ADN antiguo y concluye que Europa fue durante millones de años un mosaico de arbolado abierto y praderas, moldeado por grandes herbívoros.

Redacción2026-11-08paleoecología · Europa · biodiversidad · grandes herbívoros · reforestación
Canalside grazing on Flute Meadow near Sandon, Staffordshire - geograph.org.uk - 6446717
Foto: Roger D Kidd · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA

Si cerramos los ojos e imaginamos la Europa salvaje antes de los humanos, lo normal es pensar en un bosque espeso y oscuro, con copas que tapan el cielo de los Pirineos a los Urales. Es una imagen muy asentada, incluso entre especialistas, y tiene nombre: el paradigma del bosque cerrado. Según una revisión publicada en la revista Biological Conservation, esa imagen se parece poco a lo que hubo durante la mayor parte de la historia del continente.

El trabajo, dirigido por el doctorando Szymon Czyżewski y el catedrático Jens-Christian Svenning, del Centro de Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (ECONOVO) de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), sostiene que durante más de 20 millones de años lo habitual en Europa fue otra cosa: un mosaico cambiante de arbolado disperso, claros, pastizales y praderas en flor, que se mantenían abiertos gracias a los grandes animales que pastaban. Este artículo es un resumen propio, elaborado a partir de la nota de prensa de la universidad. No es una traducción del paper.

Cómo se reconstruye un paisaje de hace millones de años

Nadie puede hacer una foto de la Europa del Mioceno, el periodo que empezó hace unos 23 millones de años. Lo que sí se puede hacer es reunir pistas. Los 21 autores revisaron varias líneas de evidencia paleoecológica que abarcan desde el Mioceno hasta la época preindustrial. Según la universidad, los estudios anteriores se habían centrado sobre todo en periodos mucho más recientes. Las pistas son de varios tipos:

Cattle on a ranch near Soldiers Meadow Reservoir on Craig Mountain near Lewiston, Idaho (20180524-KS-Reclamation-0138)
Foto: USDAgov · Public domain · Wikimedia Commons
  • Polen fósil y restos vegetales, que indican qué plantas crecían y en qué proporción.
  • Carbón de incendios antiguos, que da pistas sobre la estructura y la inflamabilidad de la vegetación.
  • Firmas químicas en dientes y huesos de herbívoros, que revelan si comían hierba, hojas o una mezcla.
  • Insectos y mamíferos fósiles, que delatan el tipo de hábitat en el que vivían.
  • ADN ambiental antiguo conservado en sedimentos.

La clave está en combinarlas. Una sola técnica puede llevar a engaño: el polen, por ejemplo, no cuenta toda la historia de la cubierta arbórea. Por eso el equipo cruza los distintos indicadores. Czyżewski lo resume así:

«Cada tipo de indicador ofrece su propia perspectiva, pero juntos nos permiten ver si los paisajes estaban cubiertos de bosques densos, praderas abiertas o una mezcla».

Elefantes, rinocerontes y uros como jardineros

El resultado que describen es un paisaje que cambiaba sin parar, con más o menos árboles según el lugar y la época. Esa mezcla aparece en climas templados parecidos al actual, pero también en fases más cálidas y más frías. Detrás de esa apertura estaban los grandes herbívoros: elefantes primitivos, rinocerontes, caballos y, más tarde, uros y bisontes. Al comer, ramonear y pisotear, abrían huecos donde prosperaban las gramíneas y las flores silvestres. Los castores también contribuían a esas perturbaciones.

Dolomitas, flora 1995 08
Foto: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

De aquí sale una idea curiosa. Muchas especies que hoy consideramos «de campo de cultivo», como las alondras, las grajillas, el hámster europeo o la amapola silvestre, probablemente evolucionaron en esos claros y pastos antiguos, mucho antes de que existiera la agricultura. La amapola, por ejemplo, se habría beneficiado del terreno removido por los animales. Visto así, el bosque denso y continuo sería un fenómeno bastante reciente en la historia ecológica de Europa.

Según Czyżewski, el cambio más drástico se ha producido en los últimos cien años aproximadamente, cuando desapareció de grandes zonas el pastoreo extensivo tradicional, que en parte cumplía la función que antes tenían los herbívoros salvajes.

Lo que el estudio no dice (todavía)

Conviene leer estas conclusiones con cautela. Se trata de una revisión que integra datos ya publicados, no de una excavación nueva, y la nota de prensa no detalla cuántos yacimientos o registros se analizaron ni qué regiones están mejor o peor representadas. Tampoco habla de incertidumbres en la datación ni de los sesgos de cada técnica, que existen. Además, el trabajo amplía investigaciones anteriores del mismo grupo, que lleva años defendiendo el papel de los grandes herbívoros, así que hará falta ver cómo lo reciben otros equipos. El propio comunicado reconoce que los bosques aportan beneficios ambientales. Lo que critica es la plantación densa y uniforme cuando el objetivo es recuperar los ecosistemas originales.

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Foto: Eric Jones · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Por qué importa

En toda Europa se plantan árboles para capturar carbono y recuperar biodiversidad, y muchas veces se da por hecho que el bosque espeso es el «estado natural» al que hay que volver. Si este estudio está en lo cierto, cubrir grandes superficies con arbolado cerrado y homogéneo podría perjudicar a las especies que evolucionaron en praderas y claros. Los autores proponen restaurar mosaicos de bosque y espacios abiertos, devolver al paisaje grandes herbívoros que vivan en libertad y dejar de planificar «bosque» y «pradera» como compartimentos separados. Es decir, ver el paisaje como una mezcla de bosque y pradera, no como la elección entre uno u otro.

Fuente: Czyżewski, S., Svenning, J.-C. et al. (21 autores), «Revisiting Europe's temperate forests: Palaeoecological evidence for an herbivory-driven woodland-grassland mosaic biome», Biological Conservation, 2026, 316: 111749. DOI: 10.1016/j.biocon.2026.111749. Nota de prensa de la Universidad de Aarhus, vía ScienceDaily.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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