EDICIÓN Nº 052 · Jueves 5 nov 2026
Ciencia

Un péptido hallado con IA reduce el apetito en ratones y minicerdos sin efectos digestivos

Un equipo de Stanford usó un algoritmo para rastrear el genoma humano y dio con BRP, un péptido natural que reduce la ingesta en animales y actúa por una vía cerebral distinta a la de Ozempic.

Redacción2026-11-05obesidad · inteligencia artificial · péptidos · semaglutida · Stanford
Adult neurogenic brain zones
Foto: Leal-Galicia, P.; Chávez-Hernández, M.E.; Mata, F.; Mata-Lué · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Lab mouse mg 3140
Foto: Rama · CC BY-SA 2.0 fr · Wikimedia Commons

Los fármacos de la familia de la semaglutida (el principio activo de Ozempic y Wegovy) han cambiado el tratamiento de la obesidad, pero tienen efectos secundarios conocidos: náuseas, estreñimiento y, en algunos casos, pérdida de masa muscular junto con la grasa. Un equipo de Stanford Medicine cree haber encontrado otra vía. Se trata de un péptido natural de solo 12 aminoácidos llamado BRP, que en ratones y minicerdos redujo el apetito de forma notable sin alterar el tránsito intestinal.

Conviene aclarar algo desde el principio: el trabajo no es nuevo. Se publicó en la revista Nature en 2025, y ScienceDaily ha vuelto a difundir ahora la nota de prensa de Stanford. Este texto es un resumen propio de esa nota y del artículo original, no una traducción.

Un algoritmo para buscar hormonas escondidas

Muchas hormonas que regulan el hambre, como el GLP-1 que imitan los fármacos tipo Ozempic, no se fabrican tal cual. Nacen como proteínas más grandes, las prohormonas, que una enzima llamada prohormona convertasa 1/3 corta en trozos activos. Esa enzima ya se había relacionado con la obesidad en humanos.

Source of progenitor cells in different brain regions
Foto: Jurkowski MP, Bettio L, Woo EK, Patten A, Yau S-Y and Gil-Mo · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

El grupo de Katrin Svensson, profesora de Patología en Stanford, y la investigadora Laetitia Coassolo, que dirigió el trabajo, desarrolló una herramienta llamada Peptide Predictor. El programa analizó unos 20.000 genes humanos que codifican proteínas y buscó los puntos en los que esa enzima probablemente corta. El embudo fue este:

  • Se quedaron con las proteínas que la célula libera al exterior y que tienen al menos cuatro posibles puntos de corte: 373 prohormonas.
  • De ellas, el algoritmo predijo 2.683 péptidos distintos.
  • Probaron 100 de esos péptidos, GLP-1 incluido, en neuronas cultivadas en laboratorio.

El GLP-1 triplicó la actividad neuronal respecto al control. Un fragmento desconocido hasta entonces, derivado de la proteína BRINP2 y bautizado como BRP (péptido relacionado con BRINP2), la multiplicó por diez. «El algoritmo fue absolutamente clave para nuestros hallazgos», resume Svensson en la nota de Stanford.

Qué pasó en los animales

Los investigadores inyectaron BRP en el músculo de ratones delgados y de minicerdos antes de darles de comer. Eligieron los minicerdos porque su metabolismo y su forma de alimentarse se parecen más a los humanos. En la hora siguiente, los animales tratados comieron hasta un 50 % menos de lo esperado.

1806 The Hypothalamus-Pituitary Complex
Foto: OpenStax College · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons

Después probaron con ratones obesos, a los que pusieron una inyección diaria durante 14 días. Los tratados perdieron una media de 3 gramos, mientras que los del grupo de control ganaron unos 3 gramos. Según el equipo, casi todo el peso perdido fue grasa y no músculo. También mejoraron la tolerancia a la glucosa y a la insulina.

Lo más interesante está en lo que no ocurrió. Comparados con los animales de control, los ratones tratados no mostraron diferencias significativas en movimiento, consumo de agua, conductas de ansiedad ni cantidad de heces. Este último dato importa porque el estreñimiento es uno de los efectos secundarios conocidos de la semaglutida.

La explicación propuesta tiene que ver con dónde actúa cada molécula. Los receptores de GLP-1 están en el cerebro, pero también en el intestino, el páncreas y otros tejidos. BRP, en cambio, parece actuar específicamente en el hipotálamo, la región que controla el apetito y el metabolismo. Además, activa poblaciones de neuronas distintas de las que activa el GLP-1. Por eso el título del artículo habla de un péptido «no incretina»: no es una copia del mecanismo de Ozempic, sino una ruta diferente.

Lo que todavía no se sabe

La etiqueta de «Ozempic natural» resulta llamativa, pero el propio estudio deja claros sus límites:

Lab mouse mg 3135
Foto: Rama · CC BY-SA 2.0 fr · Wikimedia Commons
  • Solo hay datos en animales. No se ha hecho ningún ensayo en personas. El equipo dice que se está preparando para ello, pero no se sabe si los humanos responderían igual.
  • Los estudios fueron cortos. El tratamiento en ratones obesos duró dos semanas y no hay datos de efectos a largo plazo. En los minicerdos solo se midió la ingesta, no la pérdida de peso.
  • Las náuseas siguen siendo una incógnita. La nota reconoce que los experimentos con animales no pueden confirmar del todo que BRP evite este efecto en humanos.
  • No se conoce el receptor. Todavía no se sabe a qué receptor de la superficie celular se une BRP. Identificarlo es una de las prioridades del equipo.
  • Los péptidos duran poco en el cuerpo. Se degradan rápido, así que podrían hacer falta inyecciones frecuentes. Los autores quieren diseñar una versión más duradera.

Hay otro dato que conviene conocer: Svensson y Coassolo figuran como inventoras en patentes sobre el uso de BRP para tratar trastornos metabólicos, y Svensson ha cofundado una empresa, Merrifield Therapeutics, para llevar la molécula a ensayos clínicos. Es habitual en la investigación biomédica, pero justifica esperar a datos independientes.

Referencia: Coassolo, L., Danneskiold-Samsøe, N. B., [...] y Svensson, K. J. «Prohormone cleavage prediction uncovers a non-incretin anti-obesity peptide». Nature 641, 192 (2025). DOI: 10.1038/s41586-025-08683-y.

Por qué importa

El interés de este trabajo va más allá de una molécula concreta. Demuestra que nuestro propio genoma puede esconder hormonas que nadie había identificado, y que un algoritmo bien diseñado sirve para encontrarlas y decidir cuáles probar primero en el laboratorio. Si BRP o alguna versión mejorada supera los ensayos en humanos, podría ser una opción contra la obesidad con menos molestias digestivas y menos pérdida de músculo. Ese «si» es grande: muchos compuestos que funcionan en ratones no llegan nunca a la farmacia. Por ahora es una pista prometedora, no un tratamiento.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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