Un cementerio cuáquero relaciona volcanes, poco sol y raquitismo en la Inglaterra industrial
Los dientes de los enterrados en un cementerio cuáquero de North Shields apuntan a que la falta de sol de la Pequeña Edad de Hielo también contribuyó a la carencia de vitamina D en la Revolución Industrial.

Cuando se habla del raquitismo en la Inglaterra de la Revolución Industrial, casi siempre se piensa en lo mismo: ciudades cubiertas de humo, casas oscuras y niños que trabajaban en fábricas. Entre 1760 y 1840, aproximadamente, el país pasó de una economía agrícola a una industrial, y la contaminación, la falta de luz solar y las malas condiciones de vida hicieron que esta enfermedad fuera muy frecuente. El raquitismo aparece cuando el esqueleto en crecimiento no se mineraliza bien, y su causa principal es la falta de vitamina D. Hasta ahora se atribuía sobre todo a la vida urbana, a la latitud y a la pobreza. Un estudio reciente propone sumar otro factor, que se había tenido poco en cuenta: el clima.
El trabajo lo firman Ellen Kendall, investigadora en arqueología de la Universidad de Durham, y sus colaboradores. Se ha publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology (2026) con el título 'The bright sun was extinguish'd': Metabolic health and vitamin D status in a Little Ice Age population (18th-19th c.) in North East England (DOI: 10.3389/fearc.2026.1909791). Este texto es un resumen propio a partir de la nota de prensa difundida por Frontiers y recogida por Phys.org. No es una traducción del artículo.
Un cementerio con buenos registros
El estudio se centra en el cementerio cuáquero de Coach Lane, en North Shields, al noreste de Inglaterra. Se usó entre 1711 y 1829, los años en que la localidad dejó de ser un pueblo de pescadores y se convirtió en un puerto industrial. En una excavación de 2010 se recuperaron 236 enterramientos.

La comunidad cuáquera tenía fama de anotarlo todo con cuidado. El registro de enterramientos incluye a 197 personas, y en 109 casos los investigadores pudieron calcular el año de nacimiento restando la edad de la muerte al año del fallecimiento. Hay un problema importante: las tumbas no tenían lápida, así que no se sabe qué esqueleto corresponde a cada nombre del registro. Por eso el análisis se hace sobre la comunidad en conjunto y no persona a persona.
Los dientes como archivo
Para conocer el estado de salud de los enterrados, el equipo estudió 30 dientes de 21 individuos sin identificar. Se fijaron en la dentina, la capa que hay bajo el esmalte, y en concreto en las zonas donde no llegó a mineralizarse. Estos fallos pueden aparecer en un desarrollo dental normal. Pero cuando se repiten a intervalos regulares, con dentina sana entre uno y otro, pueden ser una señal de carencia de vitamina D.

Los dientes crecen siguiendo un calendario bastante fijo, así que funcionan como un pequeño archivo biológico: permiten saber a qué edad ocurrió cada alteración. Según los autores, la mayoría se produjeron en la primera infancia y en la niñez, justo cuando el esqueleto necesita más vitamina D.
Los dientes no dan fechas concretas. Para situar a esta población en el tiempo, los investigadores cruzaron los años de nacimiento del registro con lo que se sabe del clima de la época. Aquellos años coinciden con el final de la Pequeña Edad de Hielo, un periodo más frío que se suele situar entre los siglos XIII y XIX. Se relaciona con una actividad solar baja y con grandes erupciones volcánicas, cuyas cenizas y aerosoles reducían la radiación ultravioleta que llegaba al suelo. Esa radiación es la que permite a la piel fabricar vitamina D.
- De las 109 personas con año de nacimiento conocido, 91 nacieron en los diez años posteriores a una gran erupción volcánica.
- 41 nacieron en momentos en que coincidían una actividad solar baja y la actividad volcánica.
El título del artículo cita un verso de Darkness, el poema que Lord Byron escribió en 1816, el llamado «año sin verano».
Lo que el estudio no puede afirmar
El resultado es interesante, pero hay que leerlo con prudencia. La muestra dental es pequeña: 21 personas. Y no se puede vincular a ningún individuo concreto con su fecha de nacimiento ni con una erupción determinada, porque las tumbas no estaban identificadas. La coincidencia temporal se ve en el grupo, no en cada persona. Además, la nota de prensa no detalla cómo se definió una «gran erupción» ni si se comparó con lo que cabría esperar por azar. En una época con erupciones frecuentes, una ventana de diez años puede abarcar buena parte de los nacimientos. Los propios autores dicen que la menor radiación ultravioleta «pudo contribuir», no que fuera la causa principal.

Tampoco se descartan los factores de siempre. Kendall insiste en que el clima no sustituye a la contaminación, a la pobreza ni a la latitud, sino que se suma a ellos: ninguna pieza pesa más que las otras, porque todas interactúan. Según la investigadora, precisamente esa mezcla de factores puede explicar por qué el clima había pasado desapercibido para muchos bioarqueólogos.
«Pensamos en la inestabilidad climática como un reto moderno, pero no tiene nada de nuevo» (Ellen Kendall, Universidad de Durham; traducción propia).
Por qué importa
El estudio no cambia lo que sabemos sobre la dureza de la Revolución Industrial, pero añade una pieza que faltaba: el cielo también contaba. Si la menor luz solar de la Pequeña Edad de Hielo agravó la carencia de vitamina D, los efectos del clima sobre la salud vienen de mucho antes de la crisis climática actual. Además, el trabajo muestra cómo unos pocos dientes y un registro parroquial bien llevado pueden servir para reconstruir la relación entre el ambiente y la infancia de hace tres siglos. Ese enfoque podría repetirse en otros cementerios históricos con buena documentación.
- Centuries-old cemetery helps scientists link climate shocks to Industrial Revolution disease — Phys.org (nota de prensa de Frontiers)
- 'The bright sun was extinguish'd': Metabolic health and vitamin D status in a Little Ice Age population (18th-19th c.) in North East England — Kendall et al., Frontiers in Environmental Archaeology (2026) — Frontiers in Environmental Archaeology
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