EDICIÓN Nº 032 · Viernes 16 oct 2026
Ciencia

La Tierra protege más superficie de la que creíamos: casi el 27 % del suelo

Un estudio en Nature calcula que las zonas de conservación ya cubren el 26,8 % de la tierra emergida, cerca del objetivo del 30 % para 2030. Pero muchas protegen los mismos paisajes de siempre.

Redacción2026-10-15biodiversidad · conservación · 30x30 · áreas protegidas · Nature
Aerial image of Devils Garden in Arches National Park (view from the southeast)
Foto: Carsten Steger · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada
Dense Tropical Forest Canopy
Foto: Teame01 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

En 2022, los países firmantes del Convenio sobre la Diversidad Biológica acordaron un objetivo fácil de recordar: conservar al menos el 30 % de la superficie terrestre del planeta antes de 2030. Es la conocida meta «30x30», incluida en la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Según las estadísticas oficiales, las áreas reconocidas cubren hoy en torno al 18,5 % del suelo, así que parecía que faltaba un trecho enorme. Un nuevo estudio publicado en Nature el 14 de octubre de 2026 sostiene que esas cuentas se quedan cortas: el porcentaje real rondaría el 26,8 %.

El trabajo lo firman Helen M. K. O'Neill, Joe Beeken, Heather C. Bingham y un amplio equipo de coautores (O'Neill et al., Nature, 2026, DOI: 10.1038/s41586-026-11157-4), y se publica en acceso abierto con licencia CC BY-NC-ND 4.0. Lo que sigue es un resumen propio, no una traducción.

Qué falta en el recuento oficial

La cifra de referencia sale de la Base de Datos Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas (WDPCA), accesible a través de la web Protected Planet. El problema, explican los autores, es que esa base recoge sobre todo espacios gestionados por los Estados, como parques nacionales y reservas naturales. Muchos países apenas han empezado a reconocer y cartografiar otras figuras: terrenos privados dedicados a la conservación, territorios gestionados por pueblos indígenas o comunidades locales, o lugares que conservan biodiversidad aunque ese no sea su fin principal.

Aerial image of the Gesäuse National Park (view from the west)
Foto: Carsten Steger · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Estos últimos tienen hasta nombre técnico: «otras medidas eficaces de conservación basadas en áreas», conocidas por sus siglas en inglés, OECM. Cuentan para el objetivo 30x30, pero casi no aparecen todavía en las estadísticas globales.

Cómo lo han medido

Revisar los datos de todos los países del mundo uno a uno sería una tarea inmensa, así que el equipo optó por una muestra representativa. Escogieron 9 países y territorios completos y zonas de otros 16, de modo que el conjunto cubriera el 10 % de la tierra emergida y reflejara de forma equilibrada los factores que influyen en la extensión de las áreas de conservación y en el reparto de la biodiversidad. Reunieron dos bases de datos globales y 65 conjuntos de datos nacionales y regionales, y clasificaron cada espacio en tres categorías:

Mountain landscape in Khan Tengri Nature Park, Tien Shan - Aerial View
Foto: Maryliflower · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
  • Áreas protegidas reconocidas a escala global: las que ya figuran en la base de datos internacional.
  • Áreas protegidas reconocidas solo a escala nacional: cumplen la definición, pero nunca se notificaron a la base mundial.
  • Posibles OECM: espacios con límites definidos, gestión estable a largo plazo y valores importantes para la biodiversidad que podrían reconocerse en el futuro si quienes los gestionan lo solicitan y las autoridades lo aprueban.

Para comprobar el método, compararon la primera categoría con la cifra oficial de 2022: la muestra daba un 16,15 % frente al 15,79 % oficial, una coincidencia muy ajustada. Con ese ajuste extrapolaron al conjunto del planeta. El resultado: un 15,79 % en áreas protegidas reconocidas globalmente, un 3,64 % más en áreas protegidas solo nacionales y un 7,38 % en posibles OECM. En total, un 26,81 % del suelo en 2022. Según los autores, podríamos estar a solo unos 3,2 puntos del 30 %.

La letra pequeña: más superficie no es más biodiversidad

La parte menos alegre del estudio está en su segunda mitad. La Meta 3 no pide solo cantidad: también exige que las áreas estén bien gestionadas, gobernadas de forma equitativa, conectadas entre sí y que sean «ecológicamente representativas», es decir, que incluyan muestras de todos los tipos de ecosistemas y no solo de unos pocos.

Clearing of tropical forest in Peru 1995–2020 ESA516638 -
Foto: European Space Agency · Public domain · Wikimedia Commons

Ahí la nota es baja. Los investigadores usaron un índice de «igualdad de protección» que va de 0 a 1 (el 1 significa que todas las ecorregiones están protegidas en la misma proporción). Las áreas protegidas oficiales obtienen 0,405 y, al sumar todas las demás categorías, la cifra solo sube a 0,505. El motivo es que la superficie «descubierta» se concentra sobre todo en ecorregiones que ya estaban bien cubiertas. Las zonas polares y alpinas, por ejemplo, son con diferencia las más protegidas, algo que suele explicarse porque protegerlas apenas tiene coste económico. Solo el 2,5 % de la tierra incluida en estas áreas es muy apta para la agricultura.

Sí hay matices positivos: las posibles OECM tienen niveles de integridad ecológica parecidos a los de las áreas protegidas, y desempeñan un papel destacado en bosques tropicales y subtropicales, sabanas y pastizales.

El estudio también tiene límites que conviene tener presentes. Se basa en una muestra del 10 % de la superficie terrestre y en una extrapolación; las OECM son «posibles», no reconocidas; los resultados por ecorregión pueden sobrestimar o subestimar algunos casos; y los datos se presentan solo a escala global para no contradecir los informes oficiales de cada país y respetar la confidencialidad de algunas fuentes. Además, se refiere únicamente a tierra firme, no a los océanos. Los propios autores creen que su cifra podría quedarse corta, porque hay países sin medios para cartografiar sus áreas de conservación.

Por qué importa

El hallazgo cambia el foco del debate. Si el 30 % de superficie está casi al alcance, el verdadero reto ya no es sumar hectáreas, sino elegir mejor cuáles se protegen y cómo se gestionan. Los autores señalan que la biodiversidad sigue cayendo a un ritmo alarmante pese a esta cobertura y concluyen que cumplir solo la parte numérica de la meta servirá de poco. Hacen falta más recursos para gestionar bien lo que ya existe, cubrir los ecosistemas que están infrarrepresentados y contar con la gente que lleva años cuidando esos territorios fuera de los registros oficiales.

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