EDICIÓN Nº 034 · Domingo 18 oct 2026
Ciencia

El sueño profundo y la hormona del crecimiento se regulan entre sí, según un estudio

Un equipo de Berkeley ha descrito en ratones el circuito cerebral que conecta el sueño con la hormona del crecimiento, y ha visto que esa hormona también influye en cuándo nos despertamos.

Redacción2026-10-18sueño · hormona del crecimiento · neurociencia · hipotálamo · metabolismo
Dog sleeping in a dog bed
Foto: Tomwsulcer · CC0 · Wikimedia Commons · realzada
Lab mouse mg 3140
Foto: Rama · CC BY-SA 2.0 fr · Wikimedia Commons

Dormir bien no solo sirve para que el cerebro descanse. Hace décadas que se sabe que buena parte de la hormona del crecimiento se libera mientras dormimos. Esta hormona interviene en el mantenimiento del músculo y el hueso y en el metabolismo de las grasas. Lo que no estaba claro es cómo organiza el cerebro esa liberación y si la relación funciona en las dos direcciones. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley, publicado en la revista Cell, responde a parte de esa pregunta con experimentos en ratones. Lo cuenta ahora ScienceDaily.

Esta pieza es un resumen propio del trabajo a partir de la nota de prensa difundida por ScienceDaily y de la información de la Universidad de Berkeley. No es una traducción del artículo original.

Un tira y afloja entre dos grupos de neuronas

La liberación de la hormona del crecimiento depende del hipotálamo, una pequeña región en la base del cerebro que regula muchas funciones del cuerpo. Allí hay dos poblaciones de neuronas con papeles opuestos:

Man sleeping with framed picture
Foto: LunaEatsTuna · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
  • Las neuronas de GHRH (hormona liberadora de la hormona del crecimiento), que empujan a la hipófisis a soltar la hormona.
  • Las neuronas de somatostatina, que hacen de freno e inhiben esa liberación.

Lo interesante es que el equilibrio entre acelerador y freno cambia según la fase del sueño. Según los investigadores, durante el sueño no REM (el que incluye el sueño profundo) la actividad de las neuronas de somatostatina baja y la de las neuronas de GHRH sube de forma moderada, de modo que aumenta la secreción de la hormona. En el sueño REM, la fase de los sueños vívidos, el patrón es distinto: se disparan los dos sistemas a la vez y aun así se favorece la liberación de la hormona. Es decir, el cerebro no usa un único interruptor, sino combinaciones diferentes en cada etapa de la noche.

La hormona que ayuda a despertar

El hallazgo más llamativo es la parte de vuelta del circuito. Una vez liberada, la hormona del crecimiento estimula las neuronas del locus coeruleus, una zona del tronco del encéfalo relacionada con la alerta, la atención y la vigilia. Mientras dormimos, la hormona se va acumulando poco a poco y activa esta región, lo que favorece el despertar.

Mother and newborn sleeping on a bamboo bed near a campfire in a house in Don Det Laos
Foto: Basile Morin · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Pero hay un matiz curioso: cuando el locus coeruleus se sobreexcita, el efecto se invierte y lo que aparece es somnolencia. El resultado es un sistema que se regula a sí mismo: el sueño provoca la liberación de la hormona y la hormona, a su vez, ayuda a modular la vigilia. Daniel Silverman, investigador posdoctoral en Berkeley y coautor del estudio, lo resume así:

«El sueño impulsa la liberación de la hormona del crecimiento, y la hormona del crecimiento retroalimenta la regulación de la vigilia».

Cómo lo han comprobado y qué límites tiene

El equipo, en el que figuran Xinlu Ding como primera autora, Fuu-Jiun Hwang, Daniel Silverman y la neurocientífica Yang Dan, implantó electrodos en el cerebro de ratones para registrar la actividad neuronal durante el sueño y la vigilia. Además usó estimulación con luz (una técnica que permite activar neuronas concretas a voluntad) sobre las neuronas del hipotálamo para observar cómo respondía el resto del sistema. Con técnicas de trazado neuronal mapearon también las conexiones entre estas células.

Lab mouse mg 3135
Foto: Rama · CC BY-SA 2.0 fr · Wikimedia Commons

La limitación principal es evidente: son ratones. El sueño de los roedores tiene diferencias con el humano, por ejemplo en su reparto a lo largo del día, y los propios autores señalan que hará falta más investigación antes de trasladar estas conclusiones a personas o de pensar en tratamientos. Conviene tener en cuenta además que el estudio describe un circuito cerebral. No mide directamente cuánto músculo se gana ni cuánta grasa se quema por dormir mejor; esos efectos se atribuyen a la hormona del crecimiento por lo que ya se sabía de ella.

Un último detalle de fechas: el artículo científico se publicó en 2025 en Cell (volumen 188, número 18). La nota de ScienceDaily de octubre de 2026 vuelve a difundir aquel trabajo y no presenta datos nuevos.

Por qué importa

Dormir mal se asocia con problemas metabólicos y cerebrales, y entender las piezas que conectan el sueño con las hormonas ayuda a explicar por qué. Saber qué neuronas controlan la hormona del crecimiento, y que esta a su vez influye en la vigilia, abre una vía para investigar terapias hormonales que mejoren la calidad del sueño o corrijan desequilibrios de esta hormona, algo que el propio equipo plantea como posibilidad a largo plazo. De momento es ciencia básica en animales. Aun así, refuerza una idea sencilla: el sueño profundo no es tiempo perdido, sino un momento de trabajo intenso para el cuerpo.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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