EDICIÓN Nº 020 · Domingo 4 oct 2026
Ciencia

El cráter de Ames, en Oklahoma, es casi 100 millones de años más joven

Unos cristales de circón datan el impacto de Ames hace unos 370 millones de años. Así sale del supuesto bombardeo ordovícico y coincide con una de las grandes extinciones marinas.

Redacción2026-10-04cráteres de impacto · geología · extinciones masivas · Devónico · datación
Black porphyritic metarhyolite (Utley Rhyolite, Paleoproterozoic, 1765 Ma; Utley Rhyolite Quarry, near Green Lake, Wisco
Foto: James St. John · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Cross-Section of a Complex Crater (46862225381)
Foto: UAHiRISE (NASA) · Public domain · Wikimedia Commons

Bajo la localidad de Ames, en Oklahoma (Estados Unidos), hay enterrado un cráter de impacto que se extiende durante kilómetros bajo tierra. Es un viejo conocido de la industria energética, porque ha dado mucho petróleo y gas. Hasta ahora se le atribuía una edad de unos 467,5 millones de años, en pleno Ordovícico. Un nuevo estudio de la Universidad de Texas en Austin propone otra fecha: el meteorito cayó hace unos 370 millones de años. Eso lo hace casi 100 millones de años más joven de lo que se creía.

Este artículo es un resumen propio del trabajo, publicado en 2026 en la revista Meteoritics & Planetary Science, y de la nota de prensa difundida por ScienceDaily. No es una traducción.

Cómo se ha vuelto a datar el impacto

La fecha antigua venía de los conodontos, unos fósiles diminutos parecidos a dientes que dejaron unos animales marinos con aspecto de anguila. Los conodontos encontrados en el cráter eran del Ordovícico, así que se dio por hecho que el impacto también lo era. Según el equipo, esos fósiles probablemente ya tenían millones de años cuando cayó el asteroide. El choque habría removido y mezclado materiales más antiguos, lo que daba una edad engañosa.

Black porphyritic metarhyolite (Utley Rhyolite, Paleoproterozoic, 1765 Ma; Utley Rhyolite Quarry, near Green Lake, Wisco
Foto: James St. John · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Para evitar ese problema, los investigadores se fijaron en las rocas que el impacto transformó directamente. Sacaron cristales de circón de un granito alterado por el choque y los dataron con el método uranio-plomo. Este método mide cómo se desintegra el uranio atrapado en el mineral y funciona como un reloj natural muy fiable. Además, comprobaron con técnicas de imagen de la NASA que esos circones mostraban los patrones de recristalización que solo dejan las presiones extremas de un impacto. Las técnicas usadas fueron la catodoluminiscencia y la difracción de electrones retrodispersados.

El resultado se repitió con todos los métodos. Lo resumió la autora principal, la geóloga Elizabeth Catlos:

«Usáramos la técnica que usáramos, siempre volvía esta señal más joven».

Adiós al anillo de Saturno terrestre (al menos para Ames)

La nueva fecha tiene consecuencias más allá de Oklahoma. En Norteamérica hay varias estructuras de impacto que se habían datado hacia los 467,5 millones de años. Algunos científicos interpretaron esa coincidencia como una lluvia de impactos durante el Ordovícico Medio, llamada Evento Meteorítico Ordovícico. Incluso se propuso una hipótesis llamativa: que la Tierra tuvo durante un tiempo un anillo de escombros de asteroides, parecido al de Saturno, del que fueron cayendo fragmentos.

Black porphyritic metarhyolite (Utley Rhyolite, Paleoproterozoic, 1765 Ma; Utley Rhyolite Quarry, near Green Lake, Wisco
Foto: James St. John · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Si Ames es en realidad del Devónico Superior, deja de formar parte de ese grupo. Los autores lo describen como mover una pieza importante del tablero de un evento a otro. El estudio no descarta por sí solo la idea del bombardeo ordovícico, pero sí le quita uno de sus apoyos. También muestra que otras dataciones basadas en fósiles removidos por el impacto podrían necesitar una revisión.

Una coincidencia con una gran extinción

La nueva edad sitúa el impacto muy cerca de la extinción del Frasniense-Fameniense, hace unos 372 millones de años. Fue una de las grandes crisis biológicas de la historia de la Tierra y acabó con una gran parte de la vida marina. Esto lleva a una pregunta clásica de la geología: ¿las extinciones masivas las provocan impactos llegados del espacio o procesos de la propia Tierra, como el vulcanismo intenso?

Vredefort crater cross section 2
Foto: Oggmus · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Conviene ser prudentes. Que dos cosas pasen a la vez no significa que una causara la otra. El estudio establece la cercanía en el tiempo, no que el meteorito de Ames provocara la extinción. Tampoco aclara si fue un factor más entre varios. Hay otros límites que tener en cuenta:

  • La datación depende de un número limitado de cristales de un único cráter enterrado, al que solo se accede por sondeos.
  • La relación con la extinción es temporal. Para hablar de causa harían falta más pruebas de los efectos del impacto a escala regional o global.
  • El resto de cráteres atribuidos al Ordovícico no se ha vuelto a datar en este trabajo.

Firman el artículo Andrew F. Parisi, Elizabeth J. Catlos, Michael E. Brookfield, Danny Stockli, Sean P. S. Gulick, Mark Cloos, Timmons Erickson, Axel K. Schmitt, Daniel P. Miggins y Ben Ruchte. Dos de ellos, Parisi y Brookfield, han fallecido. El título es «The Ames impact structure, Oklahoma: New radioisotopic constraints and implications for North American impact chronology» (Meteoritics & Planetary Science, 2026, vol. 61, n.º 8, p. 2103; DOI: 10.1111/maps.70191). La fuente no indica si es de acceso abierto. Más información en la nota de ScienceDaily.

Por qué importa

La cronología de los impactos es la base para estudiar cómo los asteroides han influido en la historia de la vida. Si una datación falla por 100 millones de años, cambian las hipótesis que se apoyan en ella, como la del anillo de escombros ordovícico. También cambian las posibles relaciones con las extinciones. El caso de Ames muestra que vale la pena volver a datar los cráteres con minerales transformados por el propio choque. Además, abre una pista nueva para entender qué pasó en los océanos del Devónico.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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