EDICIÓN Nº 033 · Sábado 17 oct 2026
Ciencia

Células madre inmunitarias con CAR: una fábrica de defensas contra el cáncer

Un equipo de la USC ha modificado precursores inmaduros de macrófagos para que, en ratones, se instalen en la médula y produzcan sin parar células capaces de atacar tumores.

Redacción2026-10-17cáncer · inmunoterapia · CAR · macrófagos · médula ósea
Macrophage by NIAID
Foto: NIAID · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada
Transmission electron microscopy (TEM) pictures of murine bone marrow- and human umbilical cord blood-purified VSELs
Foto: Thetchinamoorthy K, Jarczak J, Kieszek P, Wierzbicka D, Rata · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Las terapias celulares contra el cáncer tienen un problema logístico poco conocido: las células modificadas que se inyectan al paciente no duran para siempre. Se agotan, mueren o dejan de multiplicarse, y con ellas se apaga el tratamiento. Un equipo de la Keck School of Medicine de la Universidad del Sur de California (USC), con colaboradores de la Universidad de Stanford, propone darle la vuelta al problema: en lugar de modificar células inmunitarias ya maduras, modificar a sus «madres». Según su estudio, publicado en la revista Cell, así se consigue en ratones una fuente renovable de células que combaten tumores desde dentro del propio organismo.

Este artículo es un resumen propio del trabajo y de la nota de prensa difundida por ScienceDaily, no una traducción.

Qué han descubierto

El trabajo, dirigido por Qi-Long Ying y firmado en primer lugar por Shi Yue, se centra en los progenitores de granulocitos y monocitos (GMP, por sus siglas en inglés). Son células inmaduras de la médula ósea que, cuando se diferencian, dan lugar a varios tipos de glóbulos blancos, entre ellos los macrófagos: las células que «se comen» bacterias, restos celulares y, en principio, también células tumorales.

Migration of different types of cells in the spleen
Foto: Zhao L, Liu L, Guo B and Zhu B · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

En los últimos años se ha intentado aplicar a los macrófagos la misma estrategia que triunfó con las células CAR-T: equiparlos con un receptor quimérico de antígeno (CAR), una especie de antena artificial que les permite reconocer un marcador concreto del cáncer. El obstáculo es que los macrófagos maduros apenas se dividen, de modo que cuesta obtenerlos en cantidad y su efecto en el cuerpo es limitado en el tiempo.

La propuesta del equipo es intervenir un paso antes. Los investigadores consiguieron cultivar GMP durante periodos prolongados manteniendo su capacidad de autorrenovarse y, a la vez, conservando su potencial para convertirse en macrófagos funcionales. Después los modificaron genéticamente con un CAR dirigido contra marcadores tumorales y con señales adicionales que estimulan la respuesta inmunitaria.

Cómo lo han hecho y qué ocurrió en ratones

La clave técnica está en el cultivo. Los científicos diseñaron mezclas químicas definidas que permiten a los progenitores multiplicarse en el laboratorio sin perder su identidad, algo que hasta ahora era difícil de lograr con este tipo celular. Con esa base pudieron expandirlos y añadirles las modificaciones genéticas.

E. A. Schaffer, Text-book of microscopic anatomy Wellcome L0022087
Foto: autor no indicado · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Al trasplantar estas células a ratones, los resultados descritos fueron los siguientes:

  • Los GMP modificados se asentaron en la médula ósea y siguieron produciendo de forma continuada nuevas células inmunitarias que portaban la modificación.
  • El tratamiento frenó la progresión tanto de cánceres de la sangre como de tumores sólidos en los modelos animales.
  • En ratones con enfermedad granulomatosa crónica, una inmunodeficiencia hereditaria en la que ciertas células defensivas no consiguen destruir los microbios que engullen, las células corregidas ayudaron a recuperar la función inmunitaria.

Este último punto es interesante porque sugiere que la plataforma no se limita al cáncer: si se puede instalar en la médula una «fábrica» de células corregidas o mejoradas, la misma lógica podría servir para otras enfermedades del sistema inmunitario.

Los autores resumen la idea con una frase que apunta a cambiar el foco del sector: el futuro de la inmunoterapia podría depender no solo de diseñar mejores receptores CAR, sino de

«elegir la etapa de desarrollo adecuada»
de la célula que se modifica.

Limitaciones: lo que aún no sabemos

Conviene leer el hallazgo con calma. Todo lo descrito procede de estudios preclínicos en ratones; no hay todavía datos en personas sobre seguridad ni eficacia. Pasar de un modelo animal a pacientes es un salto en el que muchas terapias prometedoras se quedan por el camino.

Transmission electron micrographs showing the architecture of intestinal epithelial cells and several types of immune ce
Foto: Shini, S., Aland, R.C. & Bryden, W.L. · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Además, la propia característica que hace atractiva la estrategia, que las células se instalen y produzcan descendencia de forma continua, plantea preguntas que habrá que responder: cómo controlar o detener esa producción si aparecen efectos indeseados, qué ocurre a largo plazo con células modificadas genéticamente que se autorrenuevan en la médula, o cuánto se parece la respuesta humana a la observada en ratones. La nota de prensa no detalla cifras de supervivencia ni de reducción tumoral, así que tampoco es posible valorar todavía la magnitud del efecto frente a terapias existentes.

Los investigadores señalan como siguiente paso explorar sus aplicaciones traslacionales, tanto en cáncer como en inmunodeficiencias hereditarias.

Referencia: Yue S., Guo Z., Majeti R., Ying Q.-L. et al. «Expansion and CAR engineering of granulocyte-monocyte progenitors for cellular immunotherapy». Cell, 2026; 189(17): 5378. DOI: 10.1016/j.cell.2026.05.043. Licencia: no consta como acceso abierto.

Por qué importa

Las terapias celulares contra el cáncer suelen ser tratamientos de una sola dosis cuyo efecto se agota cuando lo hacen las células inyectadas. Si la estrategia de la USC se confirma en humanos, podría abrir la puerta a terapias que se renuevan solas desde la médula, útiles también frente a tumores sólidos, donde las CAR-T han tenido menos éxito, y frente a enfermedades inmunitarias hereditarias. Por ahora es una prueba de concepto sólida en animales, no un tratamiento disponible, pero cambia la pregunta de fondo: no solo qué antena ponerle a una célula, sino en qué momento de su vida hacerlo.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios