Gafas inteligentes para repartidores: qué hacen y por qué preocupan sus fotos
Amazon amplía sus gafas con pantalla para repartidores, que guían hasta el paquete y la puerta. La letra pequeña: una cámara que podría hacer fotos cada pocos segundos durante el reparto.

Hay ideas que suenan a ciencia ficción y luego resultan muy de andar por casa. Unas gafas que te dicen en qué estante de la furgoneta está tu próximo paquete y por qué portal entrar es una de ellas. Amazon presentó el 22 de octubre de 2025 unas gafas inteligentes pensadas para sus repartidores y ahora, según Genbeta, prepara su expansión: 5.000 unidades más previstas para 2026 y el objetivo de pasar de 20.000 a finales de 2027. Son planes de futuro. Esas cifras no equivalen a repartidores que ya lleven las gafas puestas.
La novedad no es tanto el aparato como lo que puede hacer su cámara. Unas declaraciones del responsable del proyecto, Viraj Chatterjee, han desplazado el foco de la logística a la privacidad.
Cómo funcionan por dentro
No hablamos de unas gafas de realidad aumentada para jugar. Es una herramienta de trabajo con un diseño bastante práctico. Según la información publicada, el conjunto se reparte así:

- Una pequeña pantalla en el campo de visión, que muestra indicaciones de navegación y avisos sencillos, como que hay una mascota en la casa o que el repartidor se ha equivocado de puerta.
- Una cámara frontal, que sirve para registrar las entregas y localizar paquetes.
- Un controlador sujeto al chaleco, con la batería intercambiable y un botón de emergencia. Así las gafas pesan menos y una carga no se termina a mitad de turno.
- Compatibilidad con lentes graduadas y fotocromáticas, un detalle que importa para quien pasa el día entrando y saliendo del sol.
La idea es que el repartidor no tenga que mirar el móvil. Aparca, las gafas le señalan el paquete correcto en la furgoneta y le guían a pie hasta la entrada del edificio. Según Genbeta, más de 500 repartidores las probaron durante 18 meses y sumaron más de 275.000 entregas.
La cámara que alimenta un mapa
El debate empieza aquí. Según las declaraciones de Chatterjee que recoge el artículo, las gafas harían fotografías mientras el repartidor camina, probablemente cada pocos segundos. Esas imágenes las revisarían personas y después se incorporarían a Wellspring, el sistema de inteligencia artificial con el que Amazon construye sus mapas de reparto.

Wellspring mezcla imágenes de satélite, fotos a pie de calle, las indicaciones que dejan los clientes y el historial de entregas anteriores. Su objetivo es resolver el último tramo, el que los navegadores corrientes llevan peor: dónde se puede aparcar, cuál es la entrada buena de un bloque o por dónde se accede a un patio interior. Genbeta cita que desde 2024 ha identificado 202 millones de puntos de aparcamiento y ha cartografiado 2,8 millones de entradas de edificios.
Visto así, tiene lógica. Cada repartidor se convierte en un pequeño cartógrafo que actualiza el mapa sin proponérselo. El problema es todo lo demás que sale en la foto: fachadas, jardines, coches, ventanas y gente que pasa por la acera sin saber que hay una cámara grabando.
«Se encamina sin darse cuenta hacia otra polémica por invasión de la privacidad», advirtió el columnista de tecnología Dave Lee.
La letra pequeña para el usuario
Para quien recibe el paquete, la parte buena está clara: menos entregas en la puerta equivocada y repartos algo más rápidos. Las dudas son las de cualquier cámara que se mueve por la ciudad, con el añadido de la escala. Miles de dispositivos haciendo fotos cada pocos segundos generan una cantidad enorme de imágenes de espacios privados y de personas que no han dado su permiso.

Con lo publicado hasta ahora quedan preguntas abiertas que conviene tener presentes:
- Cuánto tiempo se guardan las imágenes y quién puede acceder a ellas.
- Si se difuminan caras y matrículas, y si eso pasa antes o después de que las vea una persona.
- Si los transeúntes pueden saber que les están fotografiando, por ejemplo con una luz visible en las gafas.
- Dónde se van a usar. La información disponible no concreta ningún despliegue en España. En Europa, cualquier sistema así tendría que cumplir el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que exige una base legal, informar a los afectados y minimizar los datos que se recogen.
También está la otra cara: el trabajador. Unas gafas que registran cada paso de la jornada pueden facilitar el trabajo, pero también sirven para medirlo al detalle. Que la herramienta ayude o vigile dependerá de cómo se configure y de las reglas que se pongan sobre su uso.
Por qué importa
Las gafas con cámara llevan años buscando su sitio entre el gran público. Puede que lo encuentren antes en el mundo laboral, donde la utilidad es concreta y la decisión de llevarlas no la toma quien sale en las fotos. Este caso muestra bien la tensión de fondo de mucha tecnología actual: un dispositivo pensado para ahorrar segundos en una entrega puede acabar, casi de paso, fotografiando calles enteras. Saber cómo funciona y qué preguntas hacerse sobre él es la mejor forma de juzgar si el intercambio compensa.
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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