EDICIÓN Nº 045 · Jueves 29 oct 2026
Tecnología

El MacBook Pro ya se puede tocar: qué aporta una pantalla táctil al portátil

El MacBook Pro estrena pantalla táctil y la idea es sencilla: tocar lo que quieres mover. No sustituye al teclado ni al trackpad. Los acompaña. Te contamos cómo funciona y qué queda por saber.

Redacción2026-10-29pantalla táctil · portátiles · MacBook Pro · interfaces · hardware
CERN-Stumpe Capacitance Touchscreen
Foto: Maximilien Brice · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
Teardown of MacBook Pro 16 inch laptop
Foto: Netha Hussain · CC0 · Wikimedia Commons

Llevamos más de quince años ampliando fotos con dos dedos, deslizando páginas con el pulgar y arrastrando iconos con la yema del índice. Lo hacemos en el móvil y en la tableta casi sin pensar. Pero en el portátil, por costumbre, seguíamos dando un rodeo: mover el dedo sobre el trackpad para que una flecha recorra la pantalla hasta llegar a lo que queremos tocar. Esa costumbre empieza a cambiar en el ecosistema de Apple. El nuevo MacBook Pro, presentado en un evento especial en Los Ángeles, incorpora por primera vez una pantalla táctil.

Los compañeros de Xataka pudieron probarlo allí mismo, y su primera impresión cabe en una idea muy simple: tocar aquello con lo que quieres interactuar. Parece poca cosa para una de las grandes novedades del equipo, pero ahí está la gracia. El gesto ya lo conocemos todos.

Una capa más, no un cambio de rumbo

Lo más interesante de la propuesta es que no obliga a cambiar nada. El teclado sigue en su sitio, los atajos siguen funcionando y el trackpad sigue siendo la forma principal de moverse por el sistema. La pantalla táctil se suma como un recurso más, para usarlo cuando apetece. Puedes estar escribiendo un documento como siempre y, en un momento dado, levantar la mano para ampliar una imagen, bajar por una página o mover algo directamente sobre la pantalla.

Capacitive touchscreen
Foto: Medvedev · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons

Según la toma de contacto de Xataka, la experiencia del Mac se amplía sin exigir que abandonemos los hábitos de siempre. Este enfoque es distinto del de algunos portátiles convertibles, que se pliegan hasta parecer una tableta e invitan a cambiar por completo de forma de trabajar. Aquí se trata de añadir un atajo físico, no de inventar otro ordenador.

¿Y cuándo compensa de verdad tocar la pantalla? Los primeros casos son bastante cotidianos:

  • Fotos: pellizcar una imagen para ampliarla y ver un detalle.
  • Navegar: deslizar el dedo para recorrer una web larga.
  • Presentaciones y diseño: coger un elemento de una diapositiva y llevarlo a otro sitio directamente.

Son gestos que ya conocemos de otros dispositivos, y por eso la curva de aprendizaje es prácticamente nula.

Cómo funciona una pantalla táctil por dentro

La mayoría de pantallas táctiles actuales, desde los móviles hasta los portátiles, son capacitivas. Por encima del panel que genera la imagen hay una rejilla finísima de electrodos transparentes que mantiene un pequeño campo eléctrico. El cuerpo humano conduce la electricidad, así que cuando un dedo se acerca altera ese campo en un punto concreto. Un controlador mide esas variaciones muchas veces por segundo y calcula dónde está cada dedo.

AP Dataweigh 3 bed checkweigher with touchscreen reject and accumulation station
Foto: Svanduzen at English Wikipedia · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Como la rejilla puede detectar varios puntos a la vez, el sistema distingue un toque de un pellizco o de un deslizamiento con dos dedos. Esa información llega al sistema operativo, que es quien decide qué hacer con ella: hacer zoom, desplazar el contenido o seleccionar un objeto. En un ordenador de escritorio esa parte del software pesa mucho. Las aplicaciones se diseñaron pensando en un puntero de precisión, no en un dedo de un centímetro de ancho, y lo que de verdad decide si la experiencia es fluida o torpe es cómo el sistema traduce esos toques.

La letra pequeña

Una toma de contacto en un evento da para primeras impresiones, no para veredictos. Quedan varias preguntas abiertas que solo se resolverán con el uso diario y con análisis más largos:

Laptops Arena - MacBook Pro 2017
Foto: Laptopsarena · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
  • Ergonomía: en un portátil la pantalla está en vertical y a cierta distancia. Levantar el brazo de vez en cuando no molesta, pero hacerlo durante horas cansa. Es lo que en el sector se conoce como «brazo de gorila», y por eso tiene sentido plantear el tacto como complemento ocasional.
  • Huellas y reflejos: tocar la pantalla deja marcas en el cristal, algo que en un equipo pensado para editar fotos o vídeo conviene vigilar.
  • Estabilidad de la bisagra: al pulsar, la pantalla no debería tambalearse. Es un detalle mecánico que solo se comprueba con el equipo en la mano.
  • Aplicaciones: el partido que se le saque dependerá de cuántos programas de terceros adapten sus interfaces al dedo.
  • Autonomía y precio: el material de la prueba no aporta datos sobre el consumo de la capa táctil ni sobre si encarece el equipo. Habrá que esperar a pruebas independientes.

Por qué importa

Durante años, los ordenadores de Apple se mantuvieron al margen de las pantallas táctiles mientras buena parte de los portátiles con Windows las adoptaban. Que el MacBook Pro las incorpore ahora, sin renunciar al teclado ni al trackpad, confirma una idea que ya parece asentada en toda la industria: no hay una única forma correcta de usar un ordenador. Para el usuario, la ventaja es poder elegir en cada momento el gesto que le resulte más natural. La mejor prueba de que funciona será que, dentro de unos meses, nadie se acuerde de que tocar la pantalla del portátil fue una novedad.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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