Ventorros de Balerma: la aldea en la que cruzar la calle es cambiar de provincia
En esta aldea de la sierra andaluza, una calle llamada El Límite separa Granada de Córdoba. Así, el código postal, el prefijo telefónico, el médico y hasta el recibo de la contribución dependen de en qué acera vivas.

En el fútbol, una línea de cal decide si un gol sube al marcador. En Ventorros de Balerma, una aldea de la sierra de Campo Agrio, a un paso del pantano de Iznájar, esa línea es una calle entera. Y no es una forma de hablar: la vía se llama, literalmente, El Límite. A un lado está Loja, en la provincia de Granada. Al otro, Iznájar, en la de Córdoba. En medio viven unos pocos cientos de vecinos que comparten verbena, bares y colegio, pero no ayuntamiento, ni provincia, ni recibos.
El caso lo ha contado Xataka, y es uno de esos ejemplos que muestran lo que ocurre cuando un mapa trazado en un despacho se topa con la vida de un pueblo.
Una frontera con casi seis siglos
La rareza tiene raíces antiguas. El caserío nació en el antiguo Reino de Granada, pegado a la raya que lo separaba del Reino de Córdoba desde el siglo XV. Cuando en 1833 Javier de Burgos diseñó la división provincial que, en lo esencial, sigue vigente, aprovechó muchos de esos límites históricos. La frontera se quedó donde estaba.

Lo que cambió fue el pueblo. A comienzos del siglo XX crecieron junto a la carretera de Loja a Iznájar unos ventorros, pequeñas ventas donde paraban viajeros y arrieros. Alrededor de ellos se levantaron casas, y el núcleo se fue extendiendo hacia terreno cordobés sin que nadie moviera la línea. El nombre completo sale de una fuente, la de Malerva, que con el paso del tiempo y de las bocas acabó convertida en «Balerma». La aldea tiene incluso su ermita de San Isidro, terminada en 1908 gracias al dinero de un vecino que cumplía una promesa.
Dos códigos postales, dos prefijos y un médico «de fuera»
La gracia se convierte en papeleo en cuanto hay que rellenar un formulario. Algunas de las consecuencias más curiosas:

- Código postal: 14978 en la acera cordobesa y 18312 en la granadina.
- Teléfono fijo: el número empieza por 957 o por 958, según el lado de la calle.
- Colegio: el centro público está en la parte cordobesa, igual que los dos bares de la aldea.
- Sanidad: el consultorio pertenece al distrito sanitario de Granada, en la zona básica de Loja. Un niño con fiebre que vive en la parte cordobesa lo atiende un médico del sistema granadino.
- Servicios: según la prensa local de 2020, el agua llega a toda la aldea desde Iznájar, mientras que la basura la recoge Loja.
Para cualquier sistema informático que asigne servicios por código postal o por municipio, Ventorros es un pequeño quebradero de cabeza: dos vecinos que se saludan desde la puerta aparecen en bases de datos distintas, con administraciones distintas detrás.
Impuestos, padrón y una desescalada partida
El ejemplo más tangible está en el IBI, la contribución que paga cada vivienda. Lo cobra el ayuntamiento donde está el inmueble, y cada municipio fija su tipo para la vivienda urbana dentro de una horquilla legal que va del 0,4 % al 1,1 %. Resultado: dos casas idénticas, una frente a otra, pueden pagar cantidades distintas. Y cada mitad se rige, además, por las ordenanzas de su propio ayuntamiento.

Contar a los vecinos tampoco es sencillo. Ventorros no tiene padrón propio: el INE suma cada mitad a su municipio. En 2019 había 143 empadronados en el lado de Iznájar y 166 en el de Loja, 309 en total. La parte cordobesa alcanzó su máximo en 2004, con 185 personas, y en 2025 se quedó en 126. Según la fuente que se consulte, la aldea tiene 211 habitantes, «menos de 300» o hasta 500, una disparidad que ilustra bien lo difícil que es medir algo que oficialmente no existe como unidad.
El momento más surrealista llegó en mayo de 2020, durante la desescalada de la pandemia. La parte granadina se quedó en la fase 0 y la cordobesa pasó a la fase 1. Con la movilidad entre provincias restringida, cruzar la calle podía considerarse, en teoría, una infracción. Al final, tras la petición del alcalde pedáneo de aplicar el sentido común, todo el núcleo quedó en la fase más ventajosa.
«Es un pueblo con una sola fiesta y dos expedientes», resume Xataka.
Ventorros no es un caso único. En Cataluña, la calle de las Dos Provincias separa Bellvei (Tarragona) de Castellet i la Gornal (Barcelona), con al menos una vivienda partida literalmente entre ambas.
Por qué importa
Las fronteras administrativas parecen líneas abstractas, pero deciden cosas muy concretas: qué médico te atiende, cuánto pagas de contribución, qué prefijo marcas o en qué estadística apareces. Ventorros de Balerma demuestra que los sistemas que organizan la vida diaria, desde el catastro hasta las bases de datos de códigos postales, funcionan con categorías rígidas, y que la realidad a veces no cabe en ellas. Cuando una calle hace de frontera, toca aplicar algo que ningún formulario recoge: sentido común.
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