Las serpientes matan mucho más de lo que creíamos y los registros no lo veían
Un nuevo estudio calcula que las mordeduras de serpientes venenosas causan entre 274.000 y 513.000 muertes al año. Más de la mitad de los países afectados ni siquiera las cuentan.

Si alguna vez has pensado que el animal más peligroso del campo es la avispa que se cuela en la merienda, toca actualizar el ranking. Un equipo internacional ha repasado los datos de mordeduras de serpiente en todo el mundo y su conclusión es seria: el problema es mucho mayor de lo que dicen las estadísticas oficiales. Lo malo no es solo lo que hacen las serpientes. Es que casi nadie apunta lo que hacen.
Según el estudio, que el investigador Dileepa Ediriweera, científico de datos sanitarios de la Liverpool School of Tropical Medicine, ha resumido en The Conversation, cada año sufren un envenenamiento por serpiente al menos 2,1 millones de personas. La cifra real podría llegar a 7 millones. Las muertes anuales estarían entre 274.000 y 513.000, y más de 800.000 supervivientes quedan cada año con discapacidades permanentes, amputaciones incluidas.
El problema de contar lo que nadie cuenta
Hay un detalle que explica casi todo: más de la mitad de los países donde hay serpientes venenosas peligrosas no registran las mordeduras ni los envenenamientos. Así es difícil saber cuánta gente muere. Es como calcular cuántos calcetines se ha tragado la lavadora sin haber contado nunca los que metiste.

Para cubrir ese vacío, los investigadores revisaron estudios de 79 países publicados hasta el 31 de marzo de 2025. Con ellos actualizaron su propia estimación global de 2008, publicada entonces en PLOS Medicine. La herramienta clave fue un modelo geoestadístico, un método que cruza datos con su ubicación en el mapa. Combina el clima, la variedad de especies de serpientes de cada zona y varios indicadores socioeconómicos. Con eso calcula la probabilidad de mordedura incluso donde los registros sanitarios están en blanco.
Después compararon las cifras de hospitales y estadísticas regionales con encuestas hechas casa por casa en las comunidades. Muchas personas mordidas nunca llegan a un hospital, porque está lejos, porque no pueden pagarlo o porque recurren a remedios tradicionales. De esa comparación salen las horquillas del estudio: un suelo mínimo y un techo posible. Por eso las cifras son rangos tan amplios. No reflejan indecisión, sino lo poco que se sabe.
Dónde muerden más (y por qué)
El golpe más duro se lo lleva el África subsahariana, con el 45 % de los envenenamientos y de las muertes del mundo. Allí la tasa de envenenamientos y muertes es casi el triple que en el sur de Asia. El estudio señala a Nigeria, la República Democrática del Congo y Etiopía entre los países con más casos. El motivo es una combinación de mucha población rural y mucho trabajo en el campo.

Entre las especies con más peso en África aparecen algunas que suenan a nombre de villano:
- Víboras de escamas aserradas (género Echis), pequeñas y con muy mal genio.
- Víbora bufadora (Bitis arietans), que avisa con un resoplido aunque no siempre se la oye a tiempo.
- Cobras africanas (género Naja).
- Mambas (género Dendroaspis), que no necesitan presentación.
Pero el estudio deja claro que el problema no es solo biológico. También pesan los jornaleros que trabajan sin botas de protección, los caminos sin luz por la noche, los sistemas sanitarios débiles, los trayectos de horas hasta un centro médico y un antídoto que muchas veces es caro o directamente no existe en la zona. La serpiente muerde, pero lo que convierte la mordedura en tragedia suele ser todo lo demás.
«El envenenamiento por serpiente ha permanecido oculto demasiado tiempo», escribe Ediriweera en The Conversation.
Un mapa para llevar el antídoto a donde hace falta
La Organización Mundial de la Salud se ha fijado como objetivo reducir a la mitad las muertes y discapacidades por mordedura de serpiente antes de 2030. Para eso primero hay que saber dónde está el problema, y ahí entra este estudio. Un mapa que señala las zonas donde más se muerde ayuda a decidir dónde enviar antídotos, dónde formar a sanitarios y dónde repartir algo tan básico como unas botas o una linterna.

Los propios autores no venden milagros. Admiten que tener mejores datos no resuelve el problema por sí solo, pero sí ayuda a que los recursos lleguen a las comunidades que más los necesitan. Dicho de otro modo: el mapa no cura a nadie, pero indica dónde poner el botiquín.
Por qué importa
Durante décadas, las mordeduras de serpiente han sido una enfermedad invisible. Afectan sobre todo a gente que trabaja en el campo en regiones pobres y casi no aparecen en las estadísticas. Si este cálculo se acerca a la realidad, hablamos de cientos de miles de muertes al año que podrían evitarse en buena parte con antídotos accesibles, mejores accesos a hospitales y prevención sencilla. A veces, para resolver un problema, lo primero es aceptar que existe y contarlo bien. Esta vez, las serpientes no tenían la culpa de que nadie llevara la cuenta.
- Scientists reveal a hidden snakebite crisis killing up to 513,000 people a year — ScienceDaily
- Snakebites are a far bigger problem than we knew – new study maps the hidden dangers — The Conversation (Dileepa Ediriweera, Liverpool School of Tropical Medicine)
- Estudio sobre la carga global del envenenamiento por serpiente (DOI 10.1371/journal.pmed.1005201) — PLOS Medicine
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