Holst se dejó un planeta en Los planetas y un compositor lo añadió 82 años después
Holst estrenó Los planetas en 1918, doce años antes de que se descubriera Plutón. En 2000, Colin Matthews le compuso su propio movimiento. Seis años después, Plutón dejó de ser planeta.

Hay gente con mala suerte, y luego está Plutón. Le ponen una canción a medida y, seis años después, lo echan del grupo. Parece el argumento de una comedia romántica con presupuesto bajo, pero pasó de verdad, con orquesta sinfónica incluida.
Todo empieza con Gustav Holst, el compositor británico que escribió Los planetas, una suite orquestal con un movimiento para cada planeta del sistema solar. Bueno, para casi todos. La obra se estrenó en 1918 y, como cualquiera con un libro de astronomía de la época, Holst contaba los planetas hasta Neptuno. Plutón no lo descubrió Clyde Tombaugh hasta 1930. Holst no se olvidó de nada: simplemente, el planeta aún no estaba en la lista.
Siete planetas y ni rastro de la Tierra
El reparto original era este:

- Marte, el que trae la guerra (con un ritmo machacón que ha inspirado medio cine de ciencia ficción).
- Venus, la que trae la paz.
- Mercurio, el mensajero alado.
- Júpiter, el que trae la alegría.
- Saturno, el que trae la vejez.
- Urano, el mago.
- Neptuno, el místico.
Si te has puesto a contar, sí: falta la Tierra. Holst no pensaba en los planetas como astrónomo, sino como personajes con carácter, casi más cerca del horóscopo que del telescopio. Y desde ese punto de vista, nuestro planeta no tenía papel. Nos quedamos de público, que tampoco está mal.
El final de la obra es de lo más bonito que se ha escrito para orquesta: en Neptuno, un coro de voces femeninas canta fuera del escenario y se va apagando hasta desaparecer, como si la música se alejara hacia el fondo del sistema solar. Una despedida perfecta. Demasiado perfecta para que nadie se atreviera a tocarla. Hasta que alguien lo hizo.
El remiendo de Colin Matthews
En el año 2000, el compositor británico Colin Matthews, muy ligado a la música de Holst, recibió el encargo de la Orquesta Hallé de Mánchester de hacer lo que nadie se había atrevido a hacer: completar la suite. Así nació Plutón, el renovador (Pluto, the Renewer), un octavo movimiento pensado para sonar justo después de Neptuno.

Matthews no lo planteó como un pegote al final. El nuevo movimiento arranca cuando el coro de Neptuno aún no se ha apagado del todo, de modo que una parte se funde con la otra sin pausa. El viaje por el sistema solar, en vez de desvanecerse en la niebla, sigue un poco más allá. Es una extensión bastante educada: llamar a la puerta de una obra maestra del siglo XX y pedir permiso para sentarse al fondo.
Y durante unos años, el invento funcionó. Hubo orquestas que tocaban la versión con Plutón y otras que seguían fieles a los siete movimientos de Holst. Cada cual con su sistema solar.
2006: el año en que Plutón perdió el puesto
En agosto de 2006, la Unión Astronómica Internacional aprobó una nueva definición de planeta. Para entrar en el club, un cuerpo tiene que orbitar el Sol, ser lo bastante masivo para tener forma casi redonda y haber despejado su vecindario orbital. Plutón cumple las dos primeras, pero comparte zona con muchos otros objetos del cinturón de Kuiper. Resultado: lo reclasificaron como planeta enano.

Así que Colin Matthews tiene ahora un logro curioso en el currículum: es el autor del movimiento sobre el único planeta que ha dejado de serlo oficialmente. La partitura sigue existiendo y se puede tocar, claro, porque a la música le dan igual los votos de los astrónomos. Pero el blog de curiosidades Futility Closet, que recordaba esta historia, se preguntaba con mucha guasa en qué situación quedaba la obra tras 2006. Una pregunta razonable.
Los fans de Plutón, que son muchos, dirán que esto refuerza el título: si alguien necesitaba un «renovador», era él. Y no les falta razón: cuando la sonda New Horizons pasó junto a Plutón en 2015 y mostró sus llanuras heladas y su famoso corazón, mucha gente volvió a enamorarse del pequeño expulsado.
Por qué importa
La historia de Los planetas y su octavo movimiento es un buen recordatorio de que la ciencia avanza y obliga a reescribir las cosas, incluso las que creíamos cerradas. Holst compuso con lo que se sabía en 1918; Matthews, con lo que se sabía en 2000; y la astronomía, a su ritmo, siguió a lo suyo. El arte se queda congelado en su época y la ciencia no, así que de vez en cuando chocan. Y si alguien vuelve a añadir un movimiento, que sea para un planeta con el puesto asegurado. O que se espere un poco, por si acaso.
- A Late Addition — Futility Closet
- Pluto, the Renewer — Wikipedia
- IAU 2006 General Assembly: Result of the IAU Resolution votes — Unión Astronómica Internacional
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