El violín hecho con la pinza de una langosta gigante (y sonaba de verdad)
En 1903 la revista The Strand presentó un violín fabricado con la pinza de una langosta de casi 8 kilos. Su dueño juraba que sonaba como cualquier otro.

Hay gente que guarda la pinza de un marisco en el cajón como recuerdo de una buena cena. Y luego está el tipo que la miró un día, entornó los ojos y pensó: «Esto, con unas cuerdas, es un violín». Pasó de verdad, o al menos así lo contó en diciembre de 1903 la revista británica The Strand, la misma que publicaba a Sherlock Holmes. El blog de curiosidades Futility Closet ha rescatado ahora la historia.
El protagonista es John H. Dadmun, vecino de Camden (Nueva Jersey), y según la revista su obra era nada menos que el único violín del mundo hecho con la pinza de una langosta gigante. Un récord difícil de batir, sobre todo porque no parece que nadie más lo haya intentado.
Una langosta de las que no caben en la cazuela
La pieza clave tiene su propia historia. La langosta se pescó frente a Gloucester, en Massachusetts, en marzo de 1862, y pesaba «diecisiete libras y media», unos 7,9 kilos. Para que os hagáis una idea: eso es más que muchos gatos domésticos, pero con muy mala leche y armado con dos tenazas.

La pinza que se conservó tampoco era poca cosa. Estas son sus medidas, convertidas de pulgadas a algo que entendamos aquí:
- Unos 33,7 centímetros de largo.
- Unos 17,8 centímetros de ancho.
- Unos 8,3 centímetros de grosor.
Es decir, una pinza más o menos del tamaño de un violín pequeño. Y ahí está la gracia de toda la historia: la forma ya venía de serie.
De curiosidad de salón a instrumento
Durante años, la pinza fue simplemente eso: un objeto raro más entre las curiosidades de la casa, de esos que se enseñan a las visitas para que pongan cara de asombro. Hasta que a su dueño se le ocurrió que tenía cierta forma de violín. A partir de ahí, según el relato de The Strand, hicieron falta mucha paciencia y mucho esfuerzo para convertirla en un instrumento que se pudiera tocar.

El artículo no entra en detalles técnicos sobre cómo lo logró, así que no vamos a inventárnoslos. Lo que sí cuenta es que el primer resultado tenía un problema muy de estreno: sonaba dulce, pero flojito, sin volumen suficiente para tocar en una orquesta. La solución fue cambiar los accesorios y el ajuste del instrumento, y con eso el sonido ganó bastante fuerza.
«El violín, tocado como es debido, suena exactamente igual que cualquier otro violín», aseguraba la revista.
Lo cual, pensándolo bien, es a la vez el mayor elogio y la mayor decepción posible. Uno espera que un violín de langosta suene a mar, a salitre, a algo misterioso de las profundidades. Y no: suena a violín. Misión cumplida, eso sí.
Una historia que hay que tomarse con su pizca de sal
Conviene recordar que todo esto procede de un artículo de prensa de 1903 y que los datos los aporta el propio dueño del instrumento, que era quien contaba «la historia de su vida». No hay, en el material que hemos consultado, ninguna prueba independiente de cómo sonaba ni de dónde acabó el violín. Las revistas de la época adoraban este tipo de rarezas, y The Strand la presentó directamente como «el instrumento musical más curioso jamás fabricado».

Por cierto, la entrada de Futility Closet que recupera la anécdota viene acompañada de una lista de palabras inglesas poco comunes, y alguna le va como anillo al dedo. Theriomorphic significa «con forma de bestia salvaje», algo que este violín cumple con creces. Y anabiosis es «volver a la vida, revivir», que es justo lo que le pasó a una pinza olvidada en una estantería cuarenta años después de salir del agua.
Por qué importa
Detrás del chiste hay algo muy humano: la capacidad de mirar un objeto cualquiera y ver otra cosa. Muchos instrumentos tradicionales nacieron así, a partir de calabazas, caparazones, cuernos o cañas, y este violín de langosta es una versión decimonónica y algo excéntrica de ese mismo impulso. También es un recordatorio de que, antes de internet, las revistas ya vivían de contar maravillas difíciles de comprobar. Así que sí: en algún momento de la historia alguien tocó música con lo que sobró de una mariscada. Y, si hacemos caso a la revista, ni siquiera desafinaba.
- In a Word — Futility Closet
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios