El universo por fin tiene una estrella verde (y es un cadáver estelar)
Un equipo de la Universidad de Warwick ha encontrado la primera estrella que el ojo humano vería verde de verdad: una enana blanca con sodio en la atmósfera. No es la única con un color raro.

Si alguna vez dibujaste el cielo con ceras de colores y pintaste una estrella verde, tu profesora te diría que eso no existe. Tenía razón hasta ahora. Un grupo de astrónomos ha encontrado la primera estrella conocida que una persona vería verde a simple vista. No es un verde fosforito de extraterrestre de película, sino un tono más bien pistacho, entre el verde y el amarillo. Para rematar, la estrella está muerta.
El hallazgo lo firman Mark Hollands y Boris Gänsicke, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), con Pier-Emmanuel Tremblay y Detlev Koester. El estudio sale en la revista RAS Techniques and Instruments y tiene un título muy apropiado: Any colour you like («del color que quieras»).
Por qué casi no hay estrellas verdes
Que no haya estrellas verdes tiene su explicación. Una estrella normal emite luz en muchos colores a la vez, y nuestro ojo los mezcla todos. Según la temperatura, el resultado tira a rojizo, a anaranjado, a blanco o a azulado, pero el verde se queda siempre por el camino. Para que una estrella se vea verde tiene que pasarle algo raro.

Eso raro le ha pasado a WDJ1330+6435, una enana blanca. Las enanas blancas son lo que queda cuando una estrella como el Sol agota su combustible: un núcleo muy compacto que se va enfriando poco a poco durante muchísimo tiempo. Esta está a unos 4.000 °C, que en términos estelares es estar casi tibia. Su atmósfera lleva sodio, el mismo elemento que da el color naranja a las farolas antiguas. Según el equipo, ese sodio se traga la parte naranja de la luz de la estrella, y lo que llega hasta nosotros es un brillo verde que los investigadores describen como «fantasmal».
O sea, que la primera estrella verde de la historia es básicamente un fantasma que ha dejado de comer naranjas. Halloween se ha adelantado en el espacio.
Un catálogo de colores de muertos ilustres
El trabajo no buscaba solo la estrella verde. Los autores estudiaron 151 enanas blancas a menos de 20 pársecs del Sistema Solar, unos 65 años luz, que en astronomía es como decir «en el portal de al lado». Calcularon qué color vería un ojo humano en cada una.

La mayoría se portan como se espera: su color típico corresponde a unos 6.800 kelvin, o sea, blanco. Pero aproximadamente una de cada 30 se sale de lo normal, y la lista parece una carta de pintura:
- Verde pistacho: WDJ1330+6435, la estrella de esta historia.
- Rosa salmón intenso: WDJ1011+2845, a 48 años luz, que podría ser la estrella más roja que se ha registrado nunca.
- También aparecen tonos púrpura, amarillo, cian y azul claro.
Si el universo tuviera una tienda de decoración, en el pasillo de las enanas blancas habría más colores que en un catálogo de esmaltes de uñas.
La culpa la tiene una atmósfera muy apretada
¿Por qué pasa esto? Las enanas blancas más frías tienen atmósferas tremendamente densas, de alrededor de un gramo por centímetro cúbico, más o menos lo mismo que el agua. Imagina una atmósfera tan apretada como el agua de una piscina. Con esa densidad, los átomos y las moléculas reaccionan entre sí de formas muy poco habituales y absorben franjas de luz que en otras estrellas no tocarían. Cada estrella acaba con un color distinto según cómo sea su química y su temperatura.

Una pega para quien ya estuviera buscando los prismáticos: estas estrellas brillan muy poco y no se ven desde el balcón. Los colores salen de analizar su luz con instrumentos, y lo que cuenta el estudio es cómo las percibiría un ojo humano si pudiera recoger esa luz. De momento, la estrella verde es un recuerdo que solo se puede ver con telescopio.
Por qué importa
Además de ser curioso, el color de una enana blanca da pistas sobre lo que lleva dentro. Que una de cada 30 tenga un tono raro indica que sus atmósferas son mucho más variadas de lo que se creía, y cada tono raro señala una química distinta que vale la pena estudiar. Las enanas blancas son el destino de casi todas las estrellas, el Sol incluido, así que entenderlas es también asomarse al futuro de nuestro vecindario. Y de paso queda zanjado un debate de la infancia: las estrellas verdes existen. Solo hacía falta morirse primero.
- Astronomers discover a ghostly green star unlike any known before — ScienceDaily (nota de la Universidad de Warwick)
- Any colour you like: the diverse chromaticities of white dwarfs — Hollands, Gänsicke, Tremblay y Koester, RAS Techniques and Instruments (2026), DOI 10.1093/rasti/rzag069 — RAS Techniques and Instruments
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