El portátil de 1995 que escondía un teclado más ancho que él mismo
En 1995, el ThinkPad 701 de IBM medía 24,6 cm de ancho, pero al abrirlo aparecía un teclado de más de 28. El truco era geometría pura, y acabó en el MoMA.

Imagina que abres un portátil y el teclado se sale literalmente por los lados. No es una avería ni un efecto especial: es el ThinkPad 701 de IBM, que salió a la venta en 1995 y se cerraba con un truco digno de un mago con calculadora. El aparato medía 24,6 centímetros de ancho, pero al levantar la tapa aparecía un teclado de más de 28,6. Unos cuatro centímetros de teclado que, en teoría, no cabían por ningún sitio.
En los noventa los portátiles pequeños tenían un problema muy concreto: si encogías el equipo, encogías el teclado, y escribir se convertía en un ejercicio de puntería con dedos de gigante. IBM decidió que el teclado no tenía por qué ser más pequeño. Lo que hizo fue partirlo en dos.
Un puzle de dos piezas que se monta solo
El secreto era lo que los matemáticos llaman una disección: cortar una figura en piezas y recolocarlas para formar otra distinta. Con la tapa cerrada, el teclado se guardaba en dos bloques, cada uno con forma aproximada de triángulo rectángulo. Al abrir la pantalla, el mecanismo deslizaba cada mitad hacia un lado, y una de ellas además bajaba un poco, hasta que las dos encajaban y formaban un teclado de tamaño completo.

Visto en marcha, el movimiento recuerda a unas alas que se despliegan. Por eso se le conoció como el «teclado mariposa». Ojo, que no tiene nada que ver con los teclados de poco recorrido que otra marca bautizó igual muchos años después y que tantos dolores de cabeza dieron. Este mariposa era de los buenos: aparecía de la nada y, encima, ofrecía teclas a tamaño normal.
El diseñador fue John Karidis, ingeniero de IBM, y de ahí el nombre con el que lo recuerdan los aficionados a la geometría: el teclado Karidis.
Abrir y cerrar la tapa sin parar
Lo mejor del invento es que no solo servía para algo, sino que además resultaba hipnótico. El matemático Greg Frederickson, especialista precisamente en disecciones geométricas, lo resumió con una confesión que cualquiera que haya tenido uno entenderá:

«Te descubres abriendo y cerrando la tapa una y otra vez solo para ver el movimiento».
Es decir, el ThinkPad 701 fue, sin pretenderlo, uno de los primeros cacharros que daban ganas de toquetear sin motivo, como esos bolígrafos con clic que no puedes dejar de pulsar en una reunión. Con la diferencia de que este juguete costaba lo que costaba un portátil en 1995.
El diseño fue tan elegante que el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) incorporó el teclado mariposa a su colección permanente. No todos los periféricos pueden presumir de compartir edificio con obras de arte de primera fila.
Por qué desapareció un invento tan bonito
Si era tan ingenioso, ¿por qué no lo llevan hoy todos los portátiles? La respuesta es bastante prosaica: cuando IBM retiró el modelo 701, el teclado plegable se fue con él. Según explicó el propio Karidis, el mecanismo dejó de tener sentido porque la gente pasó a usar pantallas más grandes. Una pantalla más ancha implica un chasis más ancho, y en un chasis así ya cabe un teclado completo sin necesidad de origami.

Karidis también señaló dónde seguiría teniendo sentido una idea así: en aparatos que quieran combinar el teclado más grande posible con una pantalla de unas 8 o 10 pulgadas. O sea, justo el terreno de los equipos ultracompactos, que van y vienen según las modas.
Hay una lección escondida en todo esto: a veces la mejor solución de ingeniería no gana porque sea peor, sino porque el problema que resolvía deja de existir. El teclado mariposa no murió de fracaso, murió de éxito ajeno: las pantallas crecieron y le quitaron el trabajo.
- Año: 1995.
- Ancho del equipo: 24,6 cm.
- Ancho del teclado desplegado: más de 28,6 cm.
- Truco: dos piezas casi triangulares que se deslizan y encajan al abrir la tapa.
- Premio de consolación: un sitio en la colección permanente del MoMA.
Por qué importa
El ThinkPad 701 demuestra que las matemáticas recreativas, esas que parecen puro pasatiempo de rompecabezas, pueden acabar resolviendo un problema muy real: cómo meter un teclado grande en una caja pequeña. Y recuerda que el buen diseño no siempre consiste en añadir potencia, sino en mirar un problema desde otro ángulo… en este caso, literalmente desde el ángulo de un triángulo rectángulo. Treinta años después, sigue siendo uno de esos inventos que te hacen pensar: «¿Y por qué no se le ocurrió esto a nadie más?».
- The Karidis Keyboard — Futility Closet
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