EDICIÓN Nº 027 · Domingo 11 oct 2026
Curiosidades

El matemático que dio una charla en latín y acabó hablando un idioma inventado

Giuseppe Peano quiso que el latín fuera fácil. Para presentar su idea empezó a hablar en latín clásico y fue quitándole gramática hasta acabar en un idioma nuevo.

Redacción2026-10-11idiomas · Giuseppe Peano · latín · lenguas inventadas · historia de la ciencia
Biblioteca Giuseppe Peano del Dipartimento di Matematica. Università degli Studi di Torino
Foto: Mastrocom · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada
Le definizioni in matematica (Peano)
Foto: Giuseppe Peano · Public domain · Wikimedia Commons

Imagina que tu profesor de latín entra en clase, empieza a declinar con toda la solemnidad del mundo y, a mitad de la explicación, dice: «Bueno, los casos, fuera». Un rato después tampoco quedan conjugaciones. Al terminar la clase, lo que habla ya no es latín: es otra cosa, mucho más sencilla, que él mismo acaba de inventar. Esto pasó de verdad, y el protagonista no fue un alumno harto de los deberes. Fue uno de los matemáticos más rigurosos de su época.

Un señor de axiomas con un plan para el idioma

Giuseppe Peano (1858-1932) fue un matemático italiano que hoy aparece en cualquier libro de lógica. Los axiomas de Peano, que publicó en 1889, son la base formal con la que se definen los números naturales: el 0, el siguiente, el siguiente del siguiente… Para entendernos, convirtió el «uno, dos, tres» en un sistema de reglas sin una sola grieta. También se le conoce por la curva de Peano, una línea tan retorcida que llega a rellenar un cuadrado entero. Era, por tanto, un hombre al que no le gustaba nada lo que sobra.

Giuseppe Peano 100 Exemplo de Interlingua p.1
Foto: Giuseppe Peano · Public domain · Wikimedia Commons

Con esa forma de pensar se puso a mirar los idiomas. A principios del siglo XX la ciencia se publicaba en muchas lenguas y entender a un colega extranjero podía costar un buen diccionario y bastante paciencia. Peano pensó que la solución ya existía: durante siglos el latín había sido el idioma común de los sabios europeos. Su vocabulario seguía vivo en el italiano, el francés, el español, el portugués y, en buena parte, en el inglés científico. El problema era la gramática.

Latín sin flexión: quitar hasta que funcione

La propuesta se llamó Latino sine flexione, que viene a ser «latín sin flexión». La idea era conservar las palabras del latín y eliminar todo lo que a generaciones de estudiantes les ha quitado el sueño:

Busto Giuseppe Peano, liceo scientifico, Cuneo
Foto: Francians · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
  • Nada de declinaciones: cada sustantivo se usa siempre con la misma forma, sin nominativos, acusativos ni ablativos que memorizar.
  • Verbos sin tablas de conjugación: una sola forma, y el tiempo o la persona se indican con otras palabras.
  • Sin concordancias complicadas de género ni de caso.
  • Vocabulario que cualquier hablante de una lengua romance reconoce casi a primera vista.

El resultado es un idioma que un hispanohablante lee con bastante soltura sin haberlo estudiado nunca. Suena como si alguien hubiera hablado en latín con prisa y sin ganas de discutir.

La charla que se iba simplificando sola

Lo mejor es cómo lo presentó. Según recoge Futility Closet, en un discurso de 1908 Peano empezó a hablar en latín clásico, de los de toda la vida. Cada vez que explicaba una simplificación, la aplicaba en ese mismo momento. Fuera un caso gramatical, fuera una terminación verbal… Y así, frase a frase, llegó al final del discurso hablando ya en su lengua nueva.

Formulario Mathematico Peano p.1
Foto: Giuseppe Peano · Public domain · Wikimedia Commons

Es una demostración de libro: en lugar de defender que su idioma funcionaba, lo construyó delante del público. Viene a ser como montar un mueble de IKEA durante una conferencia sobre lo fácil que es montarlo. Si el mueble se tiene en pie al final, poco más hay que discutir.

Peano no se quedó en la teoría. Usó el latín sin flexión en sus propios trabajos matemáticos, entre ellos la última edición de su Formulario Mathematico, y en 1908 pasó a dirigir una academia dedicada a la lengua internacional que acabó llamándose Academia pro Interlingua. Ojo, que no hay que confundirla con otra Interlingua posterior, de mediados del siglo XX, que es un proyecto distinto con el mismo nombre. Los idiomas inventados tienen sus propios líos de marca.

¿Y qué fue de él?

Como casi todas las lenguas auxiliares de la época (el volapük, el esperanto, el ido…), el latín sin flexión no consiguió convertirse en el idioma común de la ciencia. Ese puesto lo acabó ocupando el inglés, que no se diseñó para ello y tiene una ortografía que habría hecho llorar a Peano. Aun así, su propuesta tuvo seguidores durante décadas y sigue siendo uno de los intentos más curiosos de aprovechar algo que ya compartíamos en lugar de inventarlo todo desde cero.

Por qué importa

La historia de Peano recuerda que muchos problemas no piden añadir cosas, sino quitarlas. Un matemático acostumbrado a reducir la aritmética a unas pocas reglas aplicó el mismo método a una lengua y le salió algo que cualquiera podía leer. No cambió el mundo, pero dejó una de las demostraciones más elegantes de la historia de la divulgación: explicar una idea mientras la pones en práctica. Y a todos los que alguna vez suspendimos el ablativo nos da una pequeña revancha, porque un genio de verdad también pensó que sobraba.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

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