Científicos argentinos enseñan a un gorrión una canción que nadie cantaba desde los 60
Un equipo de la Universidad de Buenos Aires tomó unas notas a mano de los años 60, las convirtió en canto sintético y en menos de tres meses un chingolo empezó a imitarlo.

Hay canciones que se pierden porque nadie las graba. Y luego está el caso del chingolo de Buenos Aires: alguien sí apuntó su canción, a lápiz, hace más de sesenta años. Gracias a esas notas, un equipo de físicos argentinos ha conseguido que un pájaro de hoy vuelva a cantar una melodía que en su barrio no se oía desde hacía décadas. Algo así como recuperar un éxito de la verbena de 1965 y que un adolescente lo empiece a tararear sin saber de dónde ha salido.
La historia la ha contado The Guardian y la ha recogido también Yale Environment 360. El protagonista es el chingolo (Zonotrichia capensis), un gorrión muy común en Sudamérica con un rasgo poco común: su canto no viene de serie. Los machos jóvenes lo aprenden escuchando a los adultos de su zona, igual que nosotros aprendemos el acento del pueblo.
Una partitura escrita a mano en los años 60
En los años sesenta, el ornitólogo argentino Fernando Nottebohm grabó los cantos de los chingolos del parque Pereyra Iraola, al norte de La Plata, y dejó anotadas a mano sus estructuras. Era una especie de cancionero de la zona. El problema es que, con el paso de las generaciones, algunas de esas melodías dejaron de oírse. Si ningún adulto las canta, ningún joven las aprende, y la canción desaparece sin hacer ruido (nunca mejor dicho).

Aquí entra el equipo de Gabriel Mindlin, profesor de Física en la Universidad de Buenos Aires, que lleva años estudiando con modelos matemáticos cómo producen su canto las aves. Tomaron aquellas anotaciones antiguas y generaron por ordenador una versión sintética de una de las canciones perdidas. Después la emitieron en el hábitat de los chingolos con una pregunta muy sencilla: ¿les parecería lo bastante real como para copiarla?
La respuesta llegó antes de lo esperado. En menos de tres meses, un pájaro del lugar ya cantaba fragmentos de la melodía recuperada. No la clavó entera, pero para ser un alumno que aprendió de un altavoz, no está nada mal.
«Un día agradeceremos tener todos esos registros», dijo Gabriel Mindlin a The Guardian.
No es el único coro con profesores particulares
Argentina no es el único sitio donde se dan clases de canto a pájaros. Según recoge Yale Environment 360, hay experiencias parecidas en otros lugares:

- Inglaterra: un grupo de escribanos soteños trasladados de Devon a Cornualles empezó cantando de forma rara, con cantos descritos como chirriantes y lentos. Tras ocho años, sus canciones se normalizaron, una señal de que la recuperación es posible. La investigadora Sarah Collins, de la Universidad de Plymouth, explica que lo que aprenden las aves no son tanto las notas sueltas como la forma de combinarlas.
- Australia: unos mieleros regentes criados en zoológico aprendieron el canto tradicional de su especie gracias a solo dos tutores nacidos en libertad, y luego lo transmitieron a las siguientes generaciones. Ese caso apunta a que la interacción con otros pájaros ayuda, no solo escuchar grabaciones.
Con estos resultados, los científicos han empezado a reunir bases de datos de cantos de aves para que las generaciones futuras, tanto de pájaros como de investigadores, tengan de dónde tirar si una canción se pierde.
El canto también es cultura
Lo interesante de todo esto es el cambio de mirada. Cuando pensamos en conservar una especie, solemos pensar en contar ejemplares, proteger nidos o recuperar hábitats. Pero en las aves que aprenden a cantar hay algo más que se puede perder: su repertorio. Mindlin lo resume diciendo que el comportamiento aprendido de los animales, como el canto, es también una parte esencial de sus poblaciones.

Dicho de otra forma: puedes tener muchos pájaros y aun así haber perdido parte de su «folclore». Y en especies en las que el canto sirve para cortejar y marcar territorio, cantar raro no es una cuestión estética, sino algo que puede afectar a la hora de encontrar pareja.
El trabajo de Mindlin y su equipo se cuenta además en Dream of Birds, un documental de Sandbox Films e Infinite Sums con Guardian Documentaries que sigue cómo cambian las melodías de estos gorriones con los años y cómo intentan reintroducir las que se han ido apagando.
Por qué importa
Este experimento demuestra que unas notas olvidadas en un cuaderno pueden servir, sesenta años después, para devolver un trozo de cultura animal a su sitio. También es un buen argumento a favor de documentarlo todo, aunque parezca inútil en el momento: hoy son bases de datos de cantos y mañana pueden ser la única partitura que quede. Y deja una lección: si alguna vez dudas de si merece la pena apuntar algo, piensa que un chingolo de La Plata está cantando gracias a alguien que en 1960 y pico se tomó la molestia de hacerlo.
- Singing Lessons — Futility Closet
- Why birds sing: birdsong dialects, tutors and AI — The Guardian
- Scientists Are Teaching Birds to Sing Lost Songs — Yale Environment 360
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