EDICIÓN Nº 045 · Jueves 29 oct 2026
Curiosidades

Bertrand Russell y la discusión del termostato: o cero absoluto o hierro fundido

En 1924, Bertrand Russell explicó con el ejemplo de la calefacción por qué discutimos tan mal: casi nadie pide «un poco más», todo el mundo pide el extremo. Un siglo después sigue pasando.

Redacción2026-10-29Bertrand Russell · filosofía · lógica · falso dilema · temperatura
Bertrand Russell at Cal Tech
Foto: Los Angeles Times · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
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Hay discusiones domésticas que no se arreglan nunca. La del termostato es una de ellas: alguien dice que en casa hace un calor insoportable y otra persona, en el sofá y con manta, contesta que se está quedando helada. Hasta aquí, nada raro. Lo raro sería que una propusiera ponerlo a -273,15 °C y la otra a 1.538 °C. Pues bien, según Bertrand Russell, así es exactamente como discutimos en cuanto el tema se pone serio.

El filósofo y matemático británico lo dejó por escrito en Icarus, or the Future of Science, un ensayo breve de 1924, y la web de curiosidades Futility Closet ha rescatado el fragmento. La idea es sencilla y hace bastante gracia: si la temperatura de las habitaciones fuera un asunto de bandos, un grupo defendería que lo ideal es el cero absoluto y el otro, el punto de fusión del hierro.

El problema no es el qué, sino el cuánto

Russell parte de una observación que atribuye a Graham Wallas, psicólogo social británico de su época: muchas controversias deberían plantearse en términos cuantitativos. Traducido al lenguaje del salón: la pregunta no es «¿calefacción sí o calefacción no?», sino «¿cuántos grados?».

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Foto: Honourable Bertrand Russell.jpg: Photographer not identified · Public domain · Wikimedia Commons
«Las controversias deberían llevarse en términos cuantitativos», resume Russell citando a Graham Wallas.

Parece obvio, pero no lo es tanto. Cuando discutimos, tendemos a convertir una escala continua en un interruptor de dos posiciones. Ya no se habla de grados, sino de bandos: los del frío contra los del calor. Y una vez que hay bandos, cada uno tira hacia su extremo para que no le confundan con el de enfrente.

Las dos cifras del ejemplo, por cierto, son de verdad, y ninguna resulta muy acogedora:

  • Cero absoluto (-273,15 °C): la temperatura más baja posible en física, en la que las partículas tendrían la mínima energía. Ni los laboratorios más fríos del mundo llegan a alcanzarla del todo; solo se quedan a una fracción de grado.
  • Punto de fusión del hierro (unos 1.538 °C): lo que hace falta para que una barra de hierro se convierta en un líquido brillante. Es ideal para una fundición y bastante menos para ver una serie.

Entre una cifra y otra hay más de 1.800 grados de margen. Y, curiosamente, casi todo el mundo acaba poniéndose de acuerdo en torno a los 21.

El drama del que propone 21 grados

Lo más fino del texto de Russell llega al final. Según cuenta, quien se atreve a proponer una temperatura moderada recibe palos de los dos lados: unos le acusan de querer congelarnos a todos y otros, de querer asarnos vivos. El de los 21 °C, que es justo quien tiene razón, acaba siendo el sospechoso.

Bertrand Russell, 1894
Foto: Unknown authorUnknown author · Public domain · Wikimedia Commons

Cualquiera que haya compartido piso, oficina o coche en agosto lo reconocerá. En cuanto alguien propone un punto intermedio («¿y si lo dejamos en 22?»), ambos bandos lo leen como una traición. Y eso que solo hablamos de un número en una pantallita.

Los manuales de lógica tienen nombre para parte de esta trampa: falso dilema, o falsa dicotomía. Consiste en presentar solo dos opciones como si fueran las únicas, cuando en realidad hay un abanico entero entre medias. El ejemplo de Russell funciona tan bien porque lleva el falso dilema hasta el absurdo: si solo valen los extremos, los extremos de la temperatura son literalmente incompatibles con la vida.

Cómo aplicar el método Russell en casa

La lección se puede usar fuera de la filosofía, y con bastante éxito. Algunas ideas prácticas que salen directamente del razonamiento del ensayo:

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Foto: UnknownUnknown · Public domain · Wikimedia Commons
  • Cambia el «sí o no» por el «cuánto». «¿Pedimos pizza?» genera guerra; «¿cuántas pizzas?» genera matemáticas.
  • Pon un número encima de la mesa. «Hace frío» no se puede discutir; «propongo subir dos grados» sí.
  • Desconfía de tu propio extremo. Si tu postura, llevada al límite, acaba en el cero absoluto o en una fundición, quizá estés defendiendo una dirección y no una cantidad.

Nada de esto garantiza la paz en el salón, claro. Russell era un pensador brillante, pero no consta que resolviera nunca el clásico debate de la ventana abierta en el tren.

Por qué importa

Hace más de un siglo, Russell detectó algo que hoy se nota en cualquier hilo de comentarios: convertimos preguntas de grado en peleas de todo o nada, y el que propone el término medio se lleva los golpes de ambos lados. Pensar en cantidades no da la razón a nadie, pero sirve para que la conversación vuelva a lo que se puede medir. Y, de paso, evita que alguien acabe defendiendo con total seriedad que el salón debería estar a 1.538 grados.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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