La seta que hace ver «personitas»: identifican a la culpable en China y Filipinas
Un estudio con ADN señala a Lanmaoa asiatica como la seta que provoca visiones de diminutos seres humanos, un misterio que arrastra casi un siglo de testimonios. Además, no contiene psilocibina.

Desde hace casi cien años circulan por varios rincones del planeta relatos muy parecidos y bastante desconcertantes: personas que, tras comer ciertas setas silvestres, aseguran ver decenas o incluso cientos de pequeños humanos de colores moviéndose por su entorno real. No hablamos de sueños ni de figuras borrosas, sino de visiones nítidas de seres de entre 3 y 30 centímetros. En medicina este fenómeno tiene nombre propio: alucinaciones liliputienses, en homenaje a los diminutos habitantes de Liliput de Los viajes de Gulliver.
Ahora, un trabajo de la Universidad de Utah y del Museo de Historia Natural de Utah pone nombre y apellidos a la principal sospechosa: Lanmaoa asiatica, una seta de la familia de los boletos. Este artículo es un resumen propio del estudio y de la nota de prensa publicada en ScienceDaily, no una traducción.
Un misterio que empezó en 1934
Los primeros testimonios documentados se remontan a 1934 en Papúa Nueva Guinea. Entre los años cincuenta y sesenta, varias investigaciones antropológicas intentaron aclarar qué ocurría, sin llegar a conclusiones firmes. Incluso Albert Hofmann, el químico suizo conocido por sintetizar el LSD, analizó muestras sin lograr identificar el principio activo.

El rastro se reavivó en los años noventa con casos registrados en China, en concreto en la provincia de Yunnan, donde una seta llamada localmente jian shou qing forma parte de la tradición gastronómica. Según la información difundida por los investigadores, consumirla sin cocinarla a fondo puede desencadenar estas visiones tan peculiares.
La pieza que faltaba llegó en 2024. Colin Domnauer, doctorando en la Universidad de Utah, tuvo noticia de experiencias similares en una comunidad indígena de la Cordillera Norte de Filipinas, donde a la seta en cuestión la llaman sedesdem. Dos nombres, dos países y unos relatos sospechosamente parecidos: había que comprobar si se trataba del mismo hongo.
Cómo lo han averiguado: ADN y trabajo de campo
El estudio, firmado por Colin Domnauer y el micólogo Bryn T. M. Dentinger, se ha publicado en la revista Mycologia (2026, vol. 118, n.º 4) con el título «Phylogenomic systematics of Lanmaoa (Boletaceae) reveals cryptic diversity, resolves global evolutionary relationships, and suggests a novel psychoactive lineage» (DOI: 10.1080/00275514.2026.2670968). El trabajo no figura como de acceso abierto en el material consultado.

El equipo combinó varias líneas de trabajo:
- Expediciones de campo en Yunnan y en el norte de Filipinas, donde, según los autores, han realizado el primer muestreo científico de hongos de la zona.
- Secuenciación genética de 53 ejemplares, tanto recogidos en su hábitat natural como conservados en colecciones de museos.
- Análisis químicos para buscar compuestos psicoactivos ya conocidos.
El resultado fue claro en lo esencial: el jian shou qing chino y el sedesdem filipino son la misma especie, Lanmaoa asiatica. La sorpresa es que hasta ahora se creía que esta seta solo crecía en China.
De paso, el análisis reorganizó el género entero. Los investigadores reconocen 17 especies de Lanmaoa, cuatro de ellas desconocidas hasta ahora para la ciencia. Dos de esas especies nuevas ya estaban guardadas en colecciones de Estados Unidos, pero nadie las había distinguido hasta que el ADN reveló que eran diferentes. Es un buen recordatorio del valor de los herbarios: a veces los descubrimientos llevan décadas esperando en un cajón.
Sin psilocibina: ¿una sustancia desconocida?
Lo más intrigante llega con la química. Las pruebas no detectaron ninguno de los compuestos psicoactivos conocidos, ni siquiera la psilocibina, la molécula responsable de los efectos de las llamadas «setas mágicas». Eso lleva a los autores a sospechar que L. asiatica produce una sustancia alucinógena completamente nueva. Según su análisis, además, es la única especie del género de la que hoy se sabe que tiene efectos psicoactivos, de ahí que el título del artículo hable de un posible «nuevo linaje psicoactivo».
El trabajo tiene límites que conviene tener presentes:
- Papúa Nueva Guinea sigue sin resolver. El equipo no pudo recoger ejemplares allí porque el tiempo seco lo impidió, así que no se puede confirmar que los casos históricos se deban a la misma especie.
- La molécula aún no existe sobre el papel. Por ahora solo se sabe lo que no es; su identificación es el próximo objetivo del equipo.
- Hay mucho que no se ha estudiado todavía. El material publicado no detalla por qué el cocinado influye ni cómo actúa el compuesto en el cerebro.
Por si hiciera falta decirlo: nada de esto invita a probar setas silvestres. Hay boletos tóxicos muy parecidos entre sí y, como muestra este mismo caso, una identificación fiable puede exigir análisis genéticos.
Por qué importa
Este estudio cierra en parte un enigma de casi un siglo y abre otro igual de interesante. Si se confirma que Lanmaoa asiatica fabrica un alucinógeno desconocido, la química tendría una molécula nueva que estudiar y la neurociencia, una herramienta inesperada para entender cómo el cerebro construye lo que vemos, incluidas visiones tan concretas como estas «personitas». Además, el trabajo muestra cómo el conocimiento tradicional de comunidades locales, unido al ADN y a las viejas colecciones de museo, puede resolver preguntas en las que fallaron décadas de expediciones.
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