Fósiles de 518 millones de años reescriben el origen de las estrellas de mar
Varios fósiles cámbricos apuntan a que los antepasados de las estrellas de mar capturaban comida con tentáculos, y no filtrándola pasivamente con las branquias.

Las estrellas de mar no llegaron solas: pertenecen a los equinodermos, el grupo que comparten con erizos, pepinos y lirios de mar. Es una de las ramas más extrañas del árbol animal, porque de adultos abandonan la simetría bilateral que tenemos casi todos los demás y se organizan en cinco radios. Reconstruir su arranque es, por eso, uno de los rompecabezas clásicos de la paleontología. Y acaba de moverse una pieza importante: según el trabajo difundido por Phys.org, varios fósiles de hace 518 millones de años obligan a reescribir ese primer capítulo.
Tentáculos en lugar de branquias
La idea que se venía manejando era relativamente sencilla: aquellos primeros parientes de las estrellas de mar comían de forma pasiva, dejando que las partículas de alimento llegaran a sus branquias mientras el agua circulaba por ellas. Los nuevos fósiles apuntan a lo contrario. Los ejemplares conservan indicios de que estos animales se alimentaban con tentáculos, es decir, con estructuras que capturan activamente el alimento del agua o del fondo marino.

El matiz parece pequeño y no lo es. Cambia el orden de los acontecimientos evolutivos:
- Sitúa la alimentación con tentáculos antes de lo que se pensaba en la historia del grupo.
- Obliga a revisar qué papel tenían las branquias en esos animales: respiración, alimentación o ambas cosas.
- Afecta a cómo se comparan los equinodermos con sus parientes más cercanos, que también usan tentáculos o coronas de filamentos para comer.
La fecha, 518 millones de años, coloca el hallazgo en plena explosión cámbrica, el intervalo en el que aparecen en el registro fósil los grandes planes corporales del reino animal. Es precisamente el momento en el que interesa saber quién comía qué y cómo.
Lo que el hallazgo no aclara (todavía)
Conviene ser honesto con los límites. Esta pieza es un resumen propio a partir de la nota de Phys.org, no una traducción del estudio, y esa nota no detalla el yacimiento, las especies implicadas ni las técnicas de imagen empleadas. Sin ese detalle no se puede valorar, por ejemplo, cuántos ejemplares sustentan la conclusión ni con qué grado de conservación.

Hay además cautelas que valen para cualquier fósil cámbrico. Los tejidos blandos se conservan mal y de forma desigual, así que interpretar un tentáculo a partir de una impresión aplastada en la roca exige comparar muchos ejemplares. Tampoco es automático pasar de la anatomía a la conducta: que un animal tuviera tentáculos no demuestra por sí solo de qué se alimentaba ni con cuánta eficacia. Y la posición exacta de estos fósiles en el árbol evolutivo suele ser la parte más discutida de este tipo de trabajos: basta un carácter reinterpretado para que una rama se mueva.
Por qué importa
Porque el origen de los equinodermos es una de las pruebas de estrés de la biología evolutiva: explica cómo un linaje de simetría bilateral acabó convertido en animales de cinco brazos sin cabeza reconocible. Si la alimentación activa con tentáculos estaba ahí desde el principio, la transición deja de parecer un salto raro y empieza a parecer una serie de pasos comprensibles. Para el lector, el resumen es fácil: la estrella de mar que ves en una roca de la playa desciende de algo que, hace 518 millones de años, ya estaba pescando su comida.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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