Campos magnéticos del Big Bang, posible pista para la tensión de Hubble
Unas simulaciones en 3D apuntan a que campos magnéticos diminutos nacidos con el universo aceleraron la formación del hidrógeno. Eso podría reconciliar las dos medidas de la expansión cósmica, que hoy no cuadran.

Hay un número en cosmología que lleva años incomodando a los científicos: la constante de Hubble, que indica a qué velocidad se expande hoy el universo. Según cómo se mida, sale un valor u otro, y la diferencia ya no parece un simple error de medida. Un equipo internacional propone ahora un sospechoso inesperado: unos campos magnéticos minúsculos que habrían existido desde los primeros instantes del cosmos.
El estudio se ha publicado en Nature Astronomy y lo firman Levon Pogosian (Universidad Simon Fraser, Canadá), Karsten Jedamzik (Universidad de Montpellier), Tom Abel (Universidad de Stanford) y Yacine Ali-Haïmoud (Universidad de Nueva York). Lo que sigue es un resumen con nuestras propias palabras, a partir del artículo y de las notas de prensa de las instituciones. No es una traducción.
Dos reglas que no miden lo mismo
Para calcular el ritmo de expansión hay dos caminos principales:

- El método directo: se mide la distancia a galaxias cercanas con estrellas variables y supernovas, y se compara con la velocidad a la que se alejan. Da unos 73 km/s por megapársec.
- El método indirecto: se parte del fondo cósmico de microondas, la luz más antigua que podemos observar, emitida unos 380.000 años después del Big Bang. Con el modelo cosmológico estándar se deduce cuánto debería expandirse el universo hoy. El resultado ronda los 67 km/s por megapársec.
Esa distancia entre ambas cifras es lo que se conoce como tensión de Hubble. Como resumen los propios autores, si los dos métodos son correctos, al modelo estándar de la cosmología le falta algo importante. La pregunta es qué.
Cómo un imán cósmico cambia la cuenta
La idea de fondo no es nueva: Jedamzik y Pogosian ya la plantearon en 2020. En el universo primitivo, protones y electrones formaban un plasma caliente. Al enfriarse, se unieron para formar átomos de hidrógeno, un proceso llamado recombinación. A partir de ese momento la luz pudo viajar libremente, y esa luz es el fondo de microondas que vemos hoy.

Si en aquel plasma había campos magnéticos débiles, la materia se habría repartido de forma algo más irregular, con zonas un poco más densas. En esas zonas, el hidrógeno se forma antes. Una recombinación algo más temprana cambia la «regla» que los cosmólogos leen en el fondo de microondas. Al recalcular con esa regla corregida, el ritmo de expansión que se deduce sube y se acerca al valor del método directo.
Hasta ahora, esta hipótesis se había estudiado sobre todo con modelos simplificados. La novedad del trabajo es que el equipo ha hecho lo que describe como las primeras simulaciones tridimensionales completas del plasma primordial con campos magnéticos incluidos, siguiendo en detalle cómo se forma el hidrógeno. Para ello ha usado durante unos tres años los superordenadores Cedar y Fir, de la Universidad Simon Fraser.
Lo que encontraron (y lo que no)
Con esas simulaciones calcularon cómo debería verse el fondo de microondas y lo compararon con observaciones reales, incluidas las del satélite Planck y otros telescopios. El mejor encaje aparece con campos de entre 5 y 10 picogauss en la actualidad. Es una intensidad ridícula: el campo magnético de la Tierra es más de cien mil millones de veces más fuerte. Con ese ingrediente, la constante de Hubble deducida se acerca mucho a la que se mide directamente.

La preferencia por estos campos aparece en varios conjuntos de datos, con una significación de entre 1,5 y 3 desviaciones estándar, según el caso. Y aquí conviene frenar. En física, el umbral habitual para hablar de descubrimiento son 5 desviaciones estándar. Los propios autores lo dejan claro: todavía no es un descubrimiento, sino una pista con peso.
Otras limitaciones:
- No hay una detección directa de esos campos primordiales; se infieren por su posible efecto en los datos.
- Hay otras propuestas para explicar la tensión, como formas tempranas de energía oscura o errores sistemáticos aún no identificados en las medidas cercanas.
- El resultado depende de que las simulaciones representen bien la física del plasma primordial, algo que tendrán que contrastar otros grupos.
La buena noticia es que la hipótesis hace predicciones concretas. El trabajo ofrece objetivos claros para los próximos años: los nuevos mapas del fondo de microondas, cada vez más precisos, podrán confirmar o descartar la idea.
Por qué importa
Si se confirma, esta hipótesis resolvería dos misterios a la vez. Por un lado, aliviaría la tensión de Hubble sin tener que inventar partículas ni fuerzas nuevas, solo con un ingrediente que, como apunta Pogosian, «podría haber estado ahí todo el tiempo». Por otro, explicaría de dónde vienen los campos magnéticos que hoy vemos en galaxias y cúmulos, cuyo origen aún no se conoce. Y aunque acabe descartada, la propuesta es útil para la ciencia: es una explicación que se puede poner a prueba con datos que llegarán pronto. Así se avanza en cosmología.
Fuentes: Pogosian, Jedamzik, Abel y Ali-Haïmoud, Nature Astronomy, vol. 10 (2026), DOI: 10.1038/s41550-025-02737-x; ScienceDaily; Universidad Simon Fraser.
- Scientists find a surprising clue to why the universe’s expansion doesn’t add up — ScienceDaily
- Artículo en Nature Astronomy (DOI 10.1038/s41550-025-02737-x) — Nature Astronomy
- Hubble tension: SFU researcher potentially one step closer to a solution — Simon Fraser University
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios