EDICIÓN Nº 050 · Martes 3 nov 2026
Ciencia

Callarse en plena discusión: cuándo es una pausa útil y cuándo un portazo

Una psicóloga defiende que hacer una pausa en silencio, avisando de que vas a volver, ayuda a calmarse. Usado para castigar o escapar, el mismo silencio corta el diálogo.

Redacción2026-11-03psicología · inteligencia emocional · discusiones · estrés · relaciones
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Foto: Peter H Charlton · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA
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Foto: Safoule 2558 LausldM · CC0 · Wikimedia Commons

Todos hemos vivido esa discusión en la que, de repente, alguien deja de hablar. A veces el silencio sienta como un portazo y otras veces es justo lo que evita decir algo de lo que luego te arrepientes. Un artículo reciente de Genbeta recoge la opinión de la psicóloga Olga Albaladejo, que distingue entre un silencio que ayuda y otro que estorba. La diferencia no está en callarse, sino en cómo y para qué se hace.

Antes de seguir conviene aclarar una cosa. El titular habla de que «los expertos coinciden», pero lo que se cuenta son opiniones de una profesional y conceptos del Instituto Gottman, conocido por estudiar a parejas durante décadas. No hay un estudio nuevo detrás. Es divulgación sobre cómo gestionar un conflicto y conviene leerla así, como una buena pauta y no como una ley de la naturaleza.

El «silencio regulador»: callar para volver mejor

Albaladejo lo llama silencio regulador. Es callar a propósito para recuperar la calma y poder decir después algo más útil que lo primero que te viene a la cabeza. Según la psicóloga, usar el silencio de esta forma puede indicar una mayor inteligencia emocional, es decir, más capacidad para reconocer lo que sientes y manejarlo sin que te arrastre.

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Foto: UusiAjaja · CC0 · Wikimedia Commons

La clave, según explica, está en cómo se gestiona. Quien hace bien esta pausa no desaparece sin más, sino que la anuncia con algo parecido a «necesito unos minutos para calmarme y luego seguimos hablando». Con eso deja dos cosas claras: que no está huyendo y que la conversación sigue pendiente.

Hay también una cara B. Si el silencio se usa para castigar al otro o para escapar del problema, deja de ser regulador y se convierte en un obstáculo para el diálogo. Es la famosa «ley del hielo», que se parece mucho por fuera y por dentro hace justo lo contrario.

  • Silencio útil: se avisa, tiene un propósito (calmarse) y lleva el compromiso de volver a hablar.
  • Silencio dañino: no se explica, sirve para castigar o evitar el tema y deja al otro sin saber a qué atenerse.

Lo que pasa en el cuerpo cuando te «inundas»

La explicación tiene una parte fisiológica. El Instituto Gottman describe un estado que llama flooding, que podríamos traducir como «inundación emocional». Cuando una discusión sube de tono, el cuerpo puede reaccionar como ante una amenaza y activar el modo de lucha o huida: se acelera el pulso y se liberan hormonas del estrés. Las personas que se quedan en blanco o se cierran en banda suelen estar en ese estado.

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Foto: Peterhcharlton · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Desde ahí es muy difícil seguir hablando con calma y respeto. No es mala voluntad: con el organismo en alerta cuesta más escuchar, matizar y pensar antes de hablar. Según las fuentes que divulgan el trabajo de Gottman, como este artículo de Psychology Today, en su laboratorio se tomaba como señal orientativa un pulso de más de unas 100 pulsaciones por minuto durante la discusión. Es un umbral aproximado que varía de una persona a otra (por ejemplo, según la forma física), así que no conviene tomarlo como una cifra exacta.

La letra pequeña de una buena pausa

Para que la pausa funcione hay que cumplir unas pocas condiciones. La primera es que sea lo bastante larga. Los materiales que divulgan el método Gottman suelen recomendar al menos unos 20 minutos, porque el cuerpo necesita tiempo para volver a su estado normal. Cinco minutos mirando el móvil con el ceño fruncido no suelen bastar.

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Foto: Pöllö · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

La segunda es que sea un descanso de verdad. Si te pasas ese rato repasando argumentos, preparando la réplica perfecta o repitiéndote lo injusto que es todo, sigues discutiendo, solo que a solas, y la activación no baja. Lo que ayuda es desconectar: caminar, respirar despacio o hacer algo que te distraiga.

La tercera es la más fácil de olvidar: volver. Una pausa que se anuncia y no se retoma acaba pareciéndose mucho al silencio de castigo. El compromiso de seguir hablando es lo que diferencia «necesito un momento» de «no pienso hablar de esto».

  • Anunciar la pausa y su motivo, sin reproches.
  • Darle tiempo suficiente; la referencia habitual es de unos 20 minutos o más.
  • Usarla para calmarse, no para ensayar la contraofensiva.
  • Retomar la conversación cuando los dos estéis más tranquilos.

Por qué importa

Casi todos discutimos con alguien a quien queremos: pareja, familia, amigos o compañeros de trabajo. Entender que el cuerpo puede «inundarse» y que, en ese estado, lo más sensato es parar ayuda a quitarle carga moral al silencio y a usarlo bien. Callar no es ganar ni perder la discusión. Bien usado, avisando y volviendo a hablar, es una herramienta sencilla para que una pelea no acabe peor de lo que empezó. Mal usado, es una forma más de cerrar la puerta.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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