EDICIÓN Nº 022 · Martes 6 oct 2026
Tecnología

El Nobel de Física 2026 premia el detector de neutrinos enterrado en la Antártida

Francis Halzen gana el Nobel de Física por IceCube, un kilómetro cúbico de hielo antártico que funciona como detector de neutrinos, las partículas fantasma que llegan desde el cosmos lejano.

Redacción2026-10-06Nobel de Física · neutrinos · IceCube · Antártida · astrofísica
IceCube Neutrino Observatory in 2023 01
Foto: Christopher Michel · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons · realzada con IA

El Premio Nobel de Física de 2026 ha ido a parar a Francis Halzen, físico nacido en Bélgica, catedrático de la Universidad de Wisconsin-Madison e investigador principal del observatorio IceCube. Según el comunicado oficial, la Academia Sueca le premia por sus «contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». Dicho de forma más corta: convirtió un trozo enorme del hielo del Polo Sur en un instrumento científico capaz de cazar partículas casi imposibles de ver.

La idea suena a ciencia ficción, pero es ingeniería muy concreta. Y es un buen ejemplo de cómo, a veces, el mejor detector no se fabrica: se encuentra en la naturaleza y se le cablea por dentro.

Qué son las partículas fantasma y por qué cuesta tanto verlas

Los neutrinos son partículas sin carga eléctrica y con una masa minúscula. Solo interaccionan mediante la fuerza nuclear débil, así que atraviesan planetas, estrellas y a nosotros mismos sin apenas dejar rastro. De ahí su apodo de partículas fantasma.

IceCube Neutrino Observatory in 2023 02
Foto: Christopher Michel · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Esa timidez es justo lo que las hace tan valiosas para la astronomía. Los fenómenos más violentos del universo, como los que ocurren alrededor de agujeros negros supermasivos, aceleran protones a energías enormes. El problema es que los protones tienen carga, y los campos magnéticos que encuentran por el camino los van desviando. Cuando llegan a la Tierra, su dirección ya no apunta a su origen: es como intentar adivinar de dónde viene una pelota que ha rebotado en mil paredes.

Los neutrinos que nacen en esos mismos procesos, en cambio, viajan en línea recta. Si consigues detectarlos y medir su dirección, puedes seguir la pista hasta la fuente, como si hubieran dejado un rastro de miguitas de pan. La pega es evidente: si casi nunca interaccionan con la materia, ¿cómo los atrapas?

Cómo funciona por dentro un detector de hielo

La respuesta de Halzen fue jugar a los grandes números. Si un neutrino interacciona muy rara vez, hace falta muchísima materia transparente para que, de vez en cuando, alguno choque contra un átomo. El hielo antártico profundo cumple dos requisitos clave: es extraordinariamente limpio y transparente, y hay cantidades inmensas.

Neutriino detektor
Foto: Taavi Adamberg · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

IceCube, completado en 2010, ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo bajo la estación del Polo Sur. Su funcionamiento se resume en pocos pasos:

  • Perforación con agua caliente: se abrieron decenas de pozos de unos dos kilómetros y medio de profundidad.
  • Sensores en cadena: en cada pozo se bajó un cable con módulos ópticos esféricos, miles en total, que quedaron congelados para siempre a entre unos 1.450 y 2.450 metros de profundidad.
  • El destello delator: cuando un neutrino choca por casualidad con un núcleo del hielo, genera partículas cargadas que viajan más rápido que la luz en ese medio y emiten un tenue resplandor azulado, la llamada radiación de Cherenkov.
  • Reconstrucción: los sensores registran cuándo y con qué intensidad les llega esa luz. Con esos tiempos, los ordenadores reconstruyen la energía de la partícula y la dirección de la que venía.

Hay un truco adicional muy elegante: el detector puede usar la propia Tierra como filtro. Las partículas que llegan desde abajo, tras cruzar el planeta entero, solo pueden ser neutrinos, porque cualquier otra cosa se habría quedado por el camino.

Lo que ha descubierto IceCube

El gran resultado llegó en 2013, cuando la colaboración anunció la detección de neutrinos de muy alta energía que no podían proceder de la atmósfera terrestre: venían de fuera del sistema solar. Era la primera prueba sólida de un flujo de neutrinos cósmicos de alta energía, y abrió lo que hoy se conoce como astronomía de neutrinos.

ICECUBE dom taklampa
Foto: Amble · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

En los años siguientes, IceCube ha ido señalando posibles fuentes. En 2017, un neutrino energético coincidió con la dirección de un blázar, una galaxia activa cuyo chorro apunta hacia nosotros, observado también con telescopios convencionales. Más tarde, el observatorio encontró indicios de emisión de neutrinos procedente de la galaxia activa NGC 1068 y del plano de nuestra propia Vía Láctea.

La letra pequeña

Conviene no exagerar. IceCube detecta relativamente pocos neutrinos astrofísicos, y la mayoría de las señales que registra proceden de la atmósfera terrestre, de modo que separar el grano de la paja exige estadística fina. La resolución con la que señala direcciones en el cielo tampoco es la de un telescopio óptico, y muchas asociaciones con fuentes concretas siguen siendo indicios más que certezas. Además, es un proyecto de una gran colaboración internacional: el Nobel reconoce el papel decisivo de Halzen, pero el detector es obra de cientos de personas. El premio, dotado con 11 millones de coronas suecas, se entregará en Estocolmo el 10 de diciembre.

Por qué importa

Durante siglos hemos mirado el universo casi solo a través de la luz. IceCube demuestra que existe otra ventana, la de los neutrinos, que permite asomarse a lugares donde la luz no escapa o llega distorsionada. Y lo hace con una lección tecnológica valiosa: con sensores bien colocados, buenos algoritmos de reconstrucción y paciencia, un bloque de hielo puede convertirse en uno de los instrumentos más ambiciosos de la ciencia moderna. Este Nobel premia, en el fondo, la audacia de imaginar un detector a escala de paisaje.

FuentesResumen propio de la redacción a partir de las fuentes citadas; no es una traducción.

Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

Comentarios