Si la humanidad fuera una cola de 800 vidas, tú estarías casi al final
En 1970 Alvin Toffler dividió 50.000 años de historia humana en 800 vidas de 62 años. Las cuentas salen así: casi todo lo que usas a diario cabe en la última.

Imagina una fila de 800 personas. Cada una vive unos 62 años y, al morir, le pasa el testigo a la siguiente. Juntas cubren los últimos 50.000 años de la humanidad. Tú no eres la primera ni la del medio. Estás al final de la fila, con el móvil en la mano, y las 799 de delante te miran como si vinieras de otro planeta.
La idea no es nuestra. La publicó el escritor y futurólogo estadounidense Alvin Toffler en Future Shock (El shock del futuro), un libro de 1970. La ha recuperado hace poco Futility Closet, una web especializada en rarezas. El planteamiento cabe en una servilleta y no pierde fuerza por mucho que lo leas: si troceas la historia humana en vidas, el progreso que nos parece normal se apelotona de forma absurda en los últimos puestos de la fila.
La fila, puesto a puesto
Toffler hacía el reparto así: 50.000 años divididos en vidas de unos 62 años dan unas 800 vidas. Y sobre esa fila iba colocando hitos:

- Al menos 650 de esas 800 vidas transcurrieron en cavernas, según el autor. Es decir, más de tres cuartas partes de la fila.
- Solo en las últimas 70 ha sido posible comunicarse de una vida a otra de forma eficaz, gracias a la escritura. Las 730 anteriores dependían de que el abuelo contase bien las cosas y el nieto prestase atención.
- Solo en las últimas seis la gente corriente vio una palabra impresa, de forma masiva.
- Solo en las últimas cuatro se ha podido medir el tiempo con precisión.
- Solo en las últimas dos alguien, en cualquier parte del mundo, ha usado un motor eléctrico.
Y el remate de Toffler: la inmensa mayoría de los objetos que usamos a diario se desarrollaron en la vida actual, la número 800. En sus palabras, «the present, the 800th, lifetime».
Un aviso para no hacer trampas: lo de las cavernas es una forma de hablar. No todos nuestros antepasados vivieron en cuevas, y muchos tuvieron chozas, campamentos y refugios de todo tipo. Las cifras de Toffler son una herramienta para dar perspectiva, no un censo arqueológico. Funcionan porque el orden de magnitud es correcto: durante casi toda nuestra existencia como especie no ha habido escritura, ni imprenta, ni relojes fiables, ni enchufes.
Ponerse en el lugar del de la vida 731
Juguemos un poco con la fila. La persona de la vida 730 es la última que no puede dejar nada escrito a sus descendientes. Lo que no recuerde o no cuente se pierde para siempre. La 731 ya puede apuntar cosas, aunque lo más probable es que no sepa leer ni escribir y tenga que fiarse de quien sí sabe.

La persona de la vida 794 vive en un mundo con libros, pero para ella un libro es casi un objeto de lujo. Unos puestos más adelante, la de la 797 ya puede saber qué hora es sin mirar al sol. La de la 799 se encuentra con que unas máquinas que se mueven con electricidad empiezan a formar parte de su vida.
Y entonces llega la 800 y lo cambia todo en un solo turno. Si las 799 de delante pudieran ver lo que pasa en esa vida, probablemente pedirían hoja de reclamaciones.
El detalle que Toffler no podía contar
Aquí viene la parte divertida para quien lee esto en 2026. Toffler escribía en 1970 y llamaba «vida 800» a la suya. Desde entonces han pasado 56 años, casi una vida entera de las que él usaba como medida. Siendo estrictos, estamos rozando la vida 801.

Piensa en lo que ha entrado en esos 56 años: ordenadores personales, internet, teléfonos que caben en el bolsillo, navegación por satélite al alcance de cualquiera... El hombre que avisó de que el cambio se estaba acelerando no pudo ver cómo su propia tabla se quedaba corta. Lo cual, bien pensado, es la mejor prueba de que tenía razón.
La próxima vez que te desesperes porque el wifi tarda tres segundos en cargar un vídeo, acuérdate de las 650 vidas que pasaron el rato mirando el techo de una cueva. Lo más probable es que ninguna se quejara del wifi.
Por qué importa
El truco de Toffler convierte una cifra imposible de imaginar (50.000 años) en algo a escala humana: una fila de personas como tú. Y deja claro que casi toda la tecnología que damos por sentada es una novedad recentísima en la historia de nuestra especie. Por eso a veces nos cuesta adaptarnos al ritmo de los cambios, que es justo lo que Toffler bautizó como «shock del futuro». Entenderlo no hace que el cambio vaya más despacio, pero ayuda a mirarlo con algo más de calma y, de paso, con bastante más gratitud hacia los 799 de delante.
- Lineage — Futility Closet
Texto generado con inteligencia artificial a partir de las fuentes citadas, sin revisión humana individual (Reglamento UE 2024/1689, art. 50). Las fotos llevan su crédito y licencia; las marcadas como realzadas se han retocado con IA sin alterar su contenido.

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