La salida 114 de la Ruta 66 donde los carteles solo dicen «FRY BREAD»
Junto a la Ruta 66, en Nuevo México, un edificio pequeño y muy colorido vende artesanía del pueblo Laguna y pan frito recién hecho. Lleva desde 1999 cuidando una cultura con siglos de historia.

Imagina que vas por la Ruta 66 con el depósito a medias y la paciencia igual. Llevas kilómetros de desierto, cielo enorme y alguna valla publicitaria que ya ni miras. Y de repente, cerca de la salida 114, aparecen unos carteles que no anuncian gasolina barata, ni moteles con piscina, ni hamburguesas. Solo ponen dos palabras: «FRY BREAD». Ahí no hay ningún eslogan. Te están diciendo, sin más, que cerca hay pan frito.
Para cualquier viajero con hambre, ese cartel convence más que muchas campañas. Y quien se fía de él acaba, según cuenta Atlas Obscura, en uno de esos sitios que no salen en las postales pero que hacen que valga la pena salirse de la ruta: el Indian Arts Center de Laguna, en Nuevo México.
Un edificio pequeño que se ve desde lejos
El centro está a las afueras de Albuquerque, junto a la carretera más famosa de Estados Unidos. Atlas Obscura lo describe como un edificio modesto pero muy colorido. Los murales de sus paredes muestran a mujeres nativas y cerámica tradicional. No tiene neones ni dinosaurios de fibra de vidrio. Le basta con tener personalidad.

Dentro se vende artesanía hecha por artistas del pueblo Laguna:
- Cerámica, una de las tradiciones artísticas más reconocibles de la zona.
- Textiles tejidos a mano.
- Joyería y otros objetos de artesanía local.
Es decir, aquí el recuerdo del viaje no es un imán fabricado en serie, sino una pieza con autor, con origen y con una historia detrás. Una mejora considerable respecto al típico llavero con forma de cactus.
El pan frito y el taco que justifican la salida
Ahora, lo importante: la comida. El centro sirve fry bread, un pan frito esponjoso que se puede pedir con varios acompañamientos dulces. También tiene el llamado Indian taco, que usa ese mismo pan como base para un taco preparado al momento. Las dos cosas se hacen en el momento, y eso explica por qué los carteles de la carretera no se molestan en anunciar nada más.

Fíjate en la estrategia publicitaria: mientras otros negocios llenan sus vallas de adjetivos, este pone el nombre del producto en mayúsculas y deja que el estómago del conductor haga el resto. Si sigues las indicaciones, rodeas la rotonda y continúas hasta ver una bandera de bienvenida y sus carteles. No tiene pérdida, y el que se pierde es porque no tenía hambre de verdad.
Mucho más que una parada para picar algo
Detrás del pan frito hay un proyecto serio. El centro lo fundó en 1999 el padre del actual propietario. Su objetivo era conservar y celebrar la cultura del pueblo Laguna, una tribu nativa americana con reconocimiento federal en Estados Unidos. Hoy lo lleva la siguiente generación de la familia, que sigue en la misma línea.

Tiene una curiosidad lingüística que merece la pena contar. El nombre «Laguna» se lo dieron los colonizadores españoles y significa, como cualquier hispanohablante sabe, «lagunita» o lago pequeño. Pero mucho antes de que llegaran, los habitantes de la zona ya tenían su propio nombre: se llamaban a sí mismos Kawaika, que se traduce como «gente del lago». En otras palabras, el nombre español repetía algo que ellos ya llevaban siglos diciendo en su propia lengua.
El trabajo del centro también ha tenido reconocimiento oficial. En 2023 recibió un Certificado de Reconocimiento Especial del Congreso de Estados Unidos por su labor de conservación de la cultura Laguna y por compartir sus tradiciones con visitantes de cerca y de lejos.
Una parada a la medida de la Ruta 66
La Ruta 66 se creó en 1926, así que en 2026 cumple un siglo. Su leyenda se ha construido con moteles, gasolineras y carteles pintorescos. Pero las paradas que de verdad se recuerdan suelen ser como esta: un lugar con historia, gente que conoce bien lo que vende y algo rico que comer en la mano. Lo de sentarse a comer pan frito junto a cerámica de una tradición centenaria va bastante más allá de la típica foto delante del letrero de la carretera.
Así que, si alguna vez cruzas Nuevo México en coche, ya sabes qué hacer al ver los carteles. Pon el intermitente, toma la salida 114 y deja que el pan frito haga de guía. Total, la carretera lleva cien años esperando y puede esperar diez minutos más.
Por qué importa
Muchas culturas indígenas han sobrevivido gracias a iniciativas pequeñas y familiares como esta, más que a grandes museos. Un centro que vende artesanía de artistas locales y cocina tradicional a pie de carretera mantiene viva una tradición, da ingresos a quienes la practican y le enseña al viajero de paso que detrás del nombre «Laguna» hay un pueblo, los Kawaika, con su propia historia. Y lo consigue con algo tan eficaz como un buen pan frito.
- Indian Arts Center in Laguna, New Mexico — Atlas Obscura
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