La presa de Alaska donde tiraron un muñeco por el borde para matar al malo
El muro del lago Connell, en Ketchikan, parece un decorado siniestro. Y lo fue: en 1954 un noir rodó allí su tiroteo final. Hoy su historia real es aún más rara.

Hay presas que salen en los folletos: lago turquesa, mirador con barandilla, familia sonriendo. Y luego está la presa del lago Connell, a las afueras de Ketchikan, en el sureste de Alaska. Un muro de hormigón oscuro, agrietado, castigado por la lluvia, con esa pinta de decorado de película donde nunca pasa nada bueno. El detalle es que sí fue un decorado de película. Y que lo que pasó allí, tanto en la ficción como en la realidad, da para un buen rato de conversación.
El lugar lo documenta Atlas Obscura en su ficha de Connell Lake Dam, y es uno de esos sitios donde se juntan tres cosas que normalmente no van juntas: cine negro, ingeniería de madera y una discusión medioambiental que sigue abierta décadas después.
Un muñeco volando por el borde, 1954
En 1954, el equipo de Cry Vengeance, una película de cine negro, eligió este muro como escenario del clímax. Tiroteo en lo alto de la presa, con el vacío justo al lado. Y cuando llegó el momento de despachar al villano, hicieron lo que se hacía entonces, sin efectos digitales ni especialistas colgados de arneses: lanzaron un muñeco por el borde y grabaron la caída.

Funciona sorprendentemente bien, la verdad. Y la película, que hoy puede verse gratis en internet, tiene el mérito añadido de conservar el escenario casi intacto. Puedes ver el plano de 1954 y después plantarte en el mismo sitio: la presa sigue ahí, con las mismas grietas cogiendo carácter y el mismo aire de sitio donde alguien va a hacer algo poco recomendable.
Es un tipo de conservación involuntaria que tiene su gracia. Nadie protegió ese muro por ser patrimonio cinematográfico. Simplemente es una presa en Alaska y a las presas en Alaska no las derriba nadie por capricho. El resultado es un plató de hace setenta años que sigue de pie porque nunca fue un plató.
Una tubería de madera y un bosque en apuros
Antes de ser escenario, la presa tenía un trabajo muy serio. Suministraba millones de galones de agua dulce a través de una conducción de duelas de madera, es decir, una tubería hecha de tablones curvados y sujetos con aros metálicos, como un barril infinito estirado por el bosque. Partes de esa tubería siguen visibles cerca de la presa, pudriéndose despacio entre los helechos.

Aquella agua alimentaba la actividad industrial de la zona, ligada a la fábrica de pasta de papel. Y ahí es donde la postal se complica un poco:
- La presa bloquea el paso de los peces en Ward Creek y deja incomunicadas millas de hábitat fluvial. Agencias federales como NOAA Fisheries la han señalado repetidamente por ello.
- El conjunto forma parte del pasado industrial del Bosque Nacional de Tongass, un territorio enorme y muy discutido.
- En marzo de 1988, un reportaje de Sports Illustrated titulado "The Forest Service Follies" puso el foco en las fuertes subvenciones y la presión ecológica de la industria maderera del sureste de Alaska.
O sea: un muro que para el cine era atrezo y para los peces es un tapón. Muy pocas estructuras consiguen tener a la vez una escena de acción de 1954 y un expediente abierto con las autoridades pesqueras.
Ir a verla es, además, fácil
Lo mejor del asunto es que no hablamos de una ruina inaccesible. Del aparcamiento cercano a la presa salen varios senderos: se puede seguir el trazado de la vieja tubería hacia el emplazamiento de la fábrica, dar la vuelta al lago o bajar por Ward Creek. Es decir, se puede recorrer la historia completa en orden cronológico, andando, sin que nadie te explique nada.

Primero el muro. Luego los restos de madera podrida que un día llevaron el agua. Después el sitio donde estaba la industria que justificaba todo el invento. Y por el camino, el arroyo que lleva décadas intentando que lo dejen en paz. Es un museo al aire libre que nadie diseñó y donde ninguna cartela intenta quedar bien.
Por qué importa
La presa del lago Connell es un recordatorio muy físico de que las infraestructuras duran mucho más que las razones por las que se construyeron. La fábrica cambió, la tubería de madera se deshace sola, la película se puede ver gratis en internet y el muro sigue exactamente donde lo dejaron, haciendo un trabajo que ya casi nadie necesita y que a los peces de Ward Creek les cuesta caro. Por eso los organismos que gestionan ríos revisan hoy presas viejas como esta: no por nostalgia, sino porque cada muro heredado es una decisión que alguien tomó hace décadas y que sigue vigente por inercia. Que además saliera en un noir de 1954 no la hace más importante, pero sí la convierte en el sitio perfecto para entender de un vistazo cómo se acumulan las capas de un paisaje.
- Connell Lake Dam in Ketchikan, Alaska — Atlas Obscura
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