El poema de Kipling que demuestra que tú también eres «los raros» para alguien
Hace un siglo, Rudyard Kipling escribió una rima burlona sobre el «nosotros» y el «ellos». La psicología ha confirmado después que basta muy poco para que nos ocurra.

Hay una manera muy sencilla de saber si eres una persona normal: mira a tu alrededor. Si los de tu barrio comen como tú, hablan como tú y les parece raro lo mismo que a ti, enhorabuena: eres normal. El problema es que, en el barrio de enfrente, alguien está haciendo exactamente la misma comprobación. Y el raro eres tú.
Esta idea, que parece un chiste de sobremesa, la dejó en verso Rudyard Kipling, el autor de El libro de la selva. Su poema se titula «We and They» («Nosotros y Ellos») y apareció en 1926 en el libro de relatos Debits and Credits. Esta semana lo ha rescatado Futility Closet, ese pequeño museo online de rarezas. Aunque tiene cien años, se lee como si lo hubieran escrito ayer en un grupo de WhatsApp familiar.
Papá, mamá, yo… y el resto del mundo
El poema arranca con una familia que hace recuento: padre, madre, yo, la hermana y la tía. Y llega a una conclusión que te suena aunque no hayas leído nunca a Kipling:

«All the people like us are We, / And every one else is They» (Rudyard Kipling, 1926)
Es decir: toda la gente como nosotros es «Nosotros» y todos los demás son «Ellos». Hasta ahí, nada que no haya dicho tu cuñado. La gracia está en el giro. Kipling repasa costumbres de mesa: unos comen con cuchillos de mango de asta, otros comen arroz sobre una hoja, otros prefieren larvas. Y cada grupo se escandaliza con los otros. El remate es que esos «Ellos» nos miran a «Nosotros» como si fuéramos simplemente otros «Ellos». Qué desfachatez, ¿verdad?
El tono es de broma, pero la idea va en serio: lo de «los normales somos nosotros» lo piensa todo el mundo al mismo tiempo. Con un coste aritmético bastante evidente: no puede ser verdad para todos a la vez.
La ciencia le dio la razón (con cuadros abstractos)
Lo divertido es que, unas décadas después, la psicología social se puso a medir esto en el laboratorio y descubrió que hace falta ridículamente poco para crear un «nosotros». A principios de los años setenta, el psicólogo Henri Tajfel y su equipo de la Universidad de Bristol hicieron una serie de experimentos que hoy se conocen como el paradigma del grupo mínimo.

La receta era casi absurda. En uno de los estudios más citados, a un grupo de chavales les enseñaban cuadros y les preguntaban si preferían los de Paul Klee o los de Wassily Kandinsky. A partir de ahí los repartían en «los de Klee» y «los de Kandinsky». No se conocían entre sí, no iban a verse las caras y no se jugaban nada. Aun así, cuando tenían que repartir recompensas, tendían a favorecer a los de su propio grupo.
Dicho de otra forma: no hace falta compartir historia, idioma ni receta de tortilla para sentirse parte de un bando. Con un gusto pictórico decidido en cinco minutos ya sale un pequeño «Nosotros» con su «Ellos» correspondiente. Kipling lo había resumido en dos versos y sin pedir financiación.
- La palabra técnica para ver el mundo con tu grupo como vara de medir es «etnocentrismo». La popularizó el sociólogo estadounidense William Graham Sumner a principios del siglo XX.
- El fenómeno de laboratorio se llama sesgo endogrupal: preferir por defecto a «los tuyos», aunque «los tuyos» sean desconocidos que eligieron el mismo cuadro.
- Lo que no dice el experimento es que estemos condenados a ello. Lo que dice es que el atajo mental viene de serie y conviene saber que existe.
El test del percebe
Si quieres comprobar el poema en casa, no hace falta irse muy lejos. Piensa en lo que aquí nos parece de lo más normal: chupar cabezas de gamba, sacar caracoles de su concha con un palillo o pagar un dineral por algo con pinta de pezuña de dinosaurio que se llama percebe. Para nosotros es un festín. Para medio planeta, es material para un documental de supervivencia.

Y no pasa nada. Ese es justo el chiste de Kipling: el plato de los otros te parece rarísimo hasta que te das cuenta de que ellos están poniendo la misma cara ante el tuyo. La tortilla con o sin cebolla daría para otro poema entero, pero mejor no abrir ese melón.
El poema termina con una invitación bastante sensata para venir de 1926: si cruzas el mar en lugar de quedarte en tu acera, puede que acabes mirando a tu propio «Nosotros» como si fuera solo otra clase de «Ellos». No es una forma de perder tu identidad. Es una forma de ganar perspectiva y, de paso, de probar cosas nuevas en el menú.
Por qué importa
Porque la próxima vez que algo de otra gente te parezca «lo más raro que has visto», tendrás dos datos a mano: un poeta lo vio venir hace cien años y la psicología ha demostrado que nuestro cerebro reparte etiquetas de «los míos» y «los otros» por motivos tan serios como preferir a Klee o a Kandinsky. Saberlo no te quita las ganas de reírte de las costumbres ajenas, pero sí te recuerda que, en algún lugar, alguien se está riendo de tus caracoles. Y tiene todo el derecho.
- “We and They” — Futility Closet
- Minimal group paradigm — Wikipedia
- Etnocentrismo — Wikipedia
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