Más de 8 horas de actividad a la semana frenan el avance del párkinson
Un estudio de siete años con 294 personas con párkinson asocia la actividad física con un deterioro más lento de la memoria, del razonamiento y del movimiento.

Que el ejercicio sienta bien a las personas con párkinson no es ninguna novedad. Hasta ahora, sin embargo, casi toda la atención se había puesto en el movimiento: el equilibrio, la marcha o la rigidez. Un estudio publicado en Neurology, la revista de la Academia Estadounidense de Neurología, apunta a algo más. Según sus datos, la gente más activa empeoró más despacio en los síntomas motores y también en la memoria y el razonamiento. Los investigadores lo llaman un posible «doble beneficio».
Este artículo es un resumen propio del estudio, elaborado a partir de la nota divulgativa publicada en ScienceDaily. No es una traducción del trabajo original.
Siete años de seguimiento a casi 300 pacientes
El equipo, dirigido por el neurólogo Dong-Woo Ryu, de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos), siguió durante siete años a 294 adultos con párkinson leve o moderado. La edad media era de 66 años. Es un estudio prospectivo observacional: los investigadores no dijeron a nadie cuánto debía moverse. Se limitaron a registrar lo que hacía cada participante y a ver cómo evolucionaba.

Para medir la actividad física, los participantes rellenaron cuestionarios en los que calculaban sus horas semanales de actividad. Contaban tanto el deporte o el tiempo libre como el trabajo y las tareas de casa. Con esas respuestas, el equipo formó tres grupos:
- Menos activos: hasta 4 horas a la semana.
- Moderadamente activos: entre 4 y 8 horas a la semana.
- Más activos: más de 8 horas a la semana.
A lo largo del seguimiento se evaluaron dos cosas. La primera, la capacidad cognitiva, con un test de memoria y razonamiento de 30 puntos en el que una puntuación más baja indica más deterioro. La segunda, los síntomas motores, con una escala de 0 a 132 en la que una cifra más alta significa síntomas más graves.
Qué encontraron: memoria y movimiento, de la mano
Las diferencias entre grupos son llamativas. En la prueba cognitiva, quienes se movían menos perdieron de media unos 0,48 puntos al año. El grupo intermedio perdió unos 0,09 puntos anuales. El grupo más activo apenas se movió: 0,007 puntos al año, una cifra que en la práctica equivale a no haber empeorado de media durante el periodo estudiado.

En los síntomas motores la tendencia fue la misma. En el grupo menos activo, la puntuación de la escala subió de media unos 0,14 puntos al año, es decir, los síntomas empeoraron. En los otros dos grupos la cifra media bajó: unos 0,23 puntos anuales en el grupo intermedio y unos 0,78 en el más activo. En resumen, a más actividad semanal, mejor evolución en ambos frentes.
«La actividad física puede tener beneficios dobles, asociados con un declive más lento del movimiento y de la cognición», según los autores del estudio.
Lo interesante es que el efecto aparece de forma escalonada. No hace falta llegar al grupo más activo para notar diferencias: pasar de menos de 4 horas a entre 4 y 8 ya se asocia a una pérdida cognitiva mucho menor. Y en esas horas cuentan actividades cotidianas, no solo el gimnasio.
Las letras pequeñas: asociación no es causa
Antes de dar el estudio por definitivo conviene tener en cuenta varias limitaciones que los propios autores reconocen:

- Muestra una asociación, no una relación causa-efecto. Puede ser que el ejercicio frene la enfermedad. Pero también puede que las personas con un párkinson que avanza más despacio sean, precisamente, las que pueden moverse más. Un estudio observacional no permite distinguir entre las dos explicaciones.
- La actividad la declararon los propios participantes. No se midió con pulseras ni con acelerómetros, sino con cuestionarios, y es fácil equivocarse al calcular cuántas horas nos movemos.
- Los participantes partían de una buena capacidad cognitiva. Por eso no está claro que los resultados valgan igual para personas con un deterioro más avanzado al empezar.
A esto se suma que 294 personas es una muestra respetable para un seguimiento tan largo, pero no enorme. Para confirmar que el ejercicio es la causa harán falta ensayos clínicos en los que se asigne a los pacientes, al azar, a distintos niveles de actividad.
El trabajo se financió con fondos de la Gardner Family Foundation y del Precision Medicine in Neurodegenerative Diseases Fund.
Referencia: Dong-Woo Ryu et al., Neurology, publicado el 7 de octubre de 2026. DOI: 10.1212/WNL.0000000000218682. Licencia no especificada en el material consultado. Fuente divulgativa: ScienceDaily.
Por qué importa
El párkinson es una de las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes. Sus problemas cognitivos suelen preocupar tanto a pacientes y familias como los temblores o la rigidez, y hoy ningún tratamiento detiene el avance de la enfermedad. Este estudio no prueba que moverse frene el párkinson, pero refuerza una idea con mucho sentido práctico: la actividad física, incluida la del día a día, es una herramienta barata y accesible que podría ayudar a la vez al cuerpo y a la mente. Cualquier cambio en la rutina debe hablarse antes con el equipo médico. Aun así, la pregunta para los próximos ensayos ya está clara: ¿cuánto movimiento hace falta y de qué tipo?
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